17 d’octubre de 2019 17/10/19
Per Santiago Ríos
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No sé cómo llegar

En cierta ocasión conocí a una muchacha que físicamente se parecía a Paula Prentiss. La que era protagonista con Rock Hudson, de la feliz comedia romántica de 1964, de Howard Hawks, con música de HenryMancini.

Roger Willoughby, un famoso experto en pesca, acababa de escribir un libro que se había convertido en un best seller. Sin embargo, Roger nunca había pescado nada. Su jefe, Cadwalader, acepta la idea de su directora publicitaria, Abigail, de inscribirle en un concurso de pesca.

Si recuerdan, Paula Prentiss padecía estrabismo en un ojo y Rock Hudson, galán de decenas de películas y suspiro de muchas admiradoras, al final de sus días se descubrió que no fueron sus películas, fiel reflejo de sus tendencias sexuales.

De todas maneras, tampoco mi conocida tenía estrabismo, ni el encanto que se le suponía a la actriz en sus interpretaciones.

Navegando por internet, descubro una web en la que se ofrecen productos de segunda mano o semi-nuevos como dicen algunos, a precios de auténtico chollo. Es tan atractiva la oferta que me interesa y decido investigar.

Tomo buena nota de todas sus características, marca, modelo, componentes, etc. y cuál es mi sorpresa que exactamente el mismo producto nuevo, sin estrenar, en un conocido comercio, es casi un 20% más barato. Evidentemente el chollo era para el vendedor de “segunda mano”.

Sigo sin entender cómo se empeñan en hacerme cambiar el significado de las palabras que aprendí desde niño y a través de mi vida.

Mover, es poner en movimiento, cambiar de sitio o de posición, menear, agitar, excitar, dar motivo para alguna cosa, causar, provocar, ocasionar, conmover, darse prisa y tener desenvoltura.

Movible, es aquello que puede moverse, variable, poco constante.

Móvil, es un adjetivo que significa movible y se dice de los sellos y timbres impresos que se pegan en el papel. También es un impulso, causa o motivo.

Entonces, ¿por qué le seguimos llamando así a ese teléfono “portátil” que casi todos llevamos en algún bolso o bolsillo de nuestras vestimentas, si no cumple ninguna de las definiciones anteriores? ¿Quiénes tienen que rectificar?

Un conocido reportero, hace un estudio de las audiencias televisivas del verano en España. Va clasificando las mismas por tipos: Deportes, series, películas, magacines, noticiarios, etc. y llega a la conclusión que los más vistos han sido los programas dedicados a la llamada prensa rosa.

Bueno, si la mayoría de la gente prefiere ese tipo de diversión, hay que asumirlo y siguiendo con mi explicación del artículo anterior, “hay que fabricar lo que la gente quiere comprar”.

Pero no, no termina aquí su investigación. Analiza uno a uno esos programas y le sorprende que el “share” sea directamente proporcional a la cantidad de insultos, provocaciones, gestos soeces, griteríos y de todo aquello que vaya en contra del respeto a las personas, la convivencia, la cultura y el buen gusto.

Todo vale. Han abierto la puerta del redil y las bestias se pisotean unas a otras, con la mirada puesta en el establo.

Curiosas han sido también las promesas incumplidas estos cuatro últimos años, por los partidos ganadores en las municipales, como serán las que no van a cumplir estos cuatro próximos. No lo digo por el idílico bosque del Palau que nunca ha existido ni existirá, sino que después de tanto luchar y rasgarse las vestiduras, la acequia sigue obsequiándonos con los residuos altamente contaminantes, de nuestra vecina Villarreal.

El honrado ciudadano se preocupa por el bien de su comunidad y le responden con el no aprecio, la burla y el sarcasmo. Es algo que no viene de nuevo. Ya en nuestro siglo de oro se decía de los unos que “Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos”

Los grillos eran esos instrumentos de hierro que se ponían a los presos para impedirles andar.

Y de los otros se decía: “Quién sirve al común, sirve a ningún”. Ya saben, aquello que se hace en beneficio de una colectividad, no es estimado ni agradecido por nadie y yo añadiría que solo te lo reconocen cuando te sale mal. Y aquí en Burriana, cualquiera que haya estado en una comisión fallera, puede dar fe de lo que les estoy contando.

Los conocimientos adquiridos y la experiencia, están en constante contrasentido con la realidad actual. ¿Qué me habré equivocado de parada? Es que en este momento ya no sé cómo, ni donde se ha de llegar.

Los puntos cardinales del raciocinio han perdido su sentido. Lo rentable es navegar contra corriente, oponerse a todo lo legalmente establecido, estimulando el ego y la suntuosidad, en pos de conseguir aproximarse simbólicamente, a la corte francesa del Rey Sol.

“Delenda est Carthago” Con esta frase terminaba Catón todos sus discursos allá por el año 150 a.C. Igual daba que se encontrara hablando en el Senado de Roma, en el Foro o en los retretes públicos. Cartago debía ser destruida. No se trataba de vencerla. Se trataba de destruirla, de arrasarla, de borrarla de la faz de la Tierra para siempre, sus piedras, sus ciudadanos, e incluso su recuerdo debía desaparecer. Y el punto de vista de Catón era suscrito por buena parte de los romanos, sumidos en un profundo odio hacia sus enemigos.

Eso fue lo verdaderamente grave de la situación y prueba de ello es que Cartago, capital de la nación púnica, fue arrasada con una minuciosidad tal que los arqueólogos sólo han conseguido encontrar pequeños restos de lo que antaño fuera la mayor y más rica ciudad del Mediterráneo. Los magníficos edificios fueron primero incendiados, luego demolidos y para finalizar la tarea, sus cimientos fueron arrancados. El páramo en el que los romanos convirtieron Cartago fue sembrado con sal para que nada volviera a crecer allí y cualquier resto de la esplendorosa cultura cartaginesa fue perseguido y exterminado.

Me estoy acordando de Paco Planelles y su artículo sobre el “Sentido común”. De momento Paco sé donde está, de este lado, aunque yo sigo buscando todo lo demás, pues pienso que sería peyorativo por mi parte, solicitar al espectador “de paso”,  un mucho de cordura en sus decisiones.

 4 comentaris
Santiago Ríos
Santiago Ríos
15/09/2011 11:09
Eso son palabras mayores

Por mucho que escribiera, nunca podría llegar a la lucidez de Don José María, al cual admiro desde mi época de estudiante. Pemán nos mantuvo largo tiempo ante el televisor para admirar los textos que compuso para 'El Séneca', magníficamente interpretado por Antonio Martelo que dio vida a un personaje irónico, sarcástico, lírico, humano y universal, de cuyo éxito quedó constancia en un sello de correos. En la universalidad de nuestra lengua, a José María Pemán le fue encomendada la dirección de la Real Academia Española. El poeta cedió su inspiración para incorporar letra al himno de España y ahí está aunque nunca ha sido oficializada. Su teatro, técnicamente perfecto y lleno de méritos, recomendable para cualquier edad y condición social. Un genio que no ha sido debidamente reconocido, por haber gozado del favor del gobierno.

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