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La archidiócesis de Valencia celebra este jueves la Jornada Mundial del Enfermo bajo el lema "Cuidémonos mutuamente"

    La archidiócesis de Valencia celebrará este jueves, 11 de febrero, la Jornada Mundial del Enfermo, celebrada en el día de la festividad de Nuestra Señora de Lourdes –marcada este año por la situación sanitaria– bajo el lema “Cuidémonos mutuamente”.

    “Para todos nosotros, supone una particular invitación a reflexionar sobre la importancia que adquiere el cuidarnos los unos a los otros como expresión directa y práctica del mandato divino del amor al prójimo”, según indica el delegado episcopal para la Pastoral de Enfermos y Mayores, Luis Sánchez, que añade que “el cuidado mutuo no se circunscribe a la dimensión corporal o social, sino que alcanza también, y de una manera muy importante, al ámbito trascendente, con la atención espiritual, que deben recibir nuestros enfermos y sus familiares, así como el cultivo de la oración de intercesión”.

    Precisamente, la delegación diocesana de Pastoral de los Enfermos y Mayores de la diócesis de Valencia ha preparado diversos materiales para la celebración de esta jornada que ha enviado a parroquias, hospitales y residencias de mayores, entre otros centros.  Entre ellos figuran carteles y subsidios litúrgicos así como una carta que dirige el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y el mensaje del papa Francisco.

    Cardenal Cañizares: “Estos momentos de pandemia, por muy duros, descorazonadores y tristes que sean nos acercan a Dios”

    Con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, el cardenal arzobispo de Valencia dirige  una carta a la diócesis en la que asegura que “la pandemia tan cercana y envolvente, y esta jornada nos hacen pensar en la enfermedad y en los enfermos, sacerdotes, diáconos, religiosas, asistentes personales y los que están a su lado, familiares...sufriendo, orando, consolando, acompañando junto a los que padecen la enfermedad que sea y en la fase o situación que se encuentren”. 

    “La realidad dolorosa de las personas enfermas, nos hacen sentir en nosotros sentimientos de compasión y de fe; nos acerca a Dios, que como buen samaritano, no pasa de largo de nuestras heridas, nuestros males y sufrimientos, sino que los hace suyos y con ellos se identifica y nos conforta y trae curación”, indica el Cardenal.  Así, “estos momentos de pandemia, por muy duros, descorazonadores y tristes que sean, nos acercan a Dios”.

    Asimismo, el Cardenal también destaca que “la enfermedad y la vejez nos hacen vivir más y mejor cara a cara ante Dios, señor de la vida y de la muerte, y ser conscientes que en la vida y en la muerte, en la plenitud de fuerzas, o con estas fuerzas debilitadas o casi nulas que experimentamos en la enfermedad, somos del Señor, y nos hacen o ayudan a volver a Dios, y nada temer, ni de nada asustarse, implorando su misericordia, su ayuda, su consuelo, su curación, si Él quiere”. 

    Conforme expresa el Arzobispo, “es necesario que todos, enfermos y sanos, familias, podamos ver y veamos, y comprobemos, en medio de los sufrimientos propios  de nuestros hermanos, sobre todo si son cercanos, que la enfermedad de cualquiera de éstos puede ser ocasión para descubrir a Dios que tanto nos quiere y vivir con esperanza y confianza la visita de Dios: “lo que Dios quiera”, repiten tantas veces, en medio de dolores y angustias, los enfermos, sus familiares, personas queridas, y así nos lo están diciendo en este tiempo “sólo Dios es mi único consuelo”, “sólo Dios basta”, “sólo necesito a Dios, que no me abandone”, “sólo Dios es necesario”.

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