4 de juny de 2020 4/6/20
Per Miguel Bataller
Columna de Michel - RSS

Femeninas siempre, feministas nunca

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    Femeninas siempre, feministas nunca- (foto 1)

    Lamentablemente en mi opinión y en la mayoría de los hombres de mi generación, el “progresismo” mal entendido, he degradado sensiblemente le femineidad de las mujeres, para potenciar un feminismo, que aunque suene parecido, no es lo mismo.

    En mi opinión, ese “feminismo” que con tanta pasión y vehemencia reivindican ahora muchas mujeres, con el apoyo interesado de los partidos de la izquierda radical en busca de sus votos, no es ni más ni menos que la réplica exacta por parte de la mujer al “machismo” que tanto han vituperado.

    Vaya por delante, que para mí, hombres y mujeres deben de tener los mismos derechos y deberes sociales, laborales, económicos y judiciales y estar sujetos a las mismas Leyes, como muy bien lo estipula la Constitución Española.

    Que la violencia no es de género, porque ni todos los hombres son violentos, ni tampoco ninguna mujer lo es, por lo que hay que juzgar y condenar al que ejerza la violencia, como se juzga y condena el ladrón, al prevaricador, al malversador, el asesino, a quien acusa con falsos testimonios y en definitiva a todo tipo de delincuentes, no en razón de su sexo o género, sino del delito que han cometido.

    Esa “nueva política” que ha contaminado la convivencia en España y las relaciones Mujer-Hombre en las últimas décadas y con mayor virulencia con el cambio de siglo, ha tenido como consecuencia inmediata (quizás no del todo programada pero si conseguida) que cada día veamos a más mujeres con aspecto masculino en nuestro entorno y a más hombres que a simple vista tienen un aspecto totalmente femenino.

    Y no estoy hablando de lesbianas u homosexuales, que los ha habido y los seguirá habiendo siempre y que tienen o deben de tener los mismos derechos que los heterosexuales, sino de toda una maraña de nuevos conceptos y denominaciones que suelo leer a veces e incluso oír de ellos mismos, como bisexuales, pan sexuales, transexuales y demás nombres que se me hacen tan extraños que ni siquiera me paro a conocer lo que significan.

    Allá cada con su sexualidad, pero el objeto de mi columna es el de evidenciar la evolución que ha tenido la mujer a lo largo de los últimos cincuenta años, en cuanto a su conducta como mujer.

    Se ha incorporado con notable éxito al mundo universitario, empresarial, laboral e incluso al político y cada día hay más mujeres como referentes, en las sociedades occidentales desarrolladas, lo cual me paree admirable.

    De hecho los países mejor gestionados tanto en políticas sociales como educativas y culturales en los países de la Europa Central y Septentrional, hoy tienen como Jefes del Estado o Presidentas del Gobierno a mujeres.

    Quizás se me tilde de “carroza”, pero a mi particularmente y a los hombres de mi generación nos gustaba la mujer femenina, dulce, cariñosa, sensible y a ser posible inteligente y cuando más formada y cultivada intelectualmente mejor, aunque si las veíamos responsables, hacendosas y con un evidente sentido de la maternidad y dando al concepto de familia un lugar preferente en su vida, para ocuparse de la administración del hogar adecuadamente y bañando de amor todo lo que tocaba, la adorábamos porque era la PERFECTA AMA DE CASA.

    Yo tuve la suerte de tenerla y la sigo teniendo después de cincuenta años y puedo asegurarles que si yo he sido en la práctica el proveedor de las materias primas, ella ha sido la ARQUITECTA Y ALMA MATER DE MI HOGAR FAMILIAR.

    Ese tipo de familia, con una tasa de natalidad superior al 2,5 % por cien por matrimonio, para garantizar la pirámide demográfica ha desaparecido.

    Ni siquiera se llega a la mitad.

    ¿Qué responsabilidad tienen en ese cambio tan radical los movimientos feministas que han buscado la confrontación y enfrentamiento entre los hombres y mujeres de menos de 50 años actualmente, con una tasa de divorcios que se equipara a la de matrimonios?

    ¿Son más felices actualmente los jóvenes adolescentes en sus relaciones de pareja que lo éramos nosotros?

    ¿Lo son los jóvenes matrimonios o parejas de hecho, que se montan y  desmontan como castillos de naipes a muy corto plazo?

    Seguramente, ni yo ni nadie podrá explicar todo eso con conceptos elementales y únicos, porque han sido muchas las causas que han desencadenado los efectos que acabo de explicar.

    Lo que si les puedo decir, es que no les envidio.

    Probablemente, ellos no podrían ser felices con la vida que yo he vivido, pero tengo serias dudas de que yo pudiera serlo con la forma de vivir las relaciones interpersonales entre mujeres y hombres que se viven hoy.

    Hasta la semana que viene amigos.

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