24 de febrero de 2021 24/2/21
Por J. P. Enrique
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Las reflexiones de Juan García Caselles

    En un artículo  que me pasa un amigo escrito bajo el título “ESPERANZA” leo una serie de reflexiones de Juan García Caselles, un  hombre ya mayor pero con  una mente lúcida,  que considero interesante comentar. La primera de ellas es que siendo muy importante el número de muertos que ha ocasionado esta pandemia, hay otras cifras  estimativas (nada que ve con el recuento que se hace de nuestros muertos) que están ahí:

                      ACNUR habla de 800 MM de personas que pasan hambre. De ellos 20 MM son niños.

                      La ONU de 24.000 muertos cada día.

    Son cifras imposibles de contabilizar que deberían quitarnos el sueño y que nos aburren porque nos queda lejos el menaje de que 1.200 MM de personas sufren pobreza severa “Nadie ha echado cuentas de cuantos son los pobres que mueren cada año de malnutrición, de falta de médicos y medicinas, de agua potable, de ignorancia y de abandono” “Caen lejos y no Nos damos por enterados”.

    Nos pasan de lejos porque no queremos detenernos a pensar que es el sistema de organización económica que tenemos  es el causante de tal barbarie. “Un sistema que se topó con la crisis del 29 y luego la mal resuelta de 2007 en la que de la solución  de menos Estado, se ha pasado a la actual en el que todos los sectores miran al Estado salvador”. Todos piden ayudas y ciertamente las necesitan: restaurantes, empresas de ocio, deportistas, dueños de salas de cine, diseñadores de moda,…

    Lejos quedan las palabras de Sarkozy  hablando de “refundar el capitalismo” y de “capitalismo de rostro humano” o de Merkel hablando de “capitalismo más transparente” o las declaraciones que cayeron en el vacío de suprimir los paraísos fiscales. Expresiones lúcidas que venían a anticipar que el modelo no funciona y que la crisis de 2007, mal resuelta,  no era una gripe pasajera.

    Han  pasado pocos años desde el 2007.  J. Caselles se pregunta ahora  “¿Dónde ha quedado el mercado (de Adam Smith) que tenía que resolver con su misteriosa mano invisible todos los problemas de la economía? ¿Cómo se justifica científicamente la protección del Estado a los pobrecitos ricachones del mundo?” Unas ayudas que van por la vía de bajarles los impuestos, de facilitarles que contaminen y destruyan la Amazonia o Alaska, de darles dinero tan barato que se lo entregan incluso pagándoles por la vía de los intereses negativos, de recortar salarios,  de empujar al poder  dictadores como Trump, Bolsonaro u Orban cuya receta es proteccionismo y ley y orden (su ley y u orden) es decir apartando a la democracia y a la justicia como  estorbos y alejándose de  “La riqueza de las naciones” que publicó  Adam Smith haciendo en 1776 una propuesta  liberal que ha  puso en la mano invisible del mercado la solución a todos los problemas. Una receta que nos han repetido mil veces como la única posible, una receta que ha permitido con o sin crisis que las desigualdades sean cada vez mayores y que al lado de riquezas inmensas haya  sufrimientos  nada racionales y humanos.

    Sería bueno empezar el año abriendo un poco la mentes y volviendo a las palabras de Merkel y Sarkozy para por un instante pensar que estamos ante un orden que es necesario, al menos, modificar.

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