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Camins de l´Alcora
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Por Vicent Albaro
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A pie por el secano Alcalatén

21/10/2014
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Va de caminos y caminantes, rutas de pequeño recorrido como de media jornada; o a lo sumo, jornada completa, son aquellas que trajinaban nuestros viejos con asidua regularidad, en tiempos de vida rural y agrícola, tiempos olvidados pero reales, basados en la economía de subsistencia y la producción de algarroba, cereal, leguminosas, aceite y vino. Tiempos en los que trabajar en una cerámica, fuera basta o fina, era un privilegio. Tiempos a los que mucho me temo, nos volveremos a ver abocados si la cosa no cambia en poco tiempo, y haría falta un milagro de los de antes, de los que hacen nacer una tradición pura  e impoluta,  sin contaminar, y no creo que los cielos anden muy propicios a la complacencia, ni los mortales sensibles al favor taumatúrgico. 

Alguno que me lea pensará en la exposición de variados cultivos, que desvarío. Cómo si este erial sediento e improductivo, pudiera haber sido tiempos ha, un primoroso jardín agrícola. Alguno que me lee no sabrá que hace muchos años, no había jubilaciones ni cartillas en las cajas de ahorro. A lo sumo unas pesetillas bajo el ladrillo y ni eso. Así que concluidas las cosechas, una persona jubilada con necesidad podía solicitar a la hermandad de labradores y ganaderos, un permiso para “espigolar”, o dicho de otra manera, recoger los restos de cosechas que quedaron en los campos ajenos para uso propio. Y así sobrevivir, porque la cosa estaba muy agria y todo era bueno para llenar el saco. Eran los tiempos cuando el paso de los tordos en octubre, representaba una cosecha más, o una forma de adquirir las buenas pesetillas que tanto bien le harán a la economía familiar. Y los rurales estaban para guardar cosechas y campos, y no para asediar y amedrentar a los cazadores.

He caminado mucho por las sendas de nuestra comarca, he visto paisajes, pueblos y gentes. Y salvo cuatro detalles nimios, todos estamos chapados del mismo lustre. Bancales escalonados, pared de piedra seca y secanos abundantes. Fuentes raquíticas pero salutíferas. Esto que en algún tiempo parecía una maldición bíblica por aquello de agachar el lomo a golpe de azada, constituye hoy, una obra maestra de arquitectura rural y del ingenio del hombre para sobrevivir en las condiciones más duras. Bancales en los picachos de las montañas de apenas dos metros de anchura, con una pared de piedras calizas de perfecta factura y rectilínea gravedad, es una obra de arte se la mire por donde se la mire. Por una sencilla razón, ya no hay oficio para rehacerla ni voluntad que la anime.  Así que cada “solssida” de estas bellas paredes de piedra caliza, bruñida por el sol y la lluvia, es una monumental desgracia patrimonial.

Hay pueblos donde en los últimos años, se ha venido cuidando esta arquitectura. Allí no han gozado las bondades de las décadas de riqueza industrial, y conservar la finca familiar era casi un deber de genealogía.  Pero los años pasan, los viejos mueren y los jóvenes no están por la causa. Máxime por estos andurriales irredentos donde hay que hacer escalada para acceder a ellos. Ya lo decía un tratante de fincas, si no tiene acceso al tractor, no vale nada. Pasto de pinos y aliagas, pasto del fuego. Por eso cuando miro esos mulos en la cuadra, los últimos y ya por poco tiempo, me percato de su extraordinario valor. Un valor que no ve nadie, pero son los únicos que pueden devolverle el lustre a ese paisaje asfixiado por un pinar anárquico, y económicamente nulo. En el mercado, el pino no vale lo que cuesta de cortar pelar y sacar a pista de camión.

Por lo tanto el erial improductivo lo domina todo, lo engulle todo hasta a nosotros mismos. El campo está en estado de perdición y no tiene remedio. Los pueblos del interior sufren la plaga de  la moda de las cabras para señoritos con VISA, que lo ramonean todo, las cabras y las visas se entiende. Para todos y sin excepción, sequía a manta que lo mata todo. Y en especial, mi pueblo que en sus tiempos fue un gran productor de algarroba y que tuvo los arrestos de lograr construir un embalse, plantando cara al caciquismo local. Ese mismo pueblo que vive inmerso en un permanente parque temático de jolgorio y eventos, del más variopinto pelaje. Para mayor gloria de sus ediles con mando en plaza y chequera al uso. Temáticas, haciendo alusión, la mayoría de las veces a su tradición rural que ya no existe, o se resiste en una pobre caricatura de lo que fue. Y los que tienen la suerte de cobrar nóminas de las fábricas, cada vez serán menos ya lo mejor evocan también a la fábrica Gran, que también se murió y con la añoranza, vivimos ilusionados del “remember”, y es que tengo esa amarga sensación de que todo es un lastimero recuerdo, una evocación de que, cualquier tiempo pasado nos parece mejor. Y lo más cruel es que a lo mejor es cierto.  Y para mayor desgracia, si nos quedamos sin jubilación como nuestros bisabuelos, no podremos ir a “espigolar” entre las aliagas y el coscojo.

Porque salir al campo será en vano, como no vayas vestido de fosforito en plan treking, footing, maratoning, mountain bike, etc. pues el labrating, hazading, paretating, cosechating, etc. estarán extinguidos y sólo los podrás ver conservados en formol tradicional, cualquier “finde” temático en la avenida General Michavila o adyacentes, inaugurado por las autoridades, reina y damas; con acompañamiento de invitados, a los sones del dulzainero, de gigantes y cabezudos, y público en general. Que siga la fiesta y tomemos cafeses.

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