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Per J. P. Enrique
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Suben las pensiones, suben las comisiones

    Nuestros mayores, nuestros padres, cobraban sus pensiones de jubilación por la tarde haciendo cola (largas colas  en las que empezaban a darse turno a las ocho de la mañana) en la calle Mayor,  en lo que era la Caja de Ahorros de Castellón, más conocida como el Monte de Piedad, inmueble más tarde reconvertido en el cadáver del Museo de la Naranja que solo ha servido para que el recopilador de marcas comerciales tuviera un buen sueldo en el tiempo que lo estuvo dirigiendo mientras varias instituciones cumplieron con su compromiso de financiarlo.

    Poco a poco, a los viejos pensionistas les fueron explicando que era mejor que se abrieran una cuenta bancaria. Por tener una cuenta con la pensión domiciliada todo eran ventajas: recibían regalos y recibían  intereses.

    En esa cuenta fueron domiciliando los pagos de los recibos de agua, luz, teléfono y contribución. Todo era comodidad, sin costes. Todo era modernidad.

    Y poco a poco fueron desapareciendo los cobradores de luz y de contribución, que se fueron directos al paro (sin paro). Con su desaparición las entidades bancarias se han apropiado del trabajo que aquellos realizaban y se  han convertido en  imprescindibles para realizar los  pagos habituales  por servicios de cualquier familia o Comunidad de Vecinos.

    Llegados a ese punto ¡oh cosas de la vida! Los bancos comenzaron a cobrar comisiones, y,  en la cuenta que el jubilado necesita para percibir su pensión, han empezado a descontarle comisiones y más comisiones por diferentes conceptos: administración, mantenimiento,… Unas comisiones que empezaron con las cuentas de Comunidades de Vecinos que los propietarios  de un edificio de dos plantas  necesitan  tener para pagar la luz de la escalera. En esa cuenta y con un descaro que roza la sinvergüencería, ahora  cobran por apunte, por mantenimiento,… Ahora mismo cualquier banco viene a cobrar por cuenta entre 80-120 euros al año. Y esas cifras, nada indica que no seguirán creciendo.

    En esta situación, un pensionista que cobre una  pensión media de 1.000 euros a través de una cuenta bancaria (no hay otra forma de percibirla), tiene que pagar unos diez euros al mes, es decir más de lo que le han incrementado la pensión en 2021, lo que  en otras palabras  significa que el incremento del 0,9% aprobado por el gobierno va directamente a la cuenta de resultado de los bancos, los mismos bancos a los que les hemos dado 65.000 MM para salvarles de los problemas en los que ellos mismos se metieron con su vorágine de dar préstamos irresponsablemente.

    Son los mismos bancos que están cerrando cada vez más oficinas y despidiendo cada vez más trabajadores, dejando tirados a muchos ancianos que viven en las  poblaciones más pequeñas y dando una pésima atención en las que siguen abiertas.

    Los pensionistas podrán alegrarse por el incremento de sus pensiones. El gobierno podrá decir que ha cumplido su promesa de revalorizarlas, pero aquí el único que ha ganado, como siempre,  es la banca. Una banca privada que cuando pierde se dirige al Estado para que acudamos entre todos a ayudarla con fondos públicos, es decir con fondos de todos.

    Claro, hay formas -nos dicen- para no pagar comisiones: “contrate Ud. esto, esto otro y lo de más allá”.  Lo que no nos dicen es: “pero más adelante le pondremos más condiciones  para  ganar dinero si no por un lado por otro”.

    Ya tarda el gobierno en prohibir por ley que los bancos no cobren comisiones a quienes no tienen otra opción que percibir 1.000 euros (muchos bastante menos) a través de una cuenta bancaria.

    Un último apunte: se habla este año de que los beneficios de los grandes bancos han caído. La realidad es que han destinado nada menos que 40.385 MM a reservas para prevenir futuros impagos y quiebras ante la crisis que está latente. Además con el anuncio de la reducción de beneficios lanzan el mensaje de que no se les pueden poner más impuestos.  Si tontos no son.

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