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“Somos recuerdos y dejamos de ser lo que olvidamos”: el moncofero Pedro Paradís llega a la feria del libro con el thriller rural ‘Olvido’

“Somos recuerdos y dejamos de ser lo que olvidamos”: el moncofero Pedro Paradís llega a la feria del libro con el thriller rural ‘Olvido’
  • Su nueva novela nos transporta hasta el aislado municipio de Rescoldos en una historia de intriga detectivesca

  • Una imagen gestada en Burriana pululó en la cabeza del autor hasta convertirse en su segunda novela

Dicen que somos lo que recordamos y que la memoria de lo vivido moldea nuestra personalidad y cómo concebimos el mundo y a nosotros mismos. Una memoria que a la vez nos envuelve y nos interpela en los lugares y momentos más inesperados. En ocasiones con el familiar olor de una magdalena recién hecha, el susurro del suave viento en nuestra piel o la visión de un objeto que simplemente considerábamos cotidiano.

El castellonense, natural de Moncofa, Pedro Paradís ahonda en estas reflexiones a través de su última novela, Olvido, que arranca con un pueblo casi vacío, un puente que cae arrasado por una riada aislando a sus habitantes y sus silencios y la historia de una vecina que da nombre a la novela y que siente en su ancianidad que el pasado vuelve a por ella.

Un verdadero thriller psicológico desasosegante y detectivesco con el que Paradís vuelve a la literatura una década después de publicar su primera novela, Zacarías, ambientado en el mundo de la pobreza asentado bajo los árboles del parque Ribalta de Castellón. En este caso, nos trasladamos al pueblo de Rescoldos, donde se desarrolla la trama.

En elperiòdic.com hablamos con Paradís, nacido en Moncofa y con un fuerte vínculo con la Burriana donde estudió y que le vio dar sus primeros pasos en las letras, para desgranar la propuesta que trae al mundo literario desde tierras castellonenses.

Es, de hecho, una de las firmas y voces que encontraremos en la Feria del Libro de Castellón, que abre sus puertas este año, precisamente, en su querido Parque Ribalta, con la ‘visita’ de estrellas de la literatura como Manuel Vilas, Santiago Posteguillo, Maxim Huerta, Juan del Val, Elsa Punset, Joana Marcús, Blue Jeans, José Luis Sastre o Eloy Moreno. Puedes consultar toda la programación de la feria de 2026 en este enlace.

El libro ya se puede encontrar en las librerías, ¿cómo está siendo la acogida de los lectores?

La acogida ha sido muy buena, vamos por la segunda edición y pronto vendrá la tercera. Y los comentarios que están llegando son muy buenos.

Tu último libro, Zacarías, estaba ambientado en el parque Ribalta. De la ciudad ahora nos movemos al interior, a la historia de un pueblo, ¿cómo ha sido este cambio de ambiente?

El cambio es el que pide la historia, pero son voces muy parecidas: son dos personajes pequeños y muy humildes, pero que tienen mucho que decir. Un personaje y una historia como la de Olvido necesitaba de un aislamiento y este se tenía que encontrar en un lugar como Rescoldos, que es donde ocurre la trama, un pueblo casi abandonado del interior.

¿Cuál fue el germen de la historia?

La idea nace de una historia que me contaron de la Guerra Civil en Burriana: algunas casas tenían refugio y estos refugios estaban unidos entre ellos, por lo que, si se derribaba una vivienda, se podría salir por la de al lado. Me explicaron que, años después, estos túneles se habían tabicado y se habían colocado puertas en sus accesos.

De esta historia, que creo puede ser cierta, me vino la imagen de una de estas puertas que daba a un lugar en el que no había entrado nadie en muchas décadas y donde los nudillos de una mano golpeaban desde el otro lado. Esta es la imagen inicial a partir de la cual nace la historia de ‘Olvido’.

¿De esta imagen tan sugerente nace la historia y el personaje de Olvido?

