5 de junio de 2020 5/6/20
Por Ángel Padilla
Yo, animal - RSS

Gea castiga a los humanos cara a la pared

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    Gea castiga a los humanos cara a la pared- (foto 1)

    En cuarentena, tal cual un arresto domiciliario, por todo el orbe. Pero creyendo ellos no haber cometido falta alguna. Es... para protegernos de un mal externo, Lovecraftiano.

    Yo, que nací en el 70, padecí varias veces el castigo de "¡cara a la pared!". El tiempo en que se sufría mirar la pared blanca, humillados y aburridos, dependía de lo que se hubiera hecho y sobre todo de la arbitrariedad en la imposición del castigo del progenitor en cuestión.

    Hoy ese "cara a la pared" se ha convertido en "¡a la silla de pensar!". En fin, si te portas mal, obtendrás tu castigo, se desprende siempre.

    La cuarentena viene a poner cara a la pared a los humanos niños por portarse mal, nos hemos portado fatal, horriblemente mal, con nuestro entorno. Y con el resto de los animales. Un castigo de aislamiento indefinido en nuestras casas que viene impuesto por el clima, sus organismos y la expansión de una voz que atraviesa nuestras calles para devolver algunos de los golpes. Se desbordó el vaso de la sangre de los asesinados y llegó a nuestras puertas. Son tiempos de una nueva peste. La peste siempre, deberemos aprenderlo alguna vez, somos nosotros.

    En el lapso de este cara a la pared cuasi paralizados de los humanos malcriados, crueles, debe decirse, en el exterior el cantar de los pájaros se ha vuelto más sonoro y duradero, mientras que los tormentosos y ruidosos motores, por fortuna, casi se han dejado de escuchar. Esto sucede alrededor del planeta; el medio ambiente agradece que los humanos permanezcan dentro de sus casas debido a la pandemia que causó el coronavirus Covid-19.

    Afuera... Gea se lamen las heridas y toma un respiro: los canales de Venecia vuelven a contar con aguas cristalinas y el regreso de especies marinas, cientos de peces y la inusitadamente hermosa vuelta de los cisnes. También se vuelve a ver el cisne en la costa de Italia, y patos salvajes en las fuentes de Roma, y otros animales no tan visibles pero primordiales para el medio ambiente, se readentran en sus confines, de nuevo limpios, irisándose todo.

    El aire, a los pocos días de parar la mayoría de las actividades humanas, está mucho más limpio, más fresco de respirar, con cielos claros, sin smog o esa bruma gris común en las ciudades. Todo funciona como una cadena, menos tóxicos entran con la lluvia a los ríos, a océanos y al mismo suelo. Animales más tranquilos en sus hábitat... se relajan del miedo a los cazadores, que ya no se adentran en los campos y se les ve llegar a aldeas y extrarradios, grupos de alces tumbados al sol en arcenes o medianas de carreteras sin tráfico rodado, familias de patos recorren pueblos y carreteras al fin como si campo fuera todo, como cuando campo era todo; se ven más delfines, recorriendo los mares en danzas más alegres y multitudinarias.

    ¿Aprenderá el humano algo de esta situación tan insólita y molesta para él del confinamiento?

    No soy muy positivo respecto a ello.
    No obstante hemos de seguir diciéndolo, porque los que manejan el monotema sustraen la realidad. Y diremos sin cesar que la Tierra está hablando, que mantener aislados a billones de animales en condiciones infernales para luego asesinarlos y comerlos es una crueldad inadmisible. Es imposible hablar de una ética humana que, hoy, siga sin atender al resto de las naciones vivas de animales, es una estafa completa cultural seguir caminando sobre una base del antropocentrismo, teoría de todo punto estúpida y anacrónica con la mirada que tenemos hoy del mundo, o que estamos a disposición de tenerla. Esto es: la información, abrumadora, en pro del veganismo como ética de respeto al "otro" y respuesta real contra el hambre de otras naciones humanas en el planeta (donde comen 20 veganos, hablando de terrenos cultivables, sólo come un no vegano).

    Si no te interesan los animales porque eres tan duro de mollera que quieres seguir creyendo que eres superior a ellos y ellos son tu propiedad, al menos piensa que el mangoneo de animales en todo el planeta y durante tantos siglos ha generado la emergencia climática (las emanaciones de CO2 de heces y orines al aire y de éstos adentrados en la tierra, más dañinas para el medio ambiente que el tráfico rodado). La experimentación animal, que se lleva por delante billones y billones de inocentes por todo el mundo para prácticas que no sirven de nada y son extremadamente crueles, inenarrablemente crueles. Todo ese martirio a lo natural, pasa factura, y cuantiosa. Finalmente, el resultado, de no generar un cambio de 180º en nuestra relación con el mundo vivo (que no sólo somos nosotros), todos moriremos, y esta vez de verdad, y no precisamente de forma amable.

    Si la ética de respetar a los animales humanos, y por fin, al resto de los animales, no te interesa, deberás saber que si estás ahora, malcriado insoportable, niño malo, humano cruel, encerrado en tu casa, es por tu culpa, por aferrarte a unos hábitos no sólo antiécitos sino malsanos, que enferman al universo, a quienes los realizan, al totum. Con tus violentos hábitos escribiste sin saberlo una carta, la respuesta ha venido con la narración de los desastres naturales que devienen del cambio climático, y proseguirá con epidemias iguales o peores que ésta.

    Causa infinita pena que los trinos y cascabeleos de las flores darán su voz y aviso hasta última hora, porque son eternamente nobles... Ellas, sí, confiarán hasta el final en que cambiemos...

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