3 de junio de 2020 3/6/20
Por Ángel Padilla
Yo, animal - RSS

No tenéis motivo para rendiros

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    No tenéis motivo para rendiros- (foto 1)

    Miradme a mí,
    yo desde niño no quería crecer, ser mayor, odiaba la palabra adulto,
    porque me fijaba en mi padre, maltratador, y durante años, siete hermanos,
    a cuál quedó “peor”, yo ya con quince años
    me autolesionaba, bebía a veces, alcoholes fuertes, para no soportar mi realidad
    de sentir que no encajaba en un mundo que aborrecía,
    después dos años de anorexia, y pensar y pensar en la muerte
    como única solución
    a soportar una vida que no sentía para mí.
    Y luego, qué más os puedo contar que no sepáis, el amor, el bendito amor, con
    su dolor y sus luces. Hasta que poco a poco supe que
    no era el mundo el que tenía que vencer, no era el mundo el horrible
    sino yo y mi forma de mirar la palabra victoria.
    No venimos aquí a ganar, sino a resistir y dar lo que poseemos,
    no estaba loco como creía mi padre, sino que soy un artista,
    ved cada uno para lo que valéis, para
    lo que habéis venido
    y defendedlo con fuerza
    hasta el final.
    Olvidad pasado, presente y futuro. Todo es el instante. Y preparar alfombra roja al siguiente.
    Después de tiempos de rupturas en el corazón
    me dije: ya no más: escribiré mis obras literarias y luego tendré una muerte romántica,
    de poeta. Lo decía con firmeza, seguro de tener el guión literario vital exacto. Lo juro.
    Hasta que encontré a Iratxe en una protesta por toros embolados,
    ella me defendió como mujer, dijo que iba como abogada y activista
    pero desde allí comenzamos a decirnos,
    a mirarnos, a saber
    que todo lo que habíamos vivido era para encontarnos.
    48 años ella, 49 yo.
    Cuatro perros, seis gatas, una tortuga, todos rescatados. No digas nunca:
    jamás encontraré mi sueño.
    Mírame a mí,
    más chulo que un ocho,
    con mi mente torcida, eso sí, loco como pocos, pero eso es por poeta.
    Encuentra tú tu camino
    y recórrelo con humor y si puedes, alegría.
    Dijo Gil de Biedma que entonces se dio cuenta de que “la vida iba en serio”.
    Yo me he dado cuenta que lo que va, y muy en serio, es el amor
    y hacer reír a quien amas.
    Es sólo eso.
    Yo me río tanto con Iratxe que a veces tosemos sin poder respirar, de la risa.
    Y luchar juntos. Mírame a mí, tocándole los huevos al mundo. Y más que habrá.
    Con dos cojones.
    Y ella, con su coño de vasca.
    Porque lo valemos. No te jode. Estamos apuntando el cañón.
    No nos molestéis más, estamos entrenando puntería.

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