5 de marzo de 2021 5/3/21

Javier Gil: «Airbnb es un modelo profesionalizado basado en lógicas mercantiles decoradas de economía social y colaborativa»

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    El doctor en Sociología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Javier Gil, ha analizado la realidad del sector del turismo y cómo se ha visto afectada por la crisis económica en el II Simposio Internacional: Ética del Turismo, organizado por la UJI, la Agencia Valenciana de Turismo y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, y que ha estado inaugurado por el secretario autonómico de Turismo de la Comunidad Valenciana, Francesc Colomer.

    La ponencia de Gil se ha centrado en su tesis doctoral que pivota sobre la empresa de alquiler de alojamiento Airbnb como ejemplo de la transformación neoliberal a través del turismo en un contexto de crisis. Ha declarado: «Airbnb se ha convertido en el gran reflejo de los procesos y cambios en torno al trabajo, consumo y relaciones sociales que han tenido lugar a partir del 2008». El sociólogo ha subrayado la importancia de la retórica de la empresa, basada en «discursos afectivos, sociales y de cuidado» y en una economía sostenible y colaborativa que «invisibiliza la parte mercantil del proceso».

    «Es un discurso naíf e, incluso, peligroso, que vende una democratización del hospedaje, apoyo al comercio local e impacto medioambiental positivo», ha afirmado. Sin embargo, Gil puntualiza: «Para que estos valores se consiguieran en la realidad su actividad debería centrase en el hospedaje de casa de particulares, no de empresas; en barrios no turísticos; en que los huéspedes y los anfitriones compartan la vivienda; y en el alquiler de habitaciones, no de viviendas enteras», puntos básicos para que Airbnb «sea realmente una empresa de economía colaborativa», pero que se contradicen con los datos obtenidos en el análisis cuantitativo de la tesis de Gil. Estadísticamente, predominan los alquileres de alojamientos enteros en los que el huésped no entra en contacto social con el anfitrión. Existen también muchos anfitriones que son empresas de alquiler y no particulares. El resultado: «Pocos actores controlan gran parte de un mercado de hospedaje que, además, se centra en su mayoría en territorios turísticos. Vemos que Airbnb no rompe con los modelos económicos tradicionales».

    Para el sociólogo el anfitrión es «un trabajador encubierto no reconocido ni laboralmente ni judicialmente que debe crear una sensación familiar, íntima y de confianza con el huésped escondiendo su motivación económica». Gil ha remarcado que para la empresa y sus anfitriones las viviendas funcionan más como un bien de inversión y no como uno de consumo colaborativo: «Su retórica se enfrenta con los datos. Intenta legitimar una relación mercantil con valores sociales relacionados con el cuidado a los que añaden un valor».

    Tras presentar una serie de entrevistas realizadas para su tesis, Gil ha apostillado: «Existe un pequeño sector de anfitriones que no especulan y sí llevan a la práctica los discursos de cuidado e intimidad de Airbnb, aunque suelen ser casos motivados por razones económicas». En este sentido, ha sintetizado estos casos en dos tipos: familias acomodadas que por la crisis no consiguen acceder al alojamiento que desean y utilizan la empresa para ascender socialmente o personas precarias que necesitan esa ayuda económica para mantener el hogar.

    «Hay gente empobrecida que encuentra beneficio en su cotidianeidad. Se invierte la lógica de las funciones normales del hospedaje. El anfitrión no elige su propia rutina, la gestiona alrededor de las posibilidades económicas de su alojamiento», ha remarcado el sociólogo de la UNED, que concluye: «La sociabilización de los anfitriones se miden en términos económicos y logísticos para terminar racionalizando la intimidad. La realidad de la empresa es que se distancia de los discursos afectivos de su retórica y se acerca a las lógicas económicas y las relaciones mercantiles».

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