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Per Miguel Ángel Bodí
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El pacto de PP y VOX en Burriana o el juego de la gallina

    Pocos ciudadanos podían pensar, después de conocer el pacto exprés realizado entre los partidos del PP y VOX en la Generalitat Valenciana que, una semana después, en Burriana los dos mismos partidos no hubiesen podido llegar a un acuerdo de colaboración para el gobierno de la ciudad.

    A la vista de los resultados de las elecciones celebradas el 28 de mayo quedó muy claro que Burriana había pedido un nuevo gobierno, dejando atrás al gobierno de izquierdas de los últimos 8 años,  un gobierno fuerte entre los dos partidos de la derecha, que cosecharon cerca de un 60% de los votos y una mayoría holgada para gobernar.

    En el posterior reparto de concejales la encomienda ciudadana estaba clara, el PP se había ganado la alcaldía y un número importante de concejalías, y VOX debía de ser quien ostentara también las concejalías que se decidieran y juntos emprendieran el camino para transformar Burriana.

    Pero la ruptura de las conversaciones en la medianoche del viernes pasado nos dejó a muchos perplejos, más aún cuando después nos enteramos en el acto de constitución de la nueva Corporación de que, en las tres semanas previas,  no llegaron ni a pasar de los entremeses en los diferentes contactos que tenían que haber resuelto las divergencias y soslayar las convergencias.

    No parece que sea circunstancial que esta misma situación se haya producido en otras ciudades importantes como Almassora, Castellón o Valencia capital, aunque también se ha dado el caso opuesto, puesto que en Oropesa, Torrent, Elx u Orihuela el PP va a ostentar la alcaldía en sendos acuerdos con VOX.

    Se podría pensar, en el caso del PP, si en todos los casos en que no se  ha producido el entente lo ha sido por indicaciones del partido a nivel nacional ante la evidencia de un posible desgaste de cara a las inminentes elecciones generales pero, si no lo es, claramente lo parece.

    Por parte de VOX este partido es muy libre de defender sus ideas que pregona a nivel regional o nacional que plantean de manera muy vehemente en todas partes, también en Burriana, unas líneas programáticas muy suyas pero muy cuestionadas a la vez por la mayoría de la población que no les vota.

    Volviendo a nuestra ciudad, ante la evidencia de que no se ha producido de momento el pacto esperado, invitaría a los dos partidos a que releyeran la Teoría de los Juegos, tan aplicada en el sector empresarial en los temas de negociaciones y, en especial, el juego de la gallina.

    En este juego, dos conductores se dirigen uno hacia el otro en un camino estrecho y deben decidir si se apartan o continúan avanzando. Si ambos deciden apartarse los dos salen ganando, pero si no lo hacen y continúan avanzando los dos chocan y mueren. Si uno se aparta y el otro continúa, el que se apartó es considerado un “gallina” y pierde.

    Por eso es importante de que, aunque no se haya conseguido todavía,  se llegue pronto a un pacto estable  y que piensen más en Burriana y menos en sus partidos. Que sepan encontrar las muchas convergencias que les unen en sus programas electorales y, en donde tienen diferentes visiones, se pongan el mono de trabajo y lo resuelvan sin esperar a que uno de ellos sea el “gallina” que al final se asustará y aceptará rebajar sus expectativas, porque a lo mejor, ninguno lo llega a ser y el desastre será sonado.

    Tiene que ser claramente cosa de dos, que los dos quieran de veras buscar el acuerdo y que los dos tengan la grandeza moral de ser socios leales y trabajar por la ciudad y sus ciudadanos.

    Además, este acuerdo ha de llegar más pronto que tarde, no sea que empiecen a crearse suspicacias por el comportamiento del otro que solo pueden seguir alimentando los egos de cada parte que impidan darse cuenta de que el choque final puede ser una ruina para la ciudad, por cuanto va ser imposible gobernarla y solucionar sus múltiples necesidades en minoría.

    La historia ya nos lo ha demostrado en una única ocasión, en la legislatura de 1991 a 1995, en que Burriana avanzó muy poco y fue la antesala de un cambio en el poder municipal. Pero es que, en este caso, entonces el equipo de gobierno, también formado por 8 concejales, tenía ya una gran experiencia de gobierno, con dos mayorías absolutas por detrás y ahora, solo uno de los 8 concejales en minoría tiene experiencia previa en política, lo que complicaría la situación.

    Pronto se tendrán que tomar decisiones importantes para el futuro de la ciudad, como el recurso o no de Sant Gregori en la primera semana de julio, la paralización inmediata hasta septiembre de las obras de la Avenida Mediterráneo que tantas molestias están causando, la solución definitiva  a la obra de la pasarela antes de que llegue las previsibles lluvias de final del verano, cómo afrontar unas negociaciones más exigentes con la empresa del Arenal Sound, o cómo decidir la organización de un Ayuntamiento y de sus concejalías para los próximos cuatro años, cuestiones nada baladíes y que pueden marcar el futuro de esta legislatura.

    Por todo ello debemos emplazar a los representantes de los partidos elegidos por ese 60% de ciudadanos, que si se tienen que dejar algo por el camino que se lo dejen, sean líneas programáticas o algunas concejalías importantes y que, aunque no suene semánticamente del todo bien,  dejen de ser gallos los dos y sean más gallinas, que lo contrario solo va a servir para que el choque final sea fulminante para la ciudad.

    Burriana no se puede permitir cuatro años más de impás en muchas de las necesidades que sigue teniendo, necesita un gobierno fuerte y eficiente, y cuanto antes.

    A quien corresponda mucho ánimo en el empeño.

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