29 de gener de 2020 29/1/20
Per María José Navarro
Picos Pardos - RSS

Lejos de alcanzar la equidad educativa

    Cada vez que se publica un nuevo Informe PISA algo se remueve en los sistemas educativos de los países participantes y, al menos en el nuestro, muchos se afanan en analizarlo. Aparecen cifras y números que según quién los examine se ven de diferente manera, se cuestionan los datos, se hacen comparativas entre comunidades autónomas, se buscan las causas de los malos resultados y se estudian los factores de los mejores y, sobre todo, se ataca al adversario político, acusándole de esos resultados, que, en nuestro país no suelen ser demasiado brillantes, aunque tampoco tan excesivamente mediocres como algunos claman.

    Pero siempre me queda la duda de si este estudio sirve para algo más que para clasificar países y autonomías; comparar países de excelencia educativa (¿no era esto de la excelencia lo que pretendía la Ley Wert, esa ley segregadora todavía en vigor?) y otros que no alcanzan los objetivos; comunidades autónomas con mayor inversión y otras que gastan menos; y ¿luego qué? ¿esos países o comunidades autónomas hacen algo para lograr mejorar los resultados? Déjenme dudarlo, más allá de darle una lavadita de cara a su sistema educativo, en el mejor de los casos.

    Ese mismo sistema educativo que, en España, con cada cambio de gobierno sufre una nueva Ley que modifica y, en algunos casos, empeora la anterior, con la única pretensión de dejar la impronta del gobierno de turno, pero sin haber sido consensuada por la comunidad educativa, como pasa con la actual Ley de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) herencia del gobierno del PP, ni haber sido pensada para que todo el alumnado finalice su etapa obligatoria de manera satisfactoria.

    Y luego nos encontramos con la realidad, tan cruda como siempre, que nos indica que en nuestro país andamos lejos de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) debido a las elevadas tasas de fracaso escolar y abandono prematuro del sistema educativo, y que, lamentablemente, se contabilizan más entre la población con menos recursos económicos.

    El informe emitido por Save the Children, basado en PISA 2018, pone el dedo en la llaga y denuncia la falta de equidad de nuestro sistema educativo, ya que teniendo un rendimiento igual, el alumnado con menos recursos repite hasta cuatro veces más que el que dispone de una economía mayor, poniéndonos en el segundo puesto del ranquin de toda la OCDE, siendo de hasta seis veces más probable esa repetición de curso si el chico o la chica vive en Asturias, Aragón o la Comunidad Valenciana…

    O sea, que además de la inequidad educativa también se han de enfrentar a la inequidad regional, pues según el lugar en el que residen, tendrán más o menos oportunidades de acabar sus estudios y obtener una titulación que les permita tener un futuro mejor.

    Nuestro país necesita un pacto educativo que no deje al albur de los políticos de turno la calidad de la educación que nuestros escolares merecen, sin que nadie quede excluido, modernizando las metodologías y contenidos, adaptándose a las nuevas realidades y necesidades, e incorporando en el sistema a otros profesionales de la educación que ayuden a hacer frente a esas realidades desde una perspectiva más integradora, en la que el alumnado sea la prioridad de la acción educativa.

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