20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per José Luis Ramos
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El oro de Moscú

    A raíz de las actuaciones, de alteración del orden, realizadas por los Comités de defensa de la Republica (CDR) en Cataluña, he escuchado decir “si hacen eso es que les pagan”. Eso me ha recordado cuando en la dictadura, la mayoría de las personas creían estar bien seguras que las personas opositoras a la dictadura eran todas comunistas que cobraban del oro del Moscú.

    Quienes participaron en la oposición a la dictadura, saben, que entre los opositores había, cristianos, humanistas, curas, anarquistas, nacionalistas de derecha e izquierda, Socialistas, socialdemócratas, liberales, demócratas cristianos, carlistas y por supuesto comunistas. Sin embargo, para la mayoría de personas, todos eran comunistas pagados por Moscú. Cierto que los comunistas, fueron los más represaliados por haber dado más la cara. En su mayoría estaban vinculados al Partido Comunista de España que, a partir de los años 60, junto con otros partidos comunistas de la Europa occidental, iniciaron un rechazo al modelo de desarrollo de la Unión Soviética (Marxismo Leninismo) y la aceptación del modelo parlamentario pluripartidista. Movimiento llamado Eurocomunismo, cuyos principales partidos fueron los Partidos Comunistas de Francia e Italia. También condenaron la invasión de Praga por los soviéticos y declararon que la "construcción del socialismo" debía ser en "paz y libertad" en un "sistema pluralista". Todo ello llevo a que los soviéticos acusaran a los eurocomunistas de traidores a la causa obrera y a la madre patria del comunismo, por consiguiente, les negaron toda ayuda que con anterioridad pudieron recibir para gastos de las actividades del partido.

    A pesar de ello, muchos años después la creencia que los antifranquistas eran comunistas pagados por Moscú, seguía presente en la mayoría de personas, incluso en personas que por su profesión tendrían que tener mayor conocimiento de la realidad. Pondré un ejemplo. En julio del 74, yo trabajaba en la empresa de cerámica de Castellón INCA. El caso es que junto con la azulejera VALLS, hicimos la primera huelga de las empresas de cerámica tras la guerra civil, revindicando mejoras salariales y mayores medidas de seguridad en el trabajo. Como podéis imaginar a la media docenas de personas que consideraron que habían organizado la huelga, nos detuvieron, despidieron y nos procesaron. La amnistía de la transición nos salvó de cumplir la condena. Presentamos la correspondiente demanda solicitando la nulidad del despido. Magistratura de Trabajo declaró nulidad del despido porque la empresa no había aportado ninguna prueba que habíamos participado en la huelga. Ello fue así, porque el abogado de la empresa Sr. Wenley Palacios, durante todo el juicio, se dedicó a convencer al Tribunal que los que habíamos encabezado la huelga cobrábamos de Moscú. La sentencia dijo, que la acusación solo era una opinión, por lo que declaró nulo el despido.

    El mismo día que se inició la huelga, desde la alcaldía de Castellón y el Gobernador civil, se convocó a una reunión a unas cuantas personas de la empresa donde se les explicó que quienes encabezaban la huelga, cobraban de Rusia, que tenía una fuerte industria de cerámica y les pagaba para arruinar a la cerámica española. La empresa recurrió en apelación el despido nulo, lo ganó porque se limitó a probar que habíamos participado en la huelga. En aquellas fechas te tenían que abonar el salario mientras se resolvía el recurso de apelación. La empresa me prohibió entrar en la fábrica, así que para cobrar el sueldo todas las semanas me enviaba un giro que yo cobraba en correos. Una tarde cobré el giro, y a las 11 de la noche iba en moto por la carretera general a la altura de la gasolinera que había junto el rio seco, de Castellón. La Brigadilla de la Guardia Civil, que me tenía fichado, me paró y me registró. Al encontrarme el giró, se pusieron eufóricos, porque estaban convencido que habían obtenido la prueba que cobraba de Moscú. Yo expliqué que era la empresa INCA la que me enviaba los giros. Como no me creían, pidieron a todas las personas que despejaran la gasolinera, me metieron en la caseta que había y entre otras cosas, me metieron la pistola en la boca y simularon un tiro, para que reconociera que el dinero del giro me lo enviaban de Moscú. Como no acepté su versión, me soltaron, me quitaron el DNI y me dijeron que el día siguiente a las 9, me presentara en el Cuartel de la Guardia Civil. El día siguiente, 100 metros antes de llegar al cuartel, los mismos de la noche anterior, estaban vigilando esperando mi llegada. Me pararon y con muy buenos modales, me devolvieron el carnet, me dijeron que sabían que yo era buen chico, por lo que no hacía falta que fuera al cuartel y me pidieron que no contara a nadie lo sucedido. Siempre he pensado que el cambio de actitud debió ser a que alguien les había dicho que era cierto que los giros los recibía de la empresa. Así que, si yo contaba en el cuartel, que me habían torturado para que reconociera que cobraba de Moscú, ellos habrían quedado en mal lugar, por haberse excedido en que yo reconociera “recibir el oro de Moscú” tal como se creía desde la Alcaldía, Gobernador Civil, y muchos miembros y la fuerza del orden.

    El caso es que, a día de hoy, sigue habiendo gente que no entiende que haya personas que se la juegan y se arriesgan por ideales sin necesidad que nadie les pague.

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