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Por Vicent Albaro

Estudiantes y la Catalina

18/11/2016
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El 25 de noviembre de nuestro calendario, se conmemora la festividad de Santa Catalina de Alejandría, una joven erudita que fue martirizada por abrazar la fe cristiana bajo el poder de Roma. Canonizada por la Iglesia como Virgen y Mártir, se representa en la iconografía junto a una rueda de cuchillas y una espada, instrumentos de su tortura y muerte. Por su sapiencia fue declarada hace años como patrona de estudiantes y en virtud de ello, aún en muchos colegios hoy en día, celebran el día de Santa Catalina.

O la Catalina como se decía en nuestra etapa estudiantil, que era por antonomasia un día de juegos y excursión a cualquier rincón del término, y en consecuencia un día lectivo menos, y eso tenía su encanto y su importancia.

En nuestro colegio de la Salle de Alcora, la víspera de la fiesta acudíamos con nuestros padres al centro, entrando por la puerta lateral de acceso al comedor y a la cocina. Nuestros mayores depositaban vituallas para los frailes, en este caso Hermanos de las Escuelas Cristianas, Hermanos de la Salle. Esos alimentos por lo general eran de cosecha propia, legumbres, frutos, hortalizas y algún que otro animal de corral. Ni que decir tiene que en casi todas las casas existían estos animales propios para el autoconsumo. Podían ser conejos, pollos, gallinas o huevos. Los hermanos también poseían su huerto y gallinero, justo donde hoy están las clases de párvulos en la esquina norte del colegio. En los hogares de antaño era costumbre sacrificar un conejo cada domingo para hacer la paella casera, y los gallos por Navidad.

Hecha la donación que ayudaba a subsistir a aquellos hombres ascetas y sacrificados, te recompensaban con algún bolígrafo o algún dulce, que aún en su aparente insignificancia, eran una joya dada la precariedad de la época. Corría poco dinero para gastar en chucherías y en las clases se escribía, o con lápiz, o con tinta en plumilla. Había un encargado que repostaba la tinta en los tinteros individuales de los pupitres. ¡Dios qué tiempos!

Pero el gozo mayor era la salida al campo en excursión. Los de mi grupo solíamos ir o al castillo, o al más de Marco. En el castillo se escenificaban auténticas batallas medievales, donde los ripios silban por todas partes, y las espadas de caña eran un peligro, pues las heridas astillosas de este vegetal se "endiñaban", palabreja de la época, que entiendo significaba que se infectaban con facilidad. En esa jornada se expandían las energías contenidas en los múltiples juegos de contacto de moda, que eran la mayoría. También era una jornada para descubrir nuevos horizontes, alejados de los andurriales del pueblo. Los hermanos y algún maestro, controlaban a aquella ruidosa chiquillería como podían, si alguien se hacía daño, lo curaban con esparadrapo, alcohol y mercromina. Y a otra cosa.

Recuerdo que de más mayores nos llevaban en autobús a la vecina población de Figueroles, en concreto al Mas de Villalonga. Y desde allí ascendíamos por aquellos riscos como cabras, descubriendo elementos del paisaje desconocidos y que algún Hermano, intentaba aleccionar sobre ciencias de la naturaleza. Todos esperábamos con impaciencia ese día festivo, Santa Catalina era una jornada de asueto entre el inicio del curso y las vacaciones de Navidad. Una válvula de escape para jugar con los amigos, una vez más y fuera de los muros del colegio, donde se jugaba a todo lo jugable con pasión y euforia.

Ahora también se hace la Catalina, por mi información suelen ir a San Vicente, al parque y contornos domesticados de la ermita. Los cuatro colegios se turnan cada semana para tener espacio, van los niños con sus profesores y también van padres y/o madres. No sé qué sentido se dará a esta jornada hoy en día, y si se mantendrá aquella benéfica costumbre de auxiliar a los maestros. Supongo que no, como también supongo que los niños de hoy, no harán las trastadas que nosotros hacíamos en los años sesenta del pasado siglo. Todo ha cambiado en extremo, y me temo que los profesores no llevarán ya esparadrapo, alcohol ni mercromina, sino un contrato firmado de nula responsabilidad y un asesor en derecho, por si acaso.

Y es que la locura nos invade hasta el agobio. De acuerdo que los tiempos han cambiado, pero hay una neura proteccionista que espanta por un lado y una agresividad patológica por otra. El mundo de la educación que debería ser una balsa de aceite, es un polvorín a punto de que un chalado le prenda fuego y vuele todo por los aires. Que si acoso escolar, que si le pegan al profesor, que chateando con el móvil en clase, huelga de deberes, que si me toca este colegio pero yo quiero ir a otro, que la LOGSE es una porquería, que la LOMCE lo es aún mayor. Que si los consejos de padres y madres y abuelos y abuelas y primos segundos, guerrean con la dirección del centro escolar...pero oigan ¡qué estrés! Y luego, al final de todo, lo más importante... ¿Salen preparados?

Pero garreados para enfrentarse a la vida real, la de verdad y no la de algodones y fantasía, trajinada hasta la fecha. Esa vida mundana, donde si llegas a cuadrar que tiene tela, cualquiera te echa los perros, y se ríe en tu cara si no sabes salir del apuro, ya sea profesional, conocimientos, de idioma, o de mera convivencia con el kukluxklan profesional que te ha tocado en suerte. Ay, Señor, Señor, como está el patio, y encima, algunos "profes", no todos por supuesto, profesando con sibilina efusividad su ideario político, abusando de la influencia que poseen ante criaturas inmaduras. Eso sí, siempre de forma sutil y sin que se note mucho, o con desparpajo que tanto da que da tanto.

Ánimo a los que son conscientes de esta nueva involución cultural, cada vez más descarada. Los mismos que criticaban el adoctrinamiento del pasado hacen lo mismo, pero barriendo para su casa. La que sea. Al final, siempre el mangoneo político de entretelas. ¿Es que la Enseñanza no puede ser eso, simplemente educación y conocimientos? Apañados vais como queráis que vuestros hijos sean libres de elegir, sin ningún ideario premeditado. Apañados los que aún creéis en valores como mérito, disciplina y esfuerzo. Enhorabuena a los padres que tenéis claro que en la escuela se enseña y en casa se educa. Que la responsabilidad es compartida.

Yo ya no entro ni quiero entrar en esa batalla. Se me fue el tiempo. Soy de otra época más montaraz y ruda, pero –cada día estoy más convencido- que fue más auténtica. Y para los de ese tiempo que ya no volverá, siempre nos quedará Santa Catalina, la ofrenda y la tía Primitiva, la Excursión, los ripios del arca con su esparadrapo, el alcohol y la mercromina. Tempus fugit.

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Porte les cadenes per a lligar al dimoni, Vitol! Vitol a sant Antoni!
Els que som nats els 40, 50, 60 i 70 si ho haguérem fet a partir del 2000, ni jugaríem a rompes, a boletes, a pot, a matafuri, a "parao", al "burro", amb la rodeta de ferro i el ganxo, al passo, a salta cavalls... ni envejaríem a qui tenia una bicicleta de dues rodes, un bon carret de "rosses", comprava tebeos, ni cagaríem en el comú que calia trau-lo quan estava ple, ni la nostra mare aniria a rentar la roba i escurar els plats als llavadors, criar ronya a l'hivern, anar a per aigua a la font, guisar amb serradura, llenya o petroli, dormir en matalàs de pellerofes o de llana...
Enviado el 26/11/2016    
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