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Por J. P. Enrique
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El cuarto poder

    A la prensa se le conoce  desde siempre como “El cuarto poder”,  aunque un estudiante de periodismo me rectificaba  diciendo que “ahora es el quinto, ya que el cuarto  lo ocupa la publicidad.” Estoy de acuerdo y a la vez  pienso que  los dos poderes aliados tienen una fuerza letal, tan letal que creo que probablemente se han convertido en el primer poder.

    Publicidad + Poder ejercen una influencia tan importante sobre nosotros que dudo si cuando vamos a