18 de novembre de 2019 18/11/19
Per María José Navarro
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El día de la marmota

    ¿Os acordáis de esa comedia estrenada en 1993 y protagonizada por Will Murray? En ella se recrea la tradición de Punxsutawney, un pueblo del estado estadounidense de Pensilvania, en la que cada 2 de febrero una marmota sale de su madriguera y según sea la sombra que proyecta, significa que ha llegado el final del invierno, o vuelve a meterse en la madriguera para seguir hibernando durante 42 días más.

    En esta película, el meteorólogo de una cadena de televisión que cubre cada año la noticia (Will Murray), se queda atrapado en ese día, que se reproduce una y otra vez hasta que logra salir del bucle temporal, no sin antes tener que pasar por él hasta 38 veces.

    En nuestro país, ahora que iniciamos un nuevo período electoral, estamos ante una situación que me recuerda mucho a esta comedia, basada en la idea del eterno retorno de Nietzsche en “La gaya ciencia”, en la que el demonio lanza una especie de maldición para que la vida vivida, cada experiencia, cada momento, se repita una y otra vez.

    Y en esas andamos… con la sensación de haber entrado en ese eterno retorno, en el que las marmotas serían los políticos de turno, que se repiten hasta la saciedad, aunque su discurso va cambiando según sea la sombra que proyectan: si no hay nadie que les haga sombra acabará gobernando el partido más votado y si resulta que la sombra alargada de la democracia y el reparto de votos no les concede el poder a ninguno de ellos, volverán a su madriguera, a esperar que se acabe el largo, bochornoso e insufrible invierno de la falta de consensos. 

    Mientras tanto, los protagonistas reales de la historia, es decir la ciudadanía (cada una de nosotras), nos levantaremos cada día pensando que lo que estamos viviendo no es nada nuevo y con esa sensación amarga que tenía el protagonista de la película, pues hiciera lo que hiciera, nada cambiaba su realidad diaria.

    Sin embargo, todas las personas, con nuestro voto, tenemos la posibilidad de producir ese cambio (espero no tener que esperar a 38 tentativas y pueda ser el 10 de noviembre). Aunque para que esto se convierta en realidad, y podamos disfrutar de un gobierno estable y de izquierdas, estos que nos han metido en el bucle y que transitan por él, deben haber aprendido la lección y que, como Will Murray, sean capaces de cambiar sus formas de actuar y tocar el piano de la política sin notas discordes y con la empatía como bandera.

    Así que, aunque los y las ciudadanas nos sintamos desfallecer y no tengamos demasiadas ganas de salir a votar, debemos hacerlo para evitar que nuestro país quede sumido en un día de la marmota que dure hasta el infinito… Y eso sí que sería insoportable, aunque no tanto como un gobierno conformado por un pacto a tres, en el que la ultraderecha tuviera el poder de llevarnos, ya no a un bucle en el tiempo, sino a un viaje al pasado más oscuro.

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