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Per Ángel Padilla
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La lucha animalista en España: presente y porvenir XXVI

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    La lucha animalista en España: presente y porvenir XXVI- (foto 1)

    En esta reflexión que he/mos hecho en entregas de publicación semanal en El Periodic, sobre la lucha animalista, su presente y porvenir, de las que en total, con la presente, suman 26 publicaciones, he tratado el asunto del presente animalista, fondo, forma y expansión, así como todos aquellos factores que lo hacen fuerte, y sobre que los que lo debilitan y paralizan.

    También se ha hablado sin cesar de cuál puede ser el porvenir de la lucha, por extrapolación de lo que somos, de lo que hay, además de por planteamientos visionarios que ya he hecho aquí y allá.

    Toca ahora expresar en voz alta algunas preguntas que sirvan a modo de resumen de todo lo expuesto, rectas y diáfanas, y que aborden en su conjunto el porvenir, así, de tajo. A tenor de poder equivocarnos de pleno. Pero esto es una mera tesis, un mero pensamiento de alguien que lleva toda una vida en una lucha, que la ha mirado y la lucha lo ha mirado, y que quienes he sentido a mi lado han visto lo mismo, aunque con distintas conclusiones pero han visto lo mismo.

    ¿En qué se ha avanzado en más de 50 años de lucha animalista 'firme' primero bienestarista y después integral, vegana y antiespecista?

    Estimo que lo más sobresaliente, visible, es la conversión vegana. El veganismo ha calado en la cultura, y de verse como un hábito de desarraigados, iluminados y tarados mentales, es ahora una opción para la sociedad respetable, y temida: las explotaciones de animales lo temen, y por eso contraatacan su expansión como positivo en la población con propaganda respecto a que existe una explotación animal amable, donde el animal no sólo no sufre sino que es feliz y se avalanza hacia ello, por natural disposición, aquello de que la vaca ¿dónde está mejor, sino entre la "familia Pascual"? Es soez y muy tétrico, burlón e insoportable lo que hace esta gente por seguir con sus negocios de muerte y enfermedad humana. Mas consiguen, aunque sea a medias (siempre hay un sector amplio de la población que creen con la parte infantil de la mente "lo que dice la tele"). No obstante, el veganismo levanta su ola de patas de caballos libres por toda la ciudad. Con olor a rosas azules, a estrellas, a futuro.

    Es una gran noticia.

    Mas, ¿es suficiente? Porque:

    ¿Cómo puede ser que algo tan lúgubre y palmariamente infernal y estúpido como la vivisección, ese atentado contra la inteligencia más básica, siga siendo creída como útil hasta por la mayoría de entidades animalistas y defensores de los animales?

    Aquí, la propaganda es más nuclear, más profunda. La vivisección, como apunta el máximo experto en este asunto, Javier Burgos, se asienta en la moral popular como útil y como necesaria e ineludible, porque tiene muchos tam-tam de propaganda para ella, que viene no sólo desde la tele, la cultura en toda su raigambre y desde todos los mantones cubreSol de las religiones, de la tan creída como seria ciencia (que se considera el punto más alto de evolución humana). Pero, tal cual dice Javier Burgos, ¿cómo atender a algo como científico, como serio, que se representa básicamente en forma de un ser humano torturando a un animal para extraer "conclusiones"? Es aberrante, es tonto, es ofensivo a la más mínima reflexión crítica. Luego la histología, un cuadrúpedo (un beagle), con la epidermis cubierta de pelo (nosotros no lo tenemos), con la cara estirada hacia adelante (hocico) tan distinta a la nuestra, los ojos separados en la cara mucho más que de lo que lo están los nuestros, internamente las demás especies son ¡tan distintas! ¿Una rata? ¿Qué tiene que ver una rata con un cuerpo humano? ¡Comparemos sólo una pierna de una rata y una pierna nuestra! ¡Javier Burgos se enfurece cuando piensa en cosas tan básicas de sentido común! Y dice: ¡Y a estos animales se les enferma con cánceres (humanos), y otras enfermedades absoluta e intrínsecamente humanas (a ellos no les afectan, en forma natural no les sobrevendrían) como el parkinson, alzheimer, diabetes... En fin... y los torturan de las mil formas. Como sentencia Javier Burgos: "no existe la exageración en la vivisección". Cualquier pesadilla que imaginemos, por infernal que sea, de alguien haciendo algo horroroso con un animal en un laboratorio ¡ya se ha hecho y peor!

