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Por Vicent Albaro
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De mosquitos, garrapatas y otra fauna

24/07/2014
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¿Pero qué pasa, a ver, es que éstos animalitos no son dignos de compasión? ¿Qué tiene de más un perro que un insecto? A los animales se les quiere a todos, o no se les quiere, vamos digo yo.  Tanto debería dolerle a un animalista, el abandono de una mascota en la carretera, como negarle el alimento al chupóptero mosquito tigre, nativo en los humedales de la costa.  Y que además es lo único que sabe hacer, nacer, chupar sangre, procrear y morir. Morir de una soberana palmada, en la cámara de gas marca Fogo u Orión en aerosol o similar, o exterminio masivo de avioneta en picado por los exclusivos parajes de las playitas veraniegas.

No me hagan mucho caso en esta crónica, los calores deben haberme afectado las meninges y puedo chochear, además a mi edad casi es lo propio. Pero es que yo, perdonen, nunca he logrado ponerle frontera entre comerse una buena perdiz escabechada,  o una becada estofada, o un zorzal frito con cebolla a una centolla, un carabinero, gambas de Denia, langostinos de Vinaroz o sepias a la plancha. Los primeros del género emplumado y volátil, tienen defensores acérrimos, tan acérrimos que te montan una guerra santa, vamos una cruzada de esas del Reino de los Cielos sin Orlando  Bloom en Balian de Ibelin, por comerse estas deliciosas carnes. Sin embargo esos mismos y aguerridos paladines de lo pajaril, estarán chupándose los dedos y poniéndose morados, ante una docena de gambas o langostinos regados con una birra fría, servida en copa fría y al son armonioso de las olas del mar. Y digo de las olas del mar, porque en esta España nuestra, desconocida y sin madre que la parió, ya no se estila la canción del verano, con lo bonito que era ponerle banda sonora a los ligues del estío.

La playa estaba desierta, el sol bañaba tu piel, cantando con mi guitarra, para ti María Isabel, o Eva Maríaaaa se fueeee buscando el sol en la playaaa. O Shalalalala Oh-Oh-Oh, un rayo de sol, Oh-Oh-Oh;  bailemos el Bimbóooo-Bimbó-Bimbóoooo, el Chiringuitoooo, el Chiringuitooo, si es que a Georgie Dann había que hacerle un monumento en las verbenas de los pueblos, una escultura gigantesca que pusiera: “Con sus ritmos bailamos y nos divertimos, hasta nos enamoramos un poquito, tanto, que no notábamos los picores de los mosquitos”. Punto y aparte.

Anda la prensa aireando plagas de mosquitos que agujerean la delicada piel de los turistas, y se quejan de que los ayuntamientos no pongan remedio. El remedio es gasear a los susodichos mosquitos, para que dejen de chupar la sangre a los veraneantes, porque claro, sino solucionan el problema de las picaduras, peligra la estancia y el negocio. Ya se sabe, los mosquitos son unos bichos inmundos, jeringuillas volantes que te taladran sin compasión, a traición y con nocturnidad. Nada hay más pavoroso para el humano ser, que esas noches de basca pegajosa e insoportable, donde conciliar el sueño es misión imposible, escuchar en la oreja el finísimo motor a reacción de las alas del mosquito chupador.  ¡Alerta máxima, esto es la guerra! Y si los nativos eran perforadores, ahora ha llegado de la Cataluña estelada, el mosquito Tigre, que como su nombre bien indica, es de una ferocidad mayor al común, vamos que además de perforarte y chuparte, te da una de leches al estilo Chuck Norris, que te caes de culo.

