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Por Ángel Padilla
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La lucha animalista en España: presente y porvenir I

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    La lucha animalista en España: presente y porvenir I- (foto 1)

    Introducción: animalismo, lucha por los derechos de los animales. Origen

    Para cualquiera que comience a leer estas líneas, y sólo haya oído campanas con respecto al movimiento de los derechos de los animales, será necesario definir, como inicio, qué es el animalismo y qué es ser animalista.

    En aras de la concisión máxima. animalismo es la lucha que emerge de lo social humano que entiende que todos somos animales (los humanos, animales mamíferos) y que el concepto de antropocentrismo ha sido un mero ornamento grandilocuente y falso, desde donde situarse para someter al arbitrio de lo humano al resto de los animales, cuestión que es de todo punto injusta. Animalista es quien milita en esta lucha, en la que se defiende a todos los animales, sin excepción, de la explotación y el uso. Es obvio decir que todo aquel que se considere animalista es vegano.

    Muchas son las personalidades prominentes que a lo largo de la historia humana se han pronunciado a favor de no usar a los animales como cosas, lo que siempre se ha hecho, pidiendo a sus contemporáneos se les deje en paz, vivir sus vidas, proclamando incluso una alimentación vegana, ausente de crueldad y violencia.

    Primeros conatos de legislación

    Las primeras normas de protección animal europeas surgen en el año 1635 en Irlanda, con The Statutes. Se prohibía fisurar lana de ganado ovino y atar arados a las colas de los caballos. En 1641, en Massachusetts, se aprueba un sistema de leyes de protección a los animales domésticos, Massachusetts Body of Liberties. Años más tarde, entre 1653 y 1659, en el Reino Unido se aprobarán normas que prohíben las peleas de gallos, perros y toros. En 1822 se aprueba una ley para prevenir el tratamiento cruel e inadecuado al ganado que en 1835 amplió el rango de protección a los animales domésticos.

    Primeras agrupaciones para la defensa animal

    Seguimos en Inglaterra, cuna también del ejemplar movimiento antiesclavista negrero que logró abolir la esclavitud humana en las Indias. Inglaterra aprobó en 1876 la Ley contra la Crueldad de los Animales o Cruelty to Animals Act, que supuso una verdadera legislación sobre derecho animal, siendo reemplazada en 1911 por la Protection Animals Act. Esta última es considerada como el origen del Animal Welfare o bienestar animal en el Reino Unido y ha constituido el modelo que seguirían otros países en Centroeuropa. Dicha norma castigaba la crueldad ejercida contra los animales, sobre la base de la relación de propiedad de estos. Con todo esto, a mediados del siglo XIX surgen los primeros movimientos asociacionistas de defensa de los animales, los que  supusieron un evidente avance y ayuda en la promulgación de este tipo de normas.

    A partir de los años 70 del pasado siglo, existirán dos movimientos diferenciados en la defensa de los animales: el primero, basado en el bienestar animal y el segundo, fundado sobre la idea de la protección de los derechos de los animales.

    Actualmente, la punta de lanza de esas primeras plantadas a favor de los animales no humanos ha cristalizado en el, coherente y poderoso, movimiento de liberación animal, que no pide normativas de trato hacia los animales entre nosotros o un presunto bienestar en la propiedad que los humanos ostentan sobre ellos, sino su derecho fundamental, el ser libres y en sus entornos. El libro "Liberación animal", de Peter Singer, las obras del filósofo español Mosterín, y más concretamente los tratados abolicionistas de Gary Francione, han modulado un movimiento de liberación animal homogéneo y claro, cuyo único fin es devolver a los animales considerados propiedad del humano, su situación que por derecho natural merecen: en dos palabras: su libertad. La de todos los animales no humanos.

    Actualidad

    Las ideas sobre cómo tratar la defensa animal, entre sus defensores, sobre qué desean los animales respecto a sus derechos, en fin, lo que cada cual cree que los animales quieren para sí, ha generado que distintas líneas de pensamiento sobre la lucha por los animales cohabiten, casi siempre controntadas, entre los actores que buscan ayudar a los animales sometidos por los humanos.

    Cohabitan, en esencia, estas líneas de pensamiento y acción:

    El bienestarismo:

    Es aquella idea que básicamente pide el mejor trato posible para los animales que son propiedad de los humanos. Hay dos clases -a mi entender- de defensores bienestaristas, aquellos que creen en la lucha de liberación animal progresiva, esto es, pequeños logros en el avance del bienestar animal llevarán a una consideración mayor de los humanos hacia el resto de los animales, y se llegará, finalmente, en décadas o siglos, a su estado de liberación; porque quienes van pidiendo a pocos estos derechos creen que exigir la ilegalización o la abolición de todo trato injusto o contrario al derecho a la libertad de todo individuo animal, es una utopía, algo inviable, y por tanto van pidiendo migajas porque piensan, y así es muchas veces, que el Estado opresor, el pueblo opresor, migajas sí es capaz de dar. Bienestaristas también son aquellos que tienen por propiedad a los animales, que son opresores de ellos y para calmar sus sentimientos de culpa exigen "un buen trato" a aquellos desgraciados que se comen, o que usan ocasionalmente para sus placeres y solaz, por ejemplo, en festejos populares, monta de caballo... En definitiva, el bienestarismo es denostado por el movimiento de liberación animal por considerar que es grosero intelectualmente y falso, pura estafa (in)moral. Así como Elizabeth Heiryck se negó a la liberación progresiva que al final de la lucha abolicionista de la esclavitud negrera propugnaban, ya cansados después de más de un siglo de esfuerzos, los popes de la lucha antiesclavitud, y Elizabeth pidió, junto a las comisiones de mujeres antiesclavistas, la abolición completa y definitiva con su muy leído y extendido entre los antiesclavistas panfleto «Abolición inmediata, no gradual», quienes -entre ellos me encuentro- luchamos por erradicar el estado nefasto y criminal en que el resto de los animales se encuentra, a día de hoy en pleno año 2021, exigiendo su consideración como personas -no con iguales derechos como los  nuestros, porque un pingüino no desea tener el derecho de ir al cine o asistir a un encuentro de fútbol-, restituidos del derecho fundamental de todo ser vivo, el de vivir sus vidas; exigimos la liberación de todos los animales, por ende, la abolición del concepto de propiedad.

    Por desgracia hasta la fecha el discurso que se ha hecho más popular en España, y en el mundo, es el bienestarista. Tanto la jurisprudencia como los actos de las personas implicadas en luchar por los animales, denostan lo que llaman "maltrato", y se evitan verbalizar las palabras explotación y uso, por ignorancia o en forma sibilina. Acabo de nombrar el nudo gorgiano sobre el que orbita todo el problema del movimiento por los animales que existe, hoy, en el mundo -y el porqué de su parálisis o crisis-. Al no haber consenso entre las dos líneas de lucha, la de la exigencia de libertad en el entorno natural de cada animal y la de la exigencia de buen trato de éstos en las ciudades, el discurso que arrastra a un mayor número de personas y hacia sus acciones de protesta es el bienestarista. Únicamente -por tanto- sólo se producen las uniones masivas de personas ocupadas en los animales en las llamadas a la protesta de entes o grupos bienestaristas y/o dóciles, citas para manifestaciones y otros actos pacíficos y no problemáticos, sino amables, simpáticos, para el sistema especista que se congratula de creer que el movimiento animalista no es temible.

    Pero sí lo es.

    Nuclearmente y en su superficie. En ese empeño de reorientación del discurso y de las formas de las protestas, estamos aquellos que trabajamos en ese giro de 180º que los animales merecen y requieren, ese viraje en el barco, en el que dejaríamos de pasearnos como en un crucero, para arriar la bandera de Liberación Animal, así se llama el barco construido por libertarias y libertarios que deberá cambiar la historia de siglos en que un terrible y traicionero Arca de Noé arrojó a los animales a las cadenas y las jaulas. El "Liberación animal" deberá devolver a los animales desde el onírico mundo religioso groseramente opresor, por las aguas de una evolución real -con mirada de libélula y fraternidad de clan de delfín- hacia su realidad secuestrada por completo.

    (NOTA: La semana que viene, cada semana una, la siguiente entrega de "La lucha animalista en España: presente y porvenir". Gracias a todas/os las/os que seguiréis la lectura de esta historia escrita por todas/os. Abordaré las problemáticas de los discursos empleados, ofreciendo casos como ejemplo. El problema de los intrusos, aquellos que se hacen pasar por animalistas y sólo están en la lucha para lucrarse a costa de los animales. Las Ongs "champiñones" que generan una ilusión de avance y sólo actúan en contra del interés animal; impostores, charlatanes, fantasmas, se irá desgranando todo, sin dejar nada de lo que actúa en forma benefactora y lo que lo hace para mal. Por supuesto para la creación de este trabajo acepto opiniones y sugerencias. El callar nos hace cómplices. Lo que me mueve a escribir estas crónicas es un afán constructivo y no el contrario. Considero una obviedad que, sin conocer el problema en su conjunto -que afecta sin duda alguna gravemente al animalismo español, y me temo que al del resto del mundo-, jamás lograremos trabajar diligentemente, y en forma masiva, por los animales sometidos en todo ámbito.)

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