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Por Ángel Padilla
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«Sonatas y naufragios», de Amanda Eznab. Reseña por Ángel Padilla

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    «Sonatas y naufragios», de Amanda Eznab. Reseña por Ángel Padilla- (foto 1)

    "Estoy" es la primera palabra que la autora de "Sonatas y naufragios" dice en la obra.

    En el espacio primero "Canto preliminar". "Estoy", apresura a verbalizar una boca, y repite esa misma reafirmación del existir (Estoy), del sentir que se existe firmemente, como inicio del segundo párrafo, en esa primera parte del libro, espectacular como toda la obra.

    Amanda Eznab es una de las mayores poetas en lengua castellana de la actualidad. "Está" y está firmemente entre nosotras/os, cosa que debemos agradecerle porque marcha apuntalando primaveras futuras en el frente de una lucha, la mejor y más necesaria, que nace y renace desde el seno de la humanidad, la lucha por hacer ver la vida, la vida en amplio. Se podría decir que Amanda Eznab es una poeta en lucha por el medio ambiente y los animales, y por ende por una humanidad más justa.

    Amanda está y y estará, por siempre. Ella en su obra y ella en su ensimismamiento en que se convierte en lo que ve y es lo que ve.

    Ya en su poemario "La placenta del mundo" inaugura un lenguaje multibello, el primigenio. Un lenguaje que huye del antropocentrismo y se hace, sin trajes ni paredes, elementos vastos naturales. De eso no ha habido mucho hasta ahora, o casi nada, o nada. Yo (Nosotras/os), el Nosotras/os literario y vital que soy yo como poeta, nos epatamos con el impulso que mueve a esta autora para hablar desde un punto que pocos poetas, como digo, lo han hecho: desde el antiespecismo. Cuando Amanda Eznab dice "Estoy" lo dice no como certeza sino como sorpresa. Decía Isaac Asimov que el humano ha olvidado la capacidad de asombro. La sorpresa se deja atrás en nuestra cultura como un acto de debilidad, al menos como algo no útil para ser y estar en sociedad (o sea en la muerte mental). "Sonatas y naufragios" nos habla de la sorpresa que es la vida, sobre todo de la sorpresa que es la vida cuando uno aprehende que no sabe nada de sí y quizá menos de lo que nos rodea. Una sorpresa infantil, pre-infantil, una sorpresa de cosa, de ser pequeños en un multifactorial escenario de vivos y vivas y de lo-vivo sin confines y lleno de individualidades únicas y unidas por una magia desconocida (y que sea así por mucho más tiempo).

    ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?

    A poetas como Eznab no les importa demasiado eso. Sólo, si acaso, el a dónde vamos.

    Un canto de amor y respeto a la naturaleza desde la lírica más profunda y excelsa, esto se podría decir de este "Sonatas y naufragios", un arma para activistas ambientalistas y animalistas. Un artefacto hecho de palabras -los más peligrosos, pues conmueven y remueven a las 'masas'- de primer orden.

    Como con "La placenta del mundo" quedé loco. Asombradísimo, muerto de belleza ante las metáforas (¡borra eso, no son metáforas! ¡Son visiones reales, lo que la poeta Ve Existe) que describe, las observaciones que desde su mente en ensueño constante -o sea, más despierta- la poeta bruja, la poeta taumaturga, nos transfiere para que veamos cuán grande es lo que va desde nuestro cabello hasta la otra, desde nuestras manos hasta las manos que creemos más lejanas.

     

    "Estoy

    limo líticas herramientas

    oigo el graznar de las aves

    continúo

    litúrgica

    el curso del mundo

    arropo pequeñas manos."

     

    En ese "arropo pequeñas manos" está uno de los puntales del significante del estar de la poeta en el mundo que conocemos como mundo. Para ella y su discurso, nos debemos a un amor universal que sea mucho más fraterno y acaparador hacia las criaturas o cosas más vulnerables. Amanda es vegana, no admite el sufrimiento del otro, de la otra. En su vida intenta llevar unos días en que el daño que su huella ecológica -inevitable, al vivir...- sea el menor posible.

    Por eso en su compromiso vital y estético no hay excusa posible. Es una comprometida. Una activista de la palabra.

    Para luchar por lo que vale la pena, se prepara, observando, lo más profundo posible, lo más lejano posible. En la experiencia (podemos llamarlo poemario, pero claramente es una experiencia que los psiquiatras llamarían alucinatoria, que los conocedores de la gran poesía denominaríamos, sencillamente, percepción poética -la más fina y certera-) contempla las conmociones de las cosas grandes y pequeñas:

     

    "En el monte cabalgan fugitivos caballos

    ¿Se convocan para amarrarlos o dejan

    entre los naufragios del viento

    las puertas golpeándose, los siglos tumbarse?"