Una puerta como esa, que no se ha abierto en muchas décadas, no puede sino generar un ambiente de opresión y de suspense. Y de los golpes en la puerta nace el personaje, vulnerable e indefenso, que va a sufrir y que además es una persona mayor que va a recordar algo que pasó hace muchos años.

Se dice que en las novelas negras o detectivescas la trama del crimen solo es una excusa con la que el escritor quiere hablarnos de un gran tema social, político o humano. ¿Es el caso de Olvido?

Olvido es como un thriller y, aunque no hay un policía, hay una señora muy mayor que trata de resolver un misterio en un pueblo. Pero desde luego es la excusa para hablar de la memoria, de cómo recordamos y de cómo construimos nuestra identidad con lo que recordamos. En definitiva, de por qué somos nuestros recuerdos y dejamos de ser lo que lo que olvidamos

Una historia de olvidos, pero también del silencio colectivo de los pueblos...

Sí, porque el silencio, a veces pactado, es una forma de olvido o te lleva al olvido.

En los últimos años se ha debatido desde las páginas literarias sobre el ‘ser’ de los pueblos, desde puntos de vista nostálgicos e idílicos como el de Feria o desde vértices más oscuros, como el caso de Tor. ¿Qué tipo de pueblo nos encontramos en Olvido?

Podemos ser salomónicos y decir que Rescoldos tiene la vida dura de los pueblos pequeños de interior, que por otra parte históricamente ha llevado a la solidaridad entre vecinos y a un espíritu cooperativo y comunitario. El precio que se paga, en cambio, es la falta de privacidad. Para lo bueno y para lo malo, es una moneda con dos caras. En Olvido se muestra el sentimiento comunitario y la necesidad de sobrevivir a la despoblación, pero también aparece la contracara.

Hablando de la memoria, te iniciaste en la lectura en la trastienda de la carnicería, ¿cómo fueron aquellos inicios?

Sí, concretamente en una vieja carnicería de la avenida Valencia de Burriana, donde quedábamos los amigos todos los domingos. Recuerdo esa época con mucho cariño porque casi todos los que estábamos allí escribíamos por nuestra cuenta y no lo compartíamos con nadie. Que empezáramos a escribir semanalmente fue una salida del armario, un descubrimiento de amigos de muchos años. Sacar lo que tenías en el cajón y leerlo con otros para que te aporten y lo mejoren. Fue una época muy bonita, entre ristras de longaniza seca y coents.

En las primeras páginas de la novela se hace referencia al bloqueo de la página en blanco, que tanto sufren los escritores. ¿Lo has padecido?

No he tenido ninguno, más bien ha sido lo contrario, he escrito más rápido que nunca, pero me costó cerrar la trama, porque había escrito por impulso una historia de detectives y luego había que encajar muchas piezas. Sí es cierto que para la exigencia de una novela necesito de periodos de aislamiento para volcarme en ella.

¿Utilizas la escritura por impulso?

A diferencia de Zacarías, que estaba más planificada, esta novela está escrita por impulso. Esto quiere decir que a partir de una imagen, que es aquella puerta en el refugio de Burriana, empecé a escribir y no sabía lo que va a pasar en la página siguiente. Es una manera muy potente de escribir porque realmente te sorprendes a ti mismo, pero también es un método que te obliga a revisar, corregir y reorientar porque llegas a callejones sin salida.

Además, en una novela de misterio todo debe encajar. Es un contrasentido escribir por impulso una novela de Sherlock Holmes, porque si fuera una novela de aventuras la puedes escribir por impulso, pero un puzzle no lo puedes diseñar de esta forma.

Comentabas que el aislamiento te vino muy bien, un buen paralelismo con la novela...

Me gusta volcarme en la escritura aislado, escribiendo sin distracciones. Para lograrlo me encerré en un albergue de Els Ports, en el sanatorio de Fontilles, en una casita de Albentosa...

Eso me funciona y, como además el libro habla del aislamiento, pues dirás que hasta que hasta encaja, ¿no? Hasta va de la mano.

 

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