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Valencia encara la aprobación definitiva de su denominación bilingüe y con la tilde cerrada la semana que viene

Valencia encara la aprobación definitiva de su denominación bilingüe y con la tilde cerrada la semana que viene
  • La Comisión de Cultura validará la denominación bilingüe “Valencia, Valéncia” y el expediente se enviará a la Generalitat Valenciana para su resolución final

El próximo martes, 16 de diciembre, la Comisión de Bienestar Social, Educación, Cultura y Deportes de Valencia aprobará el cambio en la denominación oficial de la ciudad que el Ayuntamiento inició el pasado mes de julio.

Aquel pleno marcó el inicio de un proceso que reabría un debate histórico y cargado de significado para Valencia: la revisión de la tilde que acompaña el nombre de la capital y la reinstauración formal de la versión bilingüe del topónimo (“Valencia, Valéncia”). La decisión adoptada entonces ponía fin a la forma única “València”, con acento abierto, vigente desde 2017, y abría un periodo de exposición pública que ha resultado clave en la fase administrativa del expediente.

El Pleno de julio había contado con el apoyo de la mayoría absoluta del gobierno municipal (PP y Vox), requisito indispensable según la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local para iniciar cualquier modificación del nombre oficial de un municipio. A partir de ese momento, el Ayuntamiento activó un procedimiento reglado que incluía la publicación en el Boletín Oficial de la Provincia, un periodo de alegaciones de 20 días hábiles y la revisión técnica del conjunto de las opiniones recibidas.

Ahora, con la Comisión de Cultura preparada para dar su aprobación definitiva en el ámbito municipal, el expediente se encuentra en su última fase antes de llegar a quien tiene la competencia final: el Consell de la Generalitat Valenciana.

Más de mil alegaciones y un informe jurídico determinante

Durante el periodo de exposición pública se registraron un total de 1.041 alegaciones, una cifra muy elevada en comparación con modificaciones toponímicas anteriores. Sin embargo, todas ellas han sido desestimadas por el Ayuntamiento al considerar que “no estaban suficientemente fundamentadas”.

El análisis técnico revela que buena parte del volumen de escritos respondía a campañas organizadas: un total de 615 alegaciones utilizaban exactamente la misma plantilla, con argumentaciones idénticas.

A esta evaluación se suma el informe elaborado por la Secretaría General del Ayuntamiento, un documento clave para el desarrollo del expediente. El texto certifica que el procedimiento se ha ajustado a los requisitos previstos en el artículo 8 del Decreto 69/2017, que regula la normalización de los nombres de los municipios de la Comunitat Valenciana. Según el informe, el Servicio de Normalización Lingüística ha cumplido con todas las fases exigidas: aprobación inicial en pleno, publicación oficial, apertura del periodo de información pública, análisis de alegaciones y elevación de la propuesta para su aprobación definitiva.

El informe subraya además que, desde el punto de vista jurídico, el Ayuntamiento cuenta con la capacidad y la cobertura normativa necesarias para solicitar el cambio de denominación, siempre que se mantenga la versión bilingüe, tal como establece la normativa autonómica sobre toponimia.

Aval lingüístico y posiciones políticas enfrentadas

La propuesta del cambio de acentuación en valenciano —de “València” a “Valéncia”— ha generado un intenso debate político y social desde el mes de julio. El concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, ha insistido en que la modificación se basa en criterios lingüísticos y sociolingüísticos, y no en posicionamientos ideológicos. En este sentido, el informe técnico elaborado por el lingüista y académico de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), Abelard Saragossà, ha sido uno de los pilares de la propuesta municipal.

Saragossà sostiene que el acento cerrado refleja mejor la pronunciación tradicional de la ciudad y es coherente con los criterios internacionales de acentuación para topónimos, además de formar parte del uso popular mayoritario. Su informe, que se remonta a análisis iniciados en la década de los noventa, defiende que la forma “Valéncia” se ajusta con mayor fidelidad a la evolución histórica de la lengua en el ámbito valenciano.

El proceso, no obstante, ha estado marcado por profundas diferencias entre el gobierno local y la oposición. Mientras el ejecutivo municipal ha defendido el bilingüismo institucional y la adecuación lingüística del cambio, los grupos del PSOE y Compromís han criticado duramente la iniciativa, interpretándola como un movimiento político con intencionalidad identitaria. En los debates plenarios, celebrados tanto en julio como en los meses posteriores, se han confrontado argumentos que van desde la defensa de la identidad lingüística valenciana hasta acusaciones de recentralización cultural o de creación de conflictos artificiales.

Un debate que trasciende la ortografía

Más allá del detalle ortográfico, la discusión sobre la tilde de Valencia ha vuelto a poner en primer plano un debate histórico sobre la identidad lingüística de la ciudad. A lo largo de las últimas décadas, el topónimo ha funcionado como un marcador simbólico en el que se han proyectado diferentes sensibilidades culturales y políticas. La elección entre acento abierto o cerrado, así como la presencia o ausencia de una versión bilingüe, ha sido interpretada por diversas corrientes como una forma de posicionarse sobre la naturaleza del valenciano y su relación con la normativa oficial.

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