    ¿Cómo, con algo tan rotundamente lesivo y atroz con nuestros defendidos, que no se sostiene con la más mínima batería de preguntas sencillas como algo más que una forma de ganar dinero la mafia farmacéutica, ha permanecido hasta hoy, intocada?

    Los medicamentos que se venden en farmacias, que recetan los médicos, son los resultantes de una llamada "ciencia" que garantiza que lo es porque "marcha", no se detiene en su pensamiento -dicen-, porque "experimenta sin cesar". Y todos tranquilos. Experimenta, luego avanza. Experimenta la psicosis, la depresión humana, con ratas. ¿Solamente unos pocos somos capaces de ver con tal horrenda claridad como lo es esta bárbara imposición expresada mediante pensamiento mágico, de acto de fe, en sus funciones y fines, y sólo unos pocos nos rebelamos contra algo tan estúpido, humillante y, por supuesto y de inicio, intensamente cruel y sádico?

    Si atendemos a esto, a que la vivisección no ha sufrido aún, y de lejos aún no se ve llegar, una revolución profunda y aplastadora de masas atronando con altas banderas ilustradas (ilustradas de pensamiento respetuoso completo al fin) por el derecho al retorno a la verdad y al sentido común, ¿qué podemos esperar con lo demás?

    Si la vivisección sigue en todo el mundo, y no hay masas de personas haciendo sentadas alrededor de esos lugares de burla social a la inteligencia, de masacre animal, de (poniéndonos gerentes) gasto social de proporciones incalculables (esto va por los que miran el dinero en todo, yo, no, porque no creo en los gobiernos, no voto y sé que siempre van a robar, sean quienes sean los que gobiernen, ya lo doy por sentado; abogo por la disolución del concepto gobierno), si esa masa bárbara de mierda que por su tamaño aunaría todas las montañas de esta tierra y acapararía las de al menos mil planetas del entorno, no ha sufrido una oposición fuerte e integral aún, ¿qué diablos podemos esperar del pensamiento humano?

    Y entendemos, yo así lo hago, que el pensamiento humano más elevado es aquel que atiende a las demás criaturas de esta tierra en todos sus derechos, no puede ser de otra forma. Una inteligencia que se baja del absurdo y vil antropocentrismo, que quema como hierba seca al otro lado de la montaña en la noche el especismo para siempre. Pero ¿cuántos están dispuestos a esos fuegos? ¿Cuántos tienen claro por dónde empieza la raíz de todos los males?

    ¿Sube de aquí? ¿De dos metros más allá?

    ¡Abre su flor en todas las casas! ¡La humanidad en toda su biología es toda esa raíz!

    Crisis climática, los desastres naturales en masa ya están aquí, y se sigue -por seguir siendo la tele la voz de su amo- debatiendo de si tal desastre será producto del calentamiento global o porque ya tocaba en ese lugar que pasara algo así. De verdad, cuánta bajeza mental, cuánto impostor, sobre todo cuánto inútil y cuánto mequetrefe, porque aunque ahora se forren haciendo de negacionistas de la crisis climática global, los huevos se les van a quemar igual, tarde o temprano, del bunker saldrán a fumar un cigarro en algún momento, y se les quemarán las cejas y lo que les quede de cerebro. No hay bunker, por otro lado, lo suficientemente poderoso para plantar cara a las olas de fuego que llegan desde el horizonte dando saltos como caballos gordos ciegos amarillos desde el infierno tu-tum tu-tum, hambrientos de venganza, el ser humano y nuestros corazones, sus valles donde pastar ufanos, pisarán las terrazas. Los llamamos nosotros, con el cuerno de los festejos, esta felicidad ficticia, este carpe diem de idiotas, ha levantado el ruido suficiente, un ruido que ha molestado a los planetas durante eras y que ahora se viene la respuesta a ese ruido, ha despertado a las bestias a quienes invocó. Manuela asciende con su pelo azul bien peinado enrollado en un moño desde el fondo de la tierra.

    Y me digo: nuevas formas de protesta, más sorpresivas que la ya naturalizada y poco temida manifestación. ¿Cuáles? Sólo están a la altura las acciones directas, las de boicot y las de destrucción del material lesivo para los animales.

    Y sólo están a la altura del llamado las marchas que hagan justicia real a los animales, por fin, la única justicia: restituir su libertad, con la pena de que esa libertad incluso ya no será la que merecen, porque es como haber tenido a un niño en un sótano, metido allí en el fabuloso verano, y darle suelta en el invierno con nieve y sin alimentos. Eres libre. Adelante, corre, ya no estás en el sótano.

    Pero ¿habrá algo más? No lo hay. ¿Hay algo peor que habitar un suelo de metro y medio por metro rodeado de fríos barrotes desde el nacer?

    La libertad, sea en la forma en que se viva y donde se viva, siempre va a ser mejor que la esclavitud, que la muerte del cuerpo detenido rehén en cualquier lugar, cuadra, jaula, estabulación, establo, piscina para animales marinos condenados a exhibición, monos chillando de miedo saltando de un lado a otro de los jaulones en los laboratorios sádicos de una cultura tramposa y maldita, al escuchar los gritos de los otros animales, un miedo atroz lo recorre todo.

    Miedo. Al menos que él y la que sienten miedo dejen de sentirlo, al menos una oportunidad, ellos sabrán, si tiran para la nieve o suben la montaña, si se dirigen hacia el mar revuelto y lleno de plásticos o se detienen a cagar bajo un cedro, pero al menos en esa imagen tristísima vemos a un animal ya no reo. Y eso ya es suficiente.

    Vosotros habéis obligado a esto. En "La Bella Revolución" expreso que lo que ocurra con y a un animal liberado es culpa de quien lo encerró, culpa del carcelero, no de los que abran puertas.

    Sólo eso: centrarnos en liberar, en abrir jaulas.

    No me importa que la actual moral animalista, ahora en crisálida, en un diez por ciento de lo que podría ser, a la lectura de esto lo tachen de radical, sobre todo de demente, incluso de cruel, lo he visto innumerables veces cuando lo he planteado ante auditorios, en las redes, donde sea, que la libertad es un imperativo y que al preso desde el nacer no le importan ni atiende a esas reflexiones de quienes dicen "si le abres la jaula morirán, porque no conocen otra cosa que la cautividad". Y no me importa porque me pongo en el corazón del reo, siento su corazón triste, me hago carne y sangre con el rehén, siento en mi cabeza los cuernos del toro, en mi pecho las calientes y doloridas ubres de la vaca a la que le tiemblan las piernas mientras las máquinas succionan sin cesar para los mamones humanos la leche de sus hijos, se me alongan las orejas y sonrío, son orejas de liebre, y qué bonito sentir que mis pies adelgazan y los dedos, ya huesudos mis pies, se estiran en patitas de gallina, noto su pequeño corazón latiendo, entre otras gallinas, desplumada yo me cae una lágrima de uno de mis ojos rotundamente abiertos mirando el pavor de cientos de gallinas de mi especie mirándome, a su vez, implorando ¿qué? No sabemos qué pedimos. No sabemos qué somos. Y no viene nadie.

    "Si les abres la puerta morirán"

    "Porque nacieron así y allí"

    Ese es el resumen del animalismo actual. Y en esas frases está todo, todo en lo que tienen que trabajar y el punto desde el que tienen que despegar para ser otra cosa. Porque piensan como humanos. Y el porvenir del animalismo, la clave esencial para pasar de lucha social a revolución, la mayor de todas, la fundamental y más relevante que ha pisado esta tierra, es pasar de pensar como humanos a pensar como animales, como ellos, como reos. A partir de allí vendrá todo lo demás.

    (Presumo que el capítulo de la semana que viene será el último de esta serie. Gracias a todas/os las que llegaron hasta aquí. "La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos." Rabindranath Tagore)

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