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Finca labrada, llamarada apagada

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    Finca labrada, llamarada apagada- (foto 1)

    O como reza en lengua vernácula, “Finca llaurada, flamerada aturada”. Donde están los labrantíos no entra el fuego, todo lo más cerca en los márgenes, y como el fuego no puede correr porque no hay yesca ni masa inflamable, se acabó el corre fuegos. Así de claro, de fácil y de contundente. ¿Entonces? Pues resulta que las fincas agrícolas de secano, que son las que escalan nuestros montes a modo de graderío, han sido dejadas de la mano de Dios y del hombre. Cuando no había mecanización y todo se hacía a lomos de caballerías, era corriente ver por las sendas de nuestro término al paisano ya entrado en edad, ascender con el mulo del ramal, aparejado con albarda, serón y el aladre acuestas, es decir el arado. Porque en estos parajes no hay otra forma de acceder como no sea por las viejas sendas de toda la vida.

    Esto no nos lo ha de contar nadie. Los que trajinábamos de joven por estos lugares por donde no pasaba casi nadie, lo hemos visto con nuestros propios ojos y quizás, entonces, por la edad o ignorancia, no éramos conscientes de ser testigos privilegiados de una forma de vida  que ha muerto y jamás volverá. El rincón de la mina de Cabres, les Terreroles, el racó de la Sabata, el rincón de san Vicente, els Prats, Mormirá, Araya, la Piquera, Aixart…y muchos otros espacios donde el tractor no podía acceder porque no había camino transitable. Eran la mayoría olivares salpicados de almendros y algarrobos con algún frutal de secano, como serbales, pomes nanes y algún preseguero. Espacios labrados con mimo, casi artesanalmente cuyos bancales estaban esponjosos, limpios y fecundos. Los linderos perfectamente recortados con las paredes de piedra seca restauradas, y los accesos del desnivel de bancales con las típicas losas airosas a modo de escalera flotante, o esculpidas en la tierra con pico y azada, enlosadas y prestas para cumplir su función.

    Estas fincas se vieron de la noche a la mañana rodeadas de un denso matorral y de un pinar anárquico. Otras fincas lindantes abandonadas de años y que en su día, estaban tan limpias como las referidas, se convirtieron en solar de pinos que con el tiempo han ido estrangulando a las trabajadas. Sí, estrangulando, porque si te toca un pino en el linde o más, estate seguro que su raíz superficial puede estar quince metros dentro de tu bancal que abonas y estercolas, chupando tus nutrientes y desmejorando los otros árboles productivos. Fueron pasando los años y esas fincas abandonadas por sus dueños a su suerte, pasaron a denominarlas terreno forestal. ¡Ah amigo, cuidado! El abandono y desidia de otros, ha constituido el drama de los pocos que conservan el ancestral laboreo, que está primero que esa masa forestal de nuevo cuño sin orden ni concierto.

    Y entonces todo empezó a complicarse. Con el afán de tener árboles por doquier, aunque sean improductivos, masivos, descuidados y dinamita “pa” los pollos, los nuevos gurús del medio ambiente enmarañado y descuidado, comenzaron a poner pegas a los labrantíos que estaban allí desde mucho antes. No tocar esto, no cortar aquello, cuidadín con aquella flor que está protegida porque allí duerme el abejorro mayo. Y ahora prohibido hacer fuego porque estás en terreno forestal. ¿Oiga, y qué hago con la arremulla (ramas de poda) de los olivos? ¿Si siempre he quemado y nunca ha pasado nada? A joderse toca. Pues claro que pasa paisano. Pasa, que te han abandonado. Primero los cochinos colindantes que te han dejado a merced del yermo. El yermo ha criado pinos engullendo los viejos olivos y almendros. Y ahora los pinos te comen a ti. Porque las ilustres autoridades prefieren a los pinos que a ti.

    Eso es lo que te han venido demostrando en estos últimos años. Conozco un caso cercano del agricultor que limpió un bancal para plantar almendros, y lo denunciaron. Y encima se lo hicieron repoblar de arbustos y pinos el lindero que había dejado limpio. Hoy tras veinte años, son más grandes los pinos que los almendros que no medran. ¿Lo entiende alguien? También otros que sembraron olivos jóvenes y les prohibieron cortar dos pinos gigantes, que ahí están en medio del bancal como dos titos. No sé si aún estarán, pero lo que quiero mostrar es que ha habido un sinfín de pegas, prohibiciones y multas, por mantener los campos labrados y en las condiciones de siempre. Los ejemplos no caben en este escrito. Para la administración valenciana, cero patatero.

    Primero porque el campo no gusta. Es áspero, sudoroso, esclavo y mal pagado. El otro sí, el del paseo y el hobby placentero, de ese todo lo que quieras y cada día más. ¿Pero, del arrea macho?   De esos quedan muy pocos, y además los tienen aburridos. Como no cambie y mucho la cosa, los bancales labrados van a ser una especie en peligro de extinción en cuatro días.  Y es que da la sensación que se ha confabulado todo, para ir en contra de los cuatro desgraciados que aún resisten en sus fincas. Cualquier ignorante que pasa por el camino a la vera de tus fincas, te quiere ilustrar y hacer pedagogía sobre tus quehaceres cotidianos. ¡Habrase visto mayor atrevimiento! La de mi abuelo, coge la azada y ve limpiando ribazo que ahora te digo cosas. Y cuando ya tenías el ribazo limpio, te decía, bien muchacho, ahora un trago de agua del botijo, te lo has ganado. ¡Qué tiempos! ¡Y qué sabiduría popular!  Ah, y el ribazo limpio como una patena.

    Si queremos que el fuego no nos deje tiesos y queda poco para ello, comiencen por apoyar lo que hay, y promocionen lo que podría llegar. Los bancales labrados, paran los fuegos. Pues hagan políticas para que haya bancales labrados y no les pongan el dedo en el ojo. Los pinares límpienlos, pódenlos y aclaren, que sobran más de la mitad y además se estorban en el crecimiento y compiten por el sol y nutrientes. Si son particulares, aplique la teoría de los solares, limpieza y mantenimiento, o lo haces o lo hago y te cobro. Tú decides. Hagan cortafuegos en cuadrículas.  Y buenos accesos para la maquinaria de los bomberos que van a ciegas y el incendio los rodea sin salidas. Si se quema un cuadrante que no pueda pasar al otro. Aunque el día negro sea del 30 – 30 – 30. Los pirómanos siempre estarán ahí. Pues pónganselo difícil, si no hay pasto seco, no arde el monte. Porque si sigue estando sucio como ahora, que hay zonas por donde no se puede ni pasar, cuando haya una tormenta seca, vamos a estar todos acojonados a ver qué pasa y dónde pasa. Dónde caerá el rayo que va a formar una bestia de incendio como el de Bejís y otros.

    Fotos de políticos entre pinos quemados, ha venido hasta el presidente del gobierno Pedro Sánchez en compañía de Chimo Puig, mi paisana Soledad Ten y más gente, supongo que eso es lo normal en estos casos, nada que objetar. Nada que objetar salvo que no pongan ni una sola medida para solucionar este caos que habita en nuestros montes. Un caos que quema patrimonio natural, pueblos y si te descuidas hasta trenes. El más cercano de les Useres nos hizo temblar hace pocos días, recordando otro infernal por estas fechas en 2007, al que el amigo Pedro Gozalbo empeñó sus mejores dotes humanas para reivindicar una justicia que no se si ha llegado quince años después.

    Así que así está el patio. O se coge el toro por los cuernos o nos pilla a todos. No se me ocurre otra comparativa mejor en estos días de festejos por los cuatro puntos cardinales de nuestros pueblos. Que corra: Finca labrada, llamarada apagada.

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