Pero hombre, si liquidan a los mosquitos por aéreas incursiones, o fumigando las marjales, ¿Qué comerán los mosquiteros , papamoscas, carriceros, zarceros, currucas, buscarlas, reyezuelos, papamoscas, chochines, golondrinas y vencejos? Heyyy, los del Gecén y cía, ¿estáis por ahí? Silencio se rueda… se rueda la tontería, la gilipollez y la demagogia barata comprada a raudales, por casi todos los contagiados de la moderna tontunez. Y es que los que somos de pueblo, que nos hemos criado matando y despellejando el conejo para la paella dominical, no tenemos remedio. Me lo dice una buena amiga animalista, a quien mucho quiero,  pero que en este asunto nos divide un insondable fondo abisal. Los de pueblo que matábamos el conejo para la paella, -ahora están troceaditos,  limpitos, blanquitos; ojo nada de sangre a la vista, en los supermercados y carnicerías-; pues estos feroces cromañones,  también teníamos perros y gatos. Era tal el aprecio para con ellos, que los perros acompañaban al dueño al trabajo diario, y los gatos tenían hasta “pase per nocta”, con su gatera particular en la puerta principal de la vivienda, para que la usara a su antojo y pudiera ir y venir con sus amoríos y verbenas gatunas, sin una “inanimala”, doliente y moderna castración. Nunca un animal ha estado más integrado en la familia como entonces. Ni se abandonaban en la gasolinera, ni se dejaban a los padres y abuelos porque me voy de finde a Andorra con mi boy. Oigan, un respeto. Entonces los animales domésticos tenía su utilidad y su dignidad, ya fueran charnegos o de raza, cosa más bien rara lo del pedigrí. El creced y multiplicaos era igual para todo quisqui, lo mismo que ahora.

Otros humanos seres se quejan de los solares llenos de hierbas, donde pululan pulgas, ratas y culebras. Sin comentarios. Las ratas y las culebras tampoco tienen compasión ni derechos, son molestas y hay que aniquilarlas. Hablan hasta de las garrapatas, y es que en verano pues hace sol, se cosecha el trigo, hace calor y claro… estos animalitos malignos que están  entre araña y hormiga, que tiene un pico chupador de trompetilla, se te pega a la carne y ala, a chupar.  Y se ponen gordas y brillantes como una oliva parda, asquerosas y peligrosas para la salud. Y ojo al arrancarlas que se puede quedar el aguijón dentro e infectarse la herida.  Y es que claro, estos animalitos lo tienen muy difícil, porque en verano nacen chiquititas, se suben a los hierbajos y cuando pasa un bicho de sangre caliente se te pegan al cuerpo y hala, al vicio de chupar. Cuando había rebaños trashumantes lo tenían más fácil, ahora que no hay ná de ná, pues hay que pillar lo que se pueda, aunque sea la piel de un tierno infante. Y vuelvo con mis quebrantos anteriores, ¿tienen igual derecho una garrapata que una mariposa Isabella Graelsia? Pues va a ser que no.

Así que nada, me quedo como cuando empecé. Feliz verano, que los mosquitos se apiaden, las garrapatas no se peguen a la carne, las pulgas no salten y las culebras hibernen, porque los humanos tenemos que aprovechar el buen tiempo en la playa o en el monte. Y los del interior ojo con los tábanos…ayyy, esos sí que tienen peligro, y los alacranes, y el ciempiés, y el abejorro, y…coño,  esto parece la jungla de Frank al lado de casa, y yo sin enterarme. Querida amiga defensora del reino animal, perdona a tu australopitecus amigo, que no lo dice con mala intención, y que solo pretende aclarar estas dudas existenciales del humano ser.

Y lo dicho, me va lo mismo una perdiz estofada que una docena de langostinos de Vinaroz. Buen provecho y a quien le pique, que se rasque que mosquitos, haberlos, haylos.

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Listado de comentarios

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José Manuel Puchol Ten
Total acuerdo con el autor
Suscribo plenamente tú escrito Vicente. Este mundo está lleno de sociedades protectoras no se sabe bien de qué.
¿Depende de qué tipo de animales, raza o color? ¿Depende de qué arbolado o arbusto?
¿Tienen coches y circulan por carreteras asfaltadas que matan animales y para construirlas han hecho desmontes, talado árboles, y encauzan los ríos con hormigón?
Me pregunto ¿Qué comen sus afiliados?
Una cosa es regular y ordenar, y otra bien distinta prohibir.
Enviado el 28/07/2014    
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