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La piel tiene memoria: el aviso de un dermatólogo valenciano sobre el sol y el cáncer de piel

La piel tiene memoria: el aviso de un dermatólogo valenciano sobre el sol y el cáncer de piel
  • Onofre Sanmartín, profesor de la Universitat de València, señala que la radiación ultravioleta está detrás de la mayoría de cánceres de piel y advierte de los riesgos de quemaduras, la falsa seguridad del bronceado y los bulos contra el protector solar

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El sol forma parte del verano, de la vida al aire libre y también de la salud. Ayuda a fabricar vitamina D y puede mejorar el estado de ánimo, pero la exposición sin protección tiene consecuencias que la piel no olvida. La radiación ultravioleta es la principal causa de más del 90 % de los cánceres de piel, la neoplasia maligna más frecuente en la especie humana.

Así lo recuerda el dermatólogo Onofre Sanmartín, profesor titular de la Universitat de València, que advierte de que la prevención no depende solo de ponerse crema solar, sino también de conocer el tipo de piel, elegir bien los horarios, entender el entorno y no caer en mensajes sin base científica que minimizan el daño solar.

Cuando una persona se expone al sol, hay dos formas especialmente peligrosas de hacerlo: la exposición crónica acumulada y la exposición aguda e intermitente. La primera es el daño que se va sumando a lo largo de la vida. La segunda, muy habitual en vacaciones, aparece cuando se pasa de meses con poca radiación a jornadas intensas de playa, piscina o montaña.

“Estamos escondidos durante el invierno, pero salimos al sol en verano y nos quemamos; el color rojo que se adquiere con mucha exposición se llama eritema solar y es una quemadura por radiación que indica una exposición inadecuada”, explica Sanmartín.

El bronceado no siempre es buena señal

El especialista insiste en que la piel “recuerda” la radiación recibida. Las quemaduras solares no son solo una molestia puntual, sino una señal de daño. La exposición intermitente e intensa es, según Sanmartín, “a la que nos enfrentamos la mayor parte de nuestra vida y la que conlleva mayor riesgo al producir mutaciones en las células dérmicas, convirtiéndose en la causa directa de más del 90 % de los cánceres de piel”.

Entre los distintos tipos de cáncer cutáneo, el más frecuente es el cáncer de piel no melanoma. “De hecho, no se incluye dentro de las estadísticas de incidencia por cáncer, ya que, al ser tan frecuente, las alteraría todas”, apunta el dermatólogo.

Este tipo de tumor está causado en la mayoría de los casos por la radiación ultravioleta del sol, especialmente cuando se combina la exposición crónica con las quemaduras solares. Por eso, aunque el sol tenga beneficios, tomarlo sin control puede acabar generando mutaciones que favorezcan la aparición de cáncer de piel.

UVA, UVB y UVC: no toda la radiación actúa igual

La radiación ultravioleta se divide en tres tipos. La UVA representa alrededor del 9,5 % de la radiación solar y es la responsable del bronceado, pero también de la oxidación de la piel y del fotoenvejecimiento, con arrugas y manchas.

La UVB, aunque supone solo el 0,5 % de la radiación, es especialmente relevante porque interviene en la síntesis de vitamina D, pero también provoca quemaduras, mutaciones y cáncer de piel. Es, por tanto, la más peligrosa en este contexto.

La UVC es la más energética y dañina, aunque afortunadamente queda bloqueada por la capa de ozono. Si llegara a la superficie terrestre, produciría importantes mutaciones y pondría en riesgo la vida.

El tipo de piel importa

Una de las claves para prevenir una exposición insegura es conocer el propio tipo de piel. En dermatología, se utilizan seis fototipos, definidos por la respuesta de la piel ante la radiación solar. Cuanto más fácil se quema una persona y menos se broncea, más bajo es su fototipo.

Los fototipos 1 y 2, habituales en personas con cabello rubio o pelirrojo y ojos claros, se queman con mucha facilidad. En el caso del tipo 2 puede aparecer un bronceado muy lento, pero el riesgo de quemadura sigue siendo alto. Los fototipos 3 y 4, más frecuentes en el Mediterráneo, también pueden quemarse, aunque se broncean con mayor facilidad.

El fototipo 5 rara vez se quema y se broncea con mucha facilidad, mientras que el 6 corresponde a pieles muy pigmentadas, con más melanina, que actúa como protector natural frente a la radiación UV. Aun así, ningún fototipo está completamente libre de riesgo.

El protector solar funciona, pero hay que usarlo bien

Sanmartín defiende que existen productos con confirmación científica de seguridad que permiten exponerse al sol reduciendo el riesgo de daño en la piel. La clave está en elegir un factor de protección adecuado y aplicarlo en cantidad suficiente.

El factor de protección solar, o FPS, indica cuánto tiempo extra puede estar una persona al sol antes de quemarse. Por ejemplo, si una piel clara empieza a quemarse en 10 minutos y utiliza un FPS 10, podría multiplicar ese tiempo por diez. Con un FPS 50, la protección teórica sería mucho mayor.

Sin embargo, el dermatólogo advierte de que esa protección real solo se consigue si se aplica la cantidad adecuada. “Si una persona utiliza un FPS 50, pero se pone muy poca cantidad, en realidad no obtiene ese factor de protección, más bien obtendrá un FPS de 10 o 20”, señala.

El problema es muy frecuente. Según Sanmartín, si se aplicara la cantidad recomendada por el fabricante, un protector solar duraría una o dos semanas. Sin embargo, muchas cremas solares acaban durando casi todo el verano, lo que indica que se está usando menos producto del necesario y, por tanto, obteniendo una protección más baja de la que marca la etiqueta.

Por eso recomienda utilizar factores altos, especialmente si se aplica poca cantidad, y renovar el protector con frecuencia cuando la persona se tumba al sol, suda o se baña.

El Mediterráneo y las horas de más riesgo

El entorno también importa. En el Mediterráneo, la radiación solar es intensa durante buena parte del año. Sanmartín recuerda que, desde mayo hasta finales de octubre, la exposición solar es elevada y la incidencia de radiación UV puede resultar dañina si se acumula en exceso.

La planificación de horarios es una medida básica. El tramo comprendido entre el mediodía y las 16.00 horas suele concentrar la mayor radiación UV, por lo que evitar la exposición directa en esas horas ayuda a reducir el riesgo.

Además, hay que tener en cuenta la refracción. Superficies como la arena, el agua o la nieve reflejan los rayos UVB y pueden duplicar la dosis recibida: la que llega directamente desde el cielo y la que rebota desde la superficie. Por el contrario, las superficies oscuras absorben más radiación y reducen ese efecto rebote.

Bulos peligrosos contra el protector solar

El dermatólogo también alerta de la difusión de mensajes “seudocientíficos” en redes sociales sobre el sol, la radiación UV y la salud. En los últimos tiempos, han aparecido discursos contra el protector solar e influencers que promocionan cabinas de rayos para el bronceado o supuestos beneficios sin evidencia.

“Es una información engañosa que pone en riesgo la salud al negar las medidas de prevención, como reconocer los fototipos, utilizar protector solar y alejarse de las camas de bronceado”, reflexiona Sanmartín.

El especialista insiste en que las recomendaciones médicas no buscan demonizar el sol, sino evitar sus daños. “Los dermatólogos damos recomendaciones basándonos en estudios científicos y experiencia clínica. Yo no escucharía a celebridades sin formación científica, preferiría atender las indiscutibles evidencias médicas, que son una oportunidad para reducir el cáncer de piel”, concluye.

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