15 de octubre de 2019 15/10/19

Francisco Franco camino de los altares

El gobierno tenía un plan que parecía perfecto. Había hablado con la Iglesia y había logrado su beneplácito para sacar el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos. Solo les faltaba el acuerdo con la familia, pero no era imprescindible. Si la familia no se hacía cargo sería el Estado quien le daría sepultura en otro lugar.

Lo que este gobierno no contaba es con que la familia, además de oponerse, tenía previsto llevar el cadáver a una tumba de su propiedad, ubicada en el centro de Madrid, en la Catedral de la Almudena. Una propiedad que, además es muy especial, ya que no paga impuestos y  lo es “para siempre”, nada que ver con los nichos de cualquier cementerio.

Que nadie se pregunte cómo es posible que la iglesia de aquel Jesús que echó a los mercaderes del templo, pueda vender parcelas de un espacio sagrado construido con dinero público como lo es la Catedral de la Almudena.

Tras el fracaso del plan A,  la ministra portavoz del gobierno se ha expresado diciendo que tienen un plan B.

PLAN B

Es un plan que consideran infalible  y  lo acaban de poner en marcha tras el estrepitoso fracaso del plan A.

El primer paso ha sido mandar a un emisario al Vaticano para solicitar allí que  inicien un proceso de beatificación de Franco. Sobran argumentos: Franco impulsó el nacional-catolicismo, concedió beneficios a la Iglesia, asistió a procesiones, comulgó muchas veces y recibió los santos sacramentos. Utilizó su enorme poder para poner freno al comunismo y convirtió a España en la reserva espiritual de Occidente. Dio trabajo a los curas en cárceles y en el ejército con nóminas a cargo del erario público y hasta intervino en el nombramiento de obispos con el fin de vigilar que fueran personas de bien. La iglesia, con Franco en el poder tenía el privilegio de emitir  certificados de penales que garantizaban que  los que no iban a misa no pudieran acceder a cargos públicos. Con Franco la única religión fue la católica. La iglesia, bajo su mandato, tenía la exclusiva en celebraciones matrimoniales y con él en el poder crecieron sus riquezas a la vez que crecía la fortuna de la familia Franco.

Con muchos menos méritos, se les ha dicho a las altas jerarquías eclesiásticas, se han promovido beatificaciones y se han elevado  santos a los altares.

Iniciado el proceso no habrá ningún problema para certificar los milagros necesarios tanto para su beatificación como luego para santificarle, ya que el primer milagro es que cuarenta años después de su muerte todavía haya tantos franquistas vivos. Tantos, que un partido, Vox, levanta la voz en su nombre y dos dirigentes, Casado y  Rivera, muestran simpatías con esa ideología. A no tardar alguno de ellos retomará el saludo del dictador. De momento el “cara al sol” ya lo cantan, aunque sea en la intimidad, y los chistes con los que mejor se ríen todos son los que hacen burlas a la democracia y a los políticos que, al no ser muy de derechas, son todos unos populistas radicales y extremistas vendidos a Venezuela, al régimen iraní y a Cuba.

Llegados a este punto se preguntará el lector por qué este gobierno de “extremistas radicales y podemitas” pretende hacer santo a un golpista y cruel dictador que firmó sentencias de muerte hasta el final de su mandato, oprimió a la gente, se alió con Hitler y nos mantuvo alejados de Europa durante 40 años. Muy sencillo, el gobierno es sabedor de que los huesos de los santos (llamados también reliquias) tienen una alta estima entre sus fieles, y ya han sondeado, en encuestas sigilosas, que hay una potencial demanda para hacerse con ellas. Calculan que por las piezas más grandes como son tibia, peroné, omóplato o cráneo, la Iglesia puede obtener en una subasta altísimos ingresos y que los fragmentos más pequeños tendrán también una fácil colocación entre los devotos franquistas quienes podrán llevarlos en una cajita de oro o plata sobre su pecho.

Con el argumento de los méritos del Caudillo de España y los beneficios que puede llegar a obtener la Santa Madre Iglesia por las reliquias, el gobierno confía en que el Vaticano dé el visto bueno para iniciar una beatificación  que termine con todos  los huesos del dictador (reliquias) en manos de sus seguidores y fuera del Valle de los Caídos y de la catedral de Madrid. Además, sería una forma de identificar claramente a sus seguidores sin necesidad de que se vistan con  una bandera que es de todos.

Si el plan del gobierno tiene éxito, la momia, troceada, desaparecerá y el gobierno y los ciudadanos nos quitaremos el muerto de encima. La pena es que San Francisco Franco no haya fallecido en plena Guerra Civil o incluso antes del cruel golpe de estado. En ese caso su elevación a los altares habría sido más complicada, pero este país se habría ahorrado cuarenta años de dictadura, represión, muertos y exiliados.

Un amigo mío me pide que en este artículo añada que le haría mucha ilusión que a él le enterraran en una catedral para llenar sus restos con cánticos gregorianos por los siglos de los siglos y pregunta si algún lector le puede poner en contacto con la inmobiliaria especializada en la venta de parcelas catedralicias. Me dice también que si lo logra dejará ordenado en su testamento que pongan en su tumba con letras grandes: “En vida he visto a esta iglesia abrazar ricos y  riquezas, bendecir armas y a dictadores y encubrir a pederastas. He concluido que no puede ser portadora de la verdad que predica.” Dice mi amigo que “dado que la Iglesia no puede oponerse a que entierren en ella al dictador Franco porque respetan el derecho de la propiedad, del mismo modo no podrán oponerse a que, con la escritura en sus manos,  pongan en letras grandes esa inscripción en el templo”.

 

LA JUSTICIA ESPAÑOLA

Tenemos en España una justicia tan manipulada, tan torpe, tan lamentable, que desde los tribunales europeos nos sacan los colores un día sí y otro también. Ha pasado con el caso Puigdemont en Alemania y en Holanda, acaba de pasar con Otegui y pasará con el golpe de estado en Cataluña. ¿Qué puede esperarse de una Justica que se pliega ante las presiones de los bancos y que condena los pequeños robos a  años de cárcel? ¿Qué puede esperarse de una justicia que se quita de encima a jueces como Baltasar Garzón y mantiene a otros con una imagen lamentable?

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