20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per Ángel Padilla
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Yo, caballo en Argentina

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    Yo, caballo en Argentina- (foto 1)

    El cocherito, leré
    me dijo anoche, leré

    Mira mis ojos, soy un caballo que arrastra un carro en Argentina, estoy muerto.

    Nacer en este mundo, aquí no hay premios; es mera casualidad. Todos los ojos que puedes ver bajo esta misma luz  provienen de un mismo arroyo hondo y luego abierto, de un mismo tallo, tierra, desde el primer único continente, Rodinia, que existía aquí hace 1.100 millones de años, entre éste y el lapso en que Rodinia se separó en fragmentos durante siglos para volver a unirse en una única placa tectónica, Pangea...; los científicos han obtenido huellas de los primeros fósiles de organismos vivos de alrededor de hace 450 millones, fósiles no en forma de ser vivo constituido, porque aquellos que recorrieron este lugar tenían quitinas tan frágiles que no alcanzaron a fosiliar, aunque sí, por el azar de la constitución de la materia que pisaron, quedó indeleble, para admirarla conmovidos nosotros, la huellita de sus pasos.

    ¿Te imaginas verlos? Ellos todavía están aquí...

    En el génoma de la mosca, o de cualquier pez, se pueden encontrar similares secuencias de ADN como las que componían esas primeras individualidades. Todos venidos de un mismo tronco común. De un irisado caudal común. Un fragmento efímero de nube, una mujer lituana, niño en Francia, rosaledas en los jardines que rodean el parque de San Jerónimo.

    Y podemos salir a esta luz, de vida, en forma de potro que trastabilla intentando ponerse en pie, en la Argentina. Y ya. Nacer. Esclavos.
    Tengo una muñeca vestida de azul
    con su camisita y su canesú.

    No. No habrá canciones para ellos. En Argentina hay aproximadamente unos 120.000 caballos esclavizados arrastrando onerosos carros de basuras por las calles, bajo el fogoso sol. Lo llaman trabajo, oficio de pobres. Hombres que recogen objetos de la basura que luego venden al reciclaje, con eso se ganan la vida. Pero obligando a otras vidas, que esclavizan y maltratan con extremada dureza.
    Eso es trampa.
    ¿Quién preguntó a los caballos?
    ¡No quieren! ¡Lo odian! Arrastrar horas y horas  lamidos sus heridos lomos por las doradas lenguas de hierro candente de muchos soles, sin agua, duros carros anclados al suelo como montañas, el caballo resbala esforzándose, lagrimea de frustración y pánico, cae, y cae. Y se levantan no se sabe de dónde sacando fuerza, al ser golpeados con palos y a cadenazos.
    Les levanta el miedo.
    Porque son golpeados con saña en una zona del cuerpo que les dispara el pavor:
    Como el oficio psicopático del toreo en España, donde los criminales saben las debilidades del toro (que es miope y, como herbívoro, tiene los ojos muy separados del centro de la cara, por eso se colocan siempre de frente, donde el toro no ve bien, y así mil trampas más), los carreros saben del origen en libertad de los caballos que abusan: El caballo era animal de presa del puma en la Pampa, donde había millones de caballos salvajes, caballos criollos, color parduzco -para mimetizarse con el terreno-. Los pumas a saltos los agarraban por atrás y los desnucaban; las nucas de los caballos son frágiles.

    El carrero sabe esto, se lo cuentan de padres a hijos que serán carreros: que cuando el caballo se canse y se detenga, lengua afuera, hiperventilando, ojos abultados al borde del colapso, hay que atizar duro en la nuca -el caballo recuerda atávicamente y cree ser atacado mortalmente por su más temido predador, y se levanta para huir-, levantará si acaso su sombra, sus sangres deshilachadas se elevarán en el aire conformando un equino. Para escapar.
    "Mira mis ojos."
    En sus vía crucis los caballos niños desarrollan laminitis e infosura en las patas y cascos. Tétanos, porque a pesar de que la vacuna es baratísima, ni siquiera los carreros se la ponen. También es común que desarrollen parásitos, por comer de las basuras, ya que los carreros poco o nada les dan más que esa oportunidad de hociquear entre la mierda. De resultas, padecen cólicos horribles, porque tanta basura en el intestino lo acaba obstruyendo. No están herrados, pronto sus pies enferman y se ve afectado su  sistema circulatorio, riñones y corazón. Padecen constante deshidratación, caquexia. Las heridas se les van abriendo y anchando en distintas partes del cuerpo, por no ser curadas, en ellas las moscas ponen sus huevos, que al nacer comen de la carne del hueco que abrió Longino.
    Sin fuerza alguna, muchos tuertos al haber perdido un ojo, casi siempre el derecho, que es el lado por donde andan los carreros a su lado gritándoles y lanzándoles puñetados, tropiezan innumerables veces, pero cuando se hunden, y de verdad se hunden, ya finados, blancos, fantasmas, sus captores los abandonan en los basurales a cielo abierto y en los ríos y arroyos. No hay servicio de "recogida" de caballos muertos en Argentina. Una vez que se decidió limpiar el arroyo "Las Piedras" sacaron 800 cadáveres de caballos.
    Es común ver a los carreros con móviles de alta gama, en realidad, todo su mundo de "oficios" es una rama de una enorme mafia, porque de carreros a otros sectores igual de sucios se extienden gruesas lianas firmes y tirantes; tan negro es el mercado de la venta de caballos fácilmente sustituibles con poco dinero -o, directamente, los carreros los roban- como los recorridos de los carros, en donde muchas veces se han incautado drogas y otros materiales ilegales. Se sabe que todo el universo de los carreros oculta mucho más de lo que de lejos se ve. No sólo hay una inmensa violencia hacia los caballos, a los que hay que liberar de ellos YA, mediante ninguna otra cosa que la prohibición, sino que todo ese mundillo tortuoso envuelve movimientos de unos "pobres" que, casi todos, se diría, se han hecho empresarios de la pobreza; móviles de alta gama no se compran de vender cartón.
    Hay un grupo de idiotas que hacen política en Argentina y están obstaculizando la durante años exigida y luchada PROHIBICIÓN de la TAS (Tracción A Sangre), con la presunción (falsa, pura estafa y de todo punto impiadosa para los pobres caballos) de que la tración a sangre debe regularse, porque "la prohibición criminalizaría a los carreros", estigmatizando la pobreza, exponen sin sonrojarse.
    Poco que decir de tamaña burla a la inteligencia, sólo que no hay interés alguno por el dolor de los caballos, sino  intereses particulares.
    Y en fin, de haber existido "personas" como éstas en otras épocas, no se hubiera abolido la horca ni la esclavitud negrera, ni la guillotina, ni quedado en el pasado los altos fuegos donde ardieron brujas y, después, el Ku Klux Klan hizo morir gritando constelaciones a cientos de negros. La violación habría sido regulada, y por respeto al pedófilo, la pederastia también...

    no quiero coche, leré
    que me mareo, leré.

    Mira los ojos del mundo.
    Que yo te diré los enemigos de todos los ojos del mundo.

    [Fragmento de la canción de Mikel Laboa "Txoria Txori"/ "El pájaro es pájaro":

    Si le hubiera cortado las alas
    habría sido mío,
    no habria escapado.

    Pero así,
    habría dejado de ser pájaro.
    Y yo...
    yo lo que amaba era un pájaro.
    Y yo...
    yo lo que amaba era un pájaro.]

    NOTA: Gracias especiales a ALUISA, entidad defensora de los equinos en Argentina que impulsa la prohibición, junto a otras protectoras y activistas animalistas.

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