17 d’octubre de 2019 17/10/19
Per José Luis Ramos
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El coste de “El cuento de la lechera” (Ejemplo: Terra Mítica)

La fábula de “El cuento de la lechera” se interpreta como una advertencia sobre el peligro de soñar despierto, de imaginar cómo nos puede cambiar nuestro futuro un determinado negocio. A nivel colectivo, quizás la versión moderna del cuento de la lechera hayan sido aquellas ciudades que confiaron su futuro a grandes proyectos urbanísticos, que nos costaron 63.000 millones a las arcas públicas y un sinfín de pérdidas económicas, sin evaluar, a las familias y empresas.

El caso es que cualquier proyecto de inversión de la administración, para su aprobación, debe contar con su correspondiente memoria, en la cual debe estar justificado, que el proyecto tiene como finalidad cubrir una demanda social, que se dispone de financiación para su construcción, y sobre todo, que tendrá viabilidad económica para su mantenimiento. Sin embargo, la larga lista de proyectos de inversión pública que han resultado ruinosos en los últimos años, parece que se proyectaron desde la perspectiva del cuento de la lechera. A pesar de ello,  no conozco un solo caso que se hayan pedido responsabilidades a los técnicos que justificaron proyectos ruinosos, alegando que nos harían ricos. Un ejemplo lo tenemos en Terra Mítica. Por razones de trabajo tengo la Memoria Justificativa del Plan Especial de Terra Mítica. En ella se justifica la inversión, diciendo que en la primera fase  de implantación se recibirían 3,5 millones visitantes/año.  En temporada alta, se esperaban 30.000 visitas diarias, y durante la baja, 15.000. Eso generaría 25.000 millones pesetas anuales por sus estancia en la zona, más 21.000 millones pesetas, por las entradas al parque. Total 46.000 millones pesetas de las del año 2000. Ello daría lugar a 10.000 nuevos empleos. Además se decía que ello generaría un “Valor Añadido Bruto”, en el comercio de Benidorm y su entorno de 42.320 millones de pesetas.

Estaba prevista una segunda fase respecto la cual se dice “se puede considerar que el número de visitantes diarios se incremente hasta los 43.000”. Es decir, si en la primera fase, esperaban 3,5 millones de visitantes/año, en la segunda eran 5 millones. Así las cosas, con los beneficios y puestos de trabajo, que traerían esos 5 millones de visitantes, es evidente que solo un tonto podía estar en contra de esa inversión.

Terra Mítica se creó en 1998 desde el sector público autonómico (Generalidad Valenciana). Se presupuestó en 240 millones de euros. Sin embargo, se ha reconocido que el  complejo costó a las arcas públicas y el sector financiero valencianos un mínimo de 400 millones de euros. Su apertura fue el mes de julio de 2000.  Aunque estaba previsto que estuviera abierta todo el año, en 2004 se decidió reducir la temporada de apertura de marzo a noviembre,  después que el parque entrara en suspensión de pagos para evitar la quiebra, ya que arrastraba deudas de unos 100 millones de euros. En 2006, un acuerdo entre cajas y acreedores permitió levantar la suspensión de pagos, eliminando así la deuda que ya alcanzaba los 260 millones de euros. Mediante la venta de suelo público reservados para expansión del parque, se consiguió dejar la deuda  en 20 millones.  Para parar la sangría de pagos en 2012, el parque fue vendido a la empresa Aqualandia por 67 millones de euros. Es decir, por ocho veces menos de lo que había costado.

Casos como este los hay a montones. Pero en ninguno de ellos, ni los técnicos, ni autoridades que nos contaron el cuento de la lechera, han asumido ninguna responsabilidad. Ni siquiera política. De responsabilidades económicas, ni hablar. Mi padre tenía vaquería. Lo que se paga por vaca, depende del cálculo que el comprador hace, respecto la leche que puede hacer al año. Así que mi padre también hacía el cuento de la lechera al ofrecer un precio por una vaca. Y, como el resto de las personas, cuando la producción de leche prevista no se cumplía, pagaba de su bolsillo el error de calcular una producción de leche que solo existía en su imaginario. Estaría bien, que también pagaran de su bolsillo, los que tan buenos honorarios cobran, por justificar proyectos que solo tienen buenos resultados en su imaginación.

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El coste de “El cuento de la lechera” (Ejemplo: Terra Mítica)
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