Valencia se llena de color para honrar a la Virgen de los Desamparados : “Es el mejor sentimiento que una fallera puede experimentar”
El segundo día de ofrenda acoge a miles de falleros que recorren las calles con sus ramos con mucha emoción
“Es el mejor sentimiento que una fallera puede experimentar”. No son simplemente palabras, se trata de una emoción compartida por miles de valencianos y que hoy se ha hecho realidad. Desde las 15:30 horas de este martes, se ha podido disfrutar del segundo día de ofrenda, uno de los actos más esperados de las Fallas, en el que miles de falleros han desfilado con sus ramos entre lágrimas y sonrisas para completar el tapiz floral dedicado a la Mare de Déu dels Desamparats.
Un día como hoy queda grabado en la memoria de muchos valencianos. Devoción y tradición son palabras que acompañan una fecha como esta. Hay quienes han participado desde la infancia y quienes se incorporan por primera vez, pero el tiempo parece diluirse ante una experiencia que todos describen de forma similar: “al terminar la ofrenda se siente una emoción muy grande que se repite cada año”.
Para muchos es algo “inexplicable, que hasta que no lo vives no lo sientes”. Las palabras se quedan cortas cuando intentan describir ese instante en el que se avanza entre aplausos, música y el murmullo de los allí presentes. Una “experiencia muy bonita, que te deja un nudo en la garganta, que ya no sabes ni que decir”. Testimonios que ponen de manifiesto la gran emoción que se ha sentido por las calles y que convierte este acto en un momento único dentro del calendario fallero.
Familias enteras y grupos de amigos han vivido juntos este recorrido: “nos hemos emocionado muchísimo, hemos estado llorando y la verdad que ha sido súper guay, estamos muy contentas”, relatan algunas falleras, poniendo voz a un sentimiento que va más allá de lo individual y se convierte en una experiencia compartida.
La ofrenda no solo pertenece a quienes han crecido en Valencia. Su capacidad de acogida se refleja también en quienes llegan desde otros puntos del país y hacen suya esta tradición: “Soy de Bilbao y llevo siete años saliendo en la ofrenda y la verdad aunque sea del País Vasco es todo un orgullo”. Un testimonio que evidencia cómo estas fiestas traspasan fronteras y se convierten en un punto de encuentro.
Incluso los más pequeños también ocupan un lugar especial en la ofrenda “es una experiencia muy bonita sobre todo cuando pasas por al lado de la virgen y ves todas las rosas colocadas”. Sus rostros llenos de ilusión, evidencia la gran costumbre y el por qué esta celebración sigue siendo tan significativa año tras año.
Al caer la noche, los allí presentes observan como el tapiz floral va transformándose con cada ramo. De esta manera, Valencia vuelve a vestirse de color y a brillar más que nunca, ya que detrás de cada pétalo hay una historia de cada uno de los participantes.











