20 d’octubre de 2019 20/10/19
Per José Luis Ramos
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70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

    No sé dónde ni cuando leí una entrevista de Ignacio Ellacuría, en que decía que de acuerdo con Goethe una norma de conducta adquiría valor universal si era válida para toda la sociedad. Debe hacer más de 30 años, porque a Ellacuría lo asesinaron, los militares de El Salvador, en 1989. Entonces se me grabo la idea de que no se pueden reclamar derechos políticos que se niegan a los demás. Dicho de otro modo, un derecho adquiere valor universal en la medida que pertenece a todas las personas por igual.

    Ello me viene a la memoria, porque el próximo 10 de diciembre, es el aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, mediante la Resolución 217 A (III) de 10.12.1948. Cabe destacar que la declaración fue aceptada como universal, y que a partir de ella se aprobaron otros tratados reconociendo derechos políticos y civiles. Me llama la atención que 70 años después de la DUDH, haya personas, que a pesar que toda su vida han sido firmes defensores de los derechos humanos, incurran en actos y defender teorías, cuya consecuencia práctica es la negación de la existencia de derechos humanos.

    No se puede entender la anterior afirmación si no partimos del hecho que los derechos humanos son derechos innatos de las personas, que se adquieren por el mero hecho de nacer. Es decir, son derechos inherentes a las personas, que estas aportan con su nacimiento, para que sean asumidos por los Estados. Digamos que son derechos que tienen todas las personas sin necesidad que sean reconocidos por los gobiernos de turno. Así las cosas, queda claro que los derechos humanos son propios de cada persona, por lo que ningún tercero puede disponer de ellos. Entre los más destacados podemos citar el derecho a nacer libres, a la vida, a la igualdad, a no ser esclavizado o torturados etc.

    Tengo muy claro que los independentistas catalanes están plenamente legitimados para defender la independencia de Catalunya. Ello es así porque defender la independencia de Catalunya es legal. Sin embargo, el que un objetivo sea legítimo y legal no convierte en legítimo y legal el medio utilizado para su defensa. Un ejemplo de ello sería que hoy se está imponiendo como teoría general que el acto de votar es un acto democrático, por el contrario, oponerse a una votación es de fascistas. En el mismo sentido, se difunden mensajes en los que se afirma que hay una sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos que dice que la voluntad de la gente está por encima de las leyes.

    Entiendo que ni todo se puede votar, ni puede haber sentencias que afirmen que la voluntad de la gente prevalece sobre las leyes. Ello implicaría negar la existencia de derechos humanos.  A finales de los 70 en un Cantón de Suiza de hizo un referéndum para decidir si las mujeres se podrían presentar a las elecciones y votar. Ganó que no podían votar ni presentarse. Yo me hubiera opuesto a esa votación. Hubiera alegado que se trataba de un acto antidemocrático porque se quería decidir sobre el derecho de voto y a la participación política, que es un derecho innato de las personas. Decidir mediante referéndum si las mujeres pueden ejercer el derecho a la igualdad en la participación política, implica negar en la practica la existencia de derechos humanos, como derechos inherentes a las personas. Así las cosas, entiendo que cuando se reclama ejercer una votación se debe decir la legitimación o la competencia que ampara el derecho a votar el caso concreto. Si no se motiva el derecho a votar en cada caso concreto, se da a entender que todo se puede votar. Sin embargo, ningún jurista ha sido capaz de citar ninguna norma que reconozca el derecho a decidir de manera genérica. La razón es porque no existe. Si todo se pudiera votar, y, además, aceptamos que la voluntad de la gente prevalece sobre las leyes, supone que negamos la existencia de derechos humanos.

    Desgraciadamente en muchos países y ciudades del mundo si todo se pudiera votar, y la voluntad de la gente estuviera por encima de las leyes, se aprobaría por mayoría:

    • Colgar o quemar en la plaza del pueblo a los acusados de asesinatos horribles sin necesidad de probar la acusación en un juicio.
    • Apedrear hasta la muerte a mujeres “adulteras”, homosexuales o lesbianas.
    • Decidir el matrimonio de las hijas menores o su venta.

    La lista podría ocupar varios folios. Personalmente creo que, en bastantes pueblos y fábricas de España, si se hiciera un referéndum para ver si se aprobaba que las mujeres no pudieran trabajar mientras hubiera hombres en paro, se aprobaría por mayoría. Votar esas cosas supone no respetar los derechos humanos, por consiguiente, lo que define la naturaleza democrática de una votación no es el acto de votar, sino lo que se vota.

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