23 de juliol de 2019 23/7/19
Per Vicent Albaro
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Un callejero ilustrativo

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Un callejero ilustrativo- (foto 1)
Un callejero ilustrativo- (foto 2)

Durante muchos años, –demasiados- faltaron publicaciones para el acervo cultural de nuestro pueblo, esto podría no ser exclusivo pero sí especialmente doloso para una sociedad como la nuestra, que ha fraguado hazañas relevantes a través de su historia. Y no me refiero solo a la edad dorada de la cerámica artística que tiene para llenar una biblioteca, sino en otros capítulos en el tiempo, que tienen mucho que decir y mostrar. No, no ha sido un enclave propicio para la publicación editorial y máxime, en los últimos lustros en que la industria ha acaparado energías a gran parte de la juventud para mano de obra fabril, y en esos parámetros es muy complicado ejercer estas aventuras escribanas al margen de unos horarios extensivos y agotadores.

No obstante, la llama de las publicaciones se ha ido manteniendo en el tiempo, como una pequeña lumbre testimonial e intermitente, siempre a expensas de que malos vientos la apagaran para siempre. Publicar en l’Alcora es un reto y una aventura para cualquier autor, dignos de admiración y elogios, cualquiera que fuera la temática. Pero es en el apartado histórico, en los aconteceres que fueron en su día relevantes, donde el vacío es más profundo entre otras cuestiones, porque un mal día a algunos insurrectos analfabetos y otros no tanto, les dio por pegar fuego a los archivos repletos de documentos antiquísimos, ya bien fueran religiosos o civiles. Y en ese instante se produce un apagón informativo irreparable, una fuente documental de primera mano que ha desaparecido para siempre.

Vivimos en un país extraño, un día se muestra amante y solícito con todo y mañana le pega fuego a ese todo, como si nada importara. Demasiadas guerras en los últimos siglos donde siempre pierden los mismos, poca ropa. La última del pasado, que algunos se empeñan en resucitar, no dejo hierba verde por estos lares de especial encono y virulencia. Si se ha conservado alguna cosa, objeto o documento, ha sido por actuaciones espontáneas de particulares que se arriesgaron en salvaguardar, aquello que iba a ser irremisiblemente pasto del fuego. Así es, nos guste más o menos o nada.  Por ello todas las publicaciones sobre temática local, las que fueren –bien ricas o modestas- son especialmente interesantes, pues vienen a cubrir un vacío y una negritud apabullantes. Y no voy a nombrar a los autores, entre los que me encuentro, pues daría para otro escrito y hoy toca hablar del Callejero de l’Alcora y de su autor José Manuel Puchol Ten, cronista oficial de la villa.

Puchol, ha sido azulejero como todo hijo de vecino y además muchas otras cosas, también músico. Siempre ha guardado con celosa pulcritud los temas locales que han caído en sus manos o los ha buscado ex profeso. En su jubilación, ha comenzado una etapa encomiable: la recopilación histórica de l’Alcora. Y es tan grande el empeño y la temática, que necesitaríamos diez “Pucholes” o que tuviera tres vidas para completarla. Por eso es tan importante su labor, como fue en su día, la fortuna de haberle nombrado Cronista Oficial en la alcaldía de Javier Peris, porque el señor cargo obliga al señor encargado. Y lo ha cumplido a pies juntillas, en cualquier alcaldía y situación, además de ser un vigilante celoso y garante, del transcurso de los hechos dentro de las normas más ortodoxas que marcan el origen, la costumbre y la tradición. Tiene varios libros publicados, opúsculos y numerosos artículos en prensa y revistas especializadas. Coordina la edición del libro de fiestas entre otras. Es muy largo el currículum y no tengo espacio. Habrá una segunda parte de este tema, porque es muy interesante el libro sobre las calles de Alcora, que publicará D.m. el próximo jueves santo por la tarde.

¿Y un callejero? No es un mapa callejero informativo al uso, ese ya está editado hace años por el ayuntamiento. Es un Callejero Ilustrado, es decir, con la explicación pertinente de la situación geográfica, la historia del entorno, personajes y de la nomenclatura de cada vía. En una palabra, nos dirá donde estamos al callejear por la villa y para más inri, lo que aconteció en ese lugar. Y eso es bueno. Primero porque rescata del olvido a personas y hechos que fueron –como buen historiador- y después, porque para quienes somos lugareños, nos abre los ojos, nos alumbra con una visión nueva de aquellos espacios por los que ha transcurrido el devenir de los días.  La calle es una prolongación de nuestro hogar, el pasillo comunal por donde pasa la vida. Si además coincide en un pueblo mediterráneo, bullicioso, soleado y con buenas temperaturas…podemos llegar a la conclusión de que la mayoría de nuestra existencia, transcurre en la calle.

Esas calles de barrio que albergaron las añoradas noches a la fresca en verano. Partidas de pelota valenciana, innumerables juegos de niñez, bailes típicos, actos festivos, religiosos, bailes, pasacalles…y hablo en pasado con cierto regusto amargo al comprobar que hoy, muchas de aquellas cosas no existen, y las calles han sido poseídas por un tráfico agobiante, incluso peligroso y por ello han perdido la pátina del sabor añejo que contuvieron. Pero siempre serán nuestras calles, esas que nos evocan situaciones, y siguen congregando en la actualidad a toda una pléyade de gentes, cada cual con su particular visión y recuerdo. Por eso el libro es tan interesante, porque nos retrata como comunidad y como individuos, nos acerca a nuestro paisaje urbano más inmediato, con esa carga de experiencias y sentimientos.

El libro ha sido editado por el Ayuntamiento de la Villa y la Caja Rural San José, al alimón. Y según me cuenta su autor, será distribuido gratuitamente a las gentes del lugar, para que sea de uso y recreo general. Yo particularmente, felicito a José Manuel, le deseo que sea un gran éxito su trabajo, que sin dudas lo va a ser. Y le agradezco que me haya invitado a participar como prologuista, junto al director del museo Eladio Grangel. Mi modesta pluma, solo puede aportarle palabras como las de este escrito, cargadas de sentimiento vital y honestidad. Así que aunque no falte la promoción, pues al ser un acto “oficial” se le dará un importante relieve publicitario, quiero sumarme desde aquí a hacer de altavoz, y desearle que este Callejero sobre l’Alcora, no sólo sea un éxito, que lo será, sino que aporte luz y conocimiento a muchos, en ese empeño gestual que le mueve desde décadas, a promocionar nuestra historia y cultura. Suerte maestro.    

 2 comentaris
Vicent Bosch i Paús
Vicent Bosch i Paús
23/03/2018 02:03
Com cantava Charles Aznavour...

Je vous parle d'un temps Que les moins de vingt ans Ne peuvent pas connaître Em mancava el començament.