16 d’octubre de 2019 16/10/19

A veces siento vergüenza de pertenecer a la especie humana

-Cuando veo a una mujer delante de unos uniformados con pistolas arrastrando a un hijo que llora sin entender nada, a los que la mujer desconsolada les suplica que  les dejen seguir su camino en busca de un lugar seguro en donde vivir.

-Cuando escucho demasiadas veces y a demasiados partidos decir que hay que bajar los impuestos con el fin, no declarado, de que se los bajen a los que pueden y deben pagar más; porque cuando hablan de bajar  impuestos no tienen en su mente bajar los que gravan productos básicos como el pan y la leche.

-Cuando contemplo el calentamiento del planeta, la acumulación de basuras, de plásticos formando inmensas islas degradando los mares, el aire saturado de dióxido de nitrógeno, la deforestación, los incendios,…

-Siento vergüenza de pertenecer a la especie humana cuando veo el video de un niño apaleado  por unos guardias de seguridad, con extrema brutalidad hasta casi matarle, por el delito de haber cogido una chocolatina.

-Cuando escucho que desaparecen especies animales y cuando sé que se dejan a pueblos indígenas sin los espacios en los que han vivido durante siglos.

-Cuando leo estadísticas que dejan claro que hay personas que acumulan fortunas  enormes que para ellos nunca son suficientemente grandes, aunque ya con lo que han acumulado  permitan vivir sin trabajar a generaciones y generaciones de sus descendientes. Unas fortunas que, encima, pelean para que  sigan creciendo y, encima, tratan de pagar los menos impuestos posibles.

-Cuando me informo de que las empresas farmacéuticas apoyan líneas de investigación de productos que les  den más rentabilidad, rechazando otras  en las que su negocio  va a ser previsiblemente menor.

-Siento vergüenza de pertenecer a la especie humana cuando veo a otros despreciar a quienes son diferentes y son capaces hasta de odiarles cuando ese otro es pobre.

-Cuando oigo a los líderes políticos hablar de principios, de valores, de patria, de bandera y de un amor a España que están tan lejos del mío. ¿Principios? Unos principios que les permiten cerrar los ojos ante los miles de muertos en el Mediterráneo. Unos principios que  les permiten pagar a dictadores como nuestro vecino marroquí y a las mafias libias para que hagan el  trabajo sucio de contener, como sea, a gentes que huyen de guerras y miseria.

-Cuando contemplo el ascenso al poder de líderes mundiales bocazas, insolidarios, ofensivos, con políticas de destrucción del medio ambiente, dispuestos a bajar impuestos a las grandes empresas y a destruir a gobiernos que tratan de  ayudar a los más desfavorecidos.

-Cuando se desencadenan guerras, siempre con argumentos inventados, para garantizar a las grandes petroleras el control de materias primas.

-Cuando las leyes permiten que sea legal pagar sueldos que no dan para vivir con un mínimo de dignidad.

-Cuando me informan de los abusos a menores practicados también por religiosos.

-Cuando hay tramas que engañan a mujeres prometiéndoles un mejor futuro. Unas organizaciones  criminales que acaban convirtiéndoles en  carne de prostíbulos.

-Cuando veo al niño que a los  7 años, a causa de una rara enfermedad, envejece aparentando tener 60. Cuando veo a dos cuerpos pegados al nacer. Cuando nacen niños inocentes portadores de una enfermedad incurable que les va a dejar su vida reducida a muy pocos años.  Cuando veo todo eso pienso en quien es el ser poderoso que nos ama y que con su inmenso poder dirige todo.

-Cuando veo que se adula a impresentables por el solo hecho de han acumulado mucho dinero. Un dinero que algunos  impresentables consideran que  sirve para hacerles un lavado de imagen.

-Cuando escucho a Díaz Ayuso defendiendo a un dictador y hablando de la quema de iglesias, no sé si mirar por la ventana a ver si ya la han quemado la nuestra y llenar un cubo de agua o ponerme delante para evitarlo, o pensar que la presidenta de la Comunidad de Madrid pone su voz  en el teatro y le han colocado al diablo como apuntador.

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