     

    Sin duda, estamos ante una inmensa visionaria. Sólo por la estética, este poemario merecería grandes menciones. Mas por la ética, estamos ante una obra que considero insólita y única, de las que todas/os esperábamos. Las obras poéticas 'marcadas', las que vienen como libros manuales de guerreros de la hierba, son obras que se dan como a gurús sólo a quienes el río señala.

    Es algo profundo, algo importante. Que siga la plaga de poetas editando libros aburridos burlándose de la gran poesía, que las amazonas agarradas por el tobillo por las briznas torcidas y orantes dirán, como pájaros subiendo, lo que es. Lo que debemos recorrer. Qué dejamos atrás. Quién ha muerto.

    Quién ha muerto. Y quién aún vive. Para saber. Para actuar.

    No es poca cosa. En esta habitación en que vivimos todos, lo es todo. Que despierte uno de los nuestros o de las nuestras que mejor sueña y nos cuente el sueño que nos hable de "fuera". Para salir, o para saber de la salida, de dónde la salida. Y elegir casa o cosa. Verdad solitaria o mentira grupal. O mejor, lo intermedio: un vivir con pocas certezas, las necesarias, y todas y todos en paz.

    El canto. La épica. Como la religión, la épica de los grandes cantos ha enhebrado nuestra cultura fabulosamente. Amanda es heredera de aquellas y aquellos grandes cantores de la épica antigua y, que los ha habido, de la contemporánea.

    Sólo la épica nos salvará. El 50% de la victoria está en la estética. Se sabe desde antiguo.

     

    "Es cierto. Llegamos juntos.

    Hubo viento."

     

    No fue fácil llegar aquí. Ya en "La placenta del mundo" Amanda demostró sobradamente conocer nuestra condición, más aún, la condición nuestra en relación a las demás naciones animales y nuestra relación con esta castigada tierra.

    De hecho, en este "Sonatas y naufragios" la autora nos vuelve a traer un verso inmortal y tremendo, al albur de lo dicho, el de "Yo estuve en la primer Gran Matanza".

    En la aventura vital, extracorpórea -es un decir; porque nombrar, con palabras mundanas, la poética de Eznab es baladí pues la experiencia de la lectura de sus obras es inefable- de la poeta en "Sonatas y naufragios" asistimos a nuestra propia vida, contada por Amanda. Ella recorre el mundo -natural; y ¿qué no es natural?- y se desvive por contar, por contarse, por decir, por dejar decir, por mostrar, para que viendo salgamos de una vez y para siempre de ciegos.

     

    "Yo canto desde una cueva

    por donde se asoma el mundo

    miro pasar los días

    allá abajo

    las cadenas.

    Yo canto desde una cueva."

     

    Nos dice la autora en el apartado del libro "Los remansos del bosque". Así que para ver se hunde pero también se eleva. Que, al fin, es lo mismo, sólo se disloca, se convierte en una cirujana de la belleza tumbada inerte en la fría habitación forense.

    Cuánto dolor la poesía, ¡cuánto sufren los poetas para vivir, para levantar sus libros! Desde esa cueva desde donde Amanda-Tierra (ella es los demás, todas las criaturas en el poemario, y es la tierra misma, ella y la tierra toda) ve las cosas, asomándose ve "allá abajo / las cadenas".

    Creo que pocas veces en la lírica en castellano se pueden hallar poemas de visión clara de nuestra esclavitud y de un mundo que se cree libre pero es todo lo contrario. Definiendo todo esto de las metrópolis y de los habitáculos del mundo del "progreso" del "más inteligente de los seres que existen" (según el antropocentrismo, ¡ja!), el humano. Todo aquí, humano, tu casa, tu lecho donde tanto amor atesoras, recuerdas y amarás, tu cocina, tus hijos, tus ventanas y tu corazón, eso, todo eso, sólo esto: "las cadenas".

    Por arriba de todos nosotros y envolviéndonos.

    Ruego a todas/os aquellas/os que esto leen que entren en el poemario. Debe estar en todas las casas, pasar por las manos, la bruja lo ha cantado. Fue anunciado por el río, estas verdades. Y ahora lo tenemos a mano gracias a "Buenos Aires Poetry" y a su colección de poesía "Pippa Passes".

    La palabra misma de la tierra, de una de sus hijas desnuda.

    Desnuda como la tierra.

    Con garganta de humana, nos dice la tierra. ¡Estamos en el tiempo nuevo!

     

    "Detente. Oye el espacio circundando

    la noche en la que corres."

    [...]

    "Es cierto

    rugen leones desde las abiertas sábanas

    que atravesarás un día

    en la gruta migratoria del alma."

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