Los dirigentes municipales del Partido Popular de Castellón están tan concentrados en atacar al Gobierno de España que se olvidan, un día sí y otro también, de gobernar la institución que las urnas pusieron bajo su responsabilidad. A este ritmo, el Ayuntamiento de Castellón se va a convertir en un ejemplo de malas prácticas en las facultades de Ciencias Políticas. La economía local está en manos de gestores irresponsables y temerarios, que actúan sin la sensatez y la racionalidad que exige una situación de crisis económica tan grave como la que sufre España.
¿Cómo es posible que el equipo de gobierno municipal de Castellón, que maneja un presupuesto de 180 millones de euros, sólo dedique 22 millones a inversiones? ¿En qué se gasta el PP el dinero de nuestros impuestos? ¿Por qué se piden préstamos para inversiones que no se ejecutan? ¿Es normal que el PP acumule 25 millones de euros en recibos sin cobrar y que 17 millones de euros se den prácticamente por perdidos? ¿Por qué la Generalitat Valenciana no cumple con sus compromisos de financiar el Palau de la Festa? ¿Puede soportar el ayuntamiento una deuda de más de 100 millones de euros?
Este es el ‘tijeretazo’ del PP de Castellón, porque cada céntimo derrochado es un céntimo que no se invierte y un céntimo que tendremos que poner de nuestro bolsillo. Estas son las políticas económicas catastróficas de Alberto Fabra. Esta es la forma de gobernar que tienen los que dan lecciones para salir de la crisis. Si el PP es incapaz de gobernar con responsabilidad el ayuntamiento de una capital de provincia, cómo pretende ganarse la confianza de los damnificados de la crisis.
La demagogia del PP es inconmensurable y demuestra que su única voluntad es contribuir al deterioro de la economía para sacar rendimiento electoral. Un partido que actúa con tanta deslealtad hacia el Estado no se merece asumir la responsabilidad de sacar a España de la crisis. Es intolerable que quien está echando gasolina al fuego, para que las llamas se extiendan y lo arrasen todo, se presente ante la ciudadanía como el bombero que apagará el incendio. Menudo ejemplo ético nos están dando Rajoy, Camps y los Fabra.