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Etiquétame

    Me aburre la hipocresía con la que la gente vive su vida, cómo mienten y (se) engañan. Me enfada ver que las personas se muestran de una forma que ni por asomo son, repetidamente. Porque entiendo que tengamos cuidado de nuevas, y que no juguemos todas nuestras cartas en la primera mano. Pero no podemos fingir eternamente. Me agobia esa necesidad de algunos de sentirse por encima de los demás solo por auto cumplir egoísmos. Me cabrea que se juzgue, critique y se etiquete como si fuéramos dioses. Cuando resulta que ni al espejo sabemos mirarnos.

    Aunque viendo cómo de feroz está el mundo últimamente, entiendo que las personas no se arriesguen a una autenticidad y procuren sus propios cuidados. Hasta yo, que de buena soy tonta (imbécil diría), siento la necesidad cada vez más férrea de cumplir por y para mí. Y como mucho, mucho los míos. El resto puede esperar y comprender que se priorice. Y me da igual que se considere egoísta. ¿O vamos a ser tan hipócritas de no reconocer que todos lo hemos hecho o al menos pensado alguna vez?

    De verdad que me sabe mal pensar así, al final de una forma u otra los prejuicios caen, las etiquetas se ponen y todo se generaliza. Así es normal que nos cueste ver lo auténtico en las personas. Apreciar, incluso, todo el trabajo que muchos hacemos por ser las personas que nos hemos propuesto ser. El día de mañana, muchos queremos ser ejemplo de algo, pero el presente a veces es tan demoledor -y nosotros lo hacemos más terrible- que tirar la toalla parece una buena opción.

    Por ejemplo, cuando alguna vez (casi nunca) tengo una cita o un chico demuestra interés en mí y me pregunta de primeras por mi pasado y mis historias sé que no voy a ir mucho más lejos de esa cita. ¡Qué manía con querer conocer los descosidos! ¿No es mucho mejor conocer el resultado del presente y te evitas etiquetas? Ya llegará el momento en el que la confianza de paso a conocer los charcos por los que hemos tenido que pasar. Mientras, asegúrate de si estás ante una buena persona que nada tiene que esconder o de alguien que no te conviene.

    Pero no, mejor etiquétame como te de la gana. A mí y a todo el mundo. Seguro que aciertas en todo y el pasado te va a definir con total claridad la persona en cuestión. Déjate guiar por las impresiones y primeras tomas de contacto, y júzgale por haber hecho esto y lo otro. Seguro que te sientes mejor persona después. ¿A que sí? Por favor, no caigas, caigamos en esa trampa. Seamos más inteligentes. Más prudentes. Dejemos que sea el tiempo quien nos abra puertas hacia esa persona que puede convertirse en un gran amigo, compañero de trabajo… Quién sabe, la vida y esas vueltas de campana que suele dar.

    Ir por la calle se ha convertido en algo parecido a surcar los pasillos del Mercadona: todo está etiquetado. “Este chico de la pulsera de España seguro que es facha”. “Esta chica de las rastas, comunista”. “El profesor de las dilataciones fijo que adoctrina”. “Esa camarera borde no caerá bien a nadie”. “Trabaja en la empresa de su madre, seguro que no se ha esforzado nada”. “¡Qué va a ser creyente esa con lo fresca que es!”. “Y se queja de ahorro, el pijo”. “La revolución de la educación que se cree, la señorita”. Aterrador, sí. Y la mayoría de los prejuicios sin mediar palabra alguna.

    Parece que nos tomemos el derecho y la libertad de coger a una persona y mirarla como si mirásemos las calorías de un producto. Como quien ve una revista y desprecia lo que no le convence. E incluso somos a veces ese profesor que llama “tonto” delante de todos al que no le cae bien. Nos hemos convertido en nuestro propio tribunal inquisidor, que con la mano de hierro es capaz de señalar y condenar los pecados que él mismo comete. Lo cierto, es que nos gusta etiquetar esto y lo otro como si la humanidad fuera el almacén de Ikea.

    Porque sí, la verdad, en una sociedad cada vez más dada al poco esfuerzo, a la nula empatía y a la ignorancia, es creíble que sea más fácil etiquetar que conocer. Porque conocer requiere valentía. Y no todos sabemos ser lo suficientemente humildes para demostrarla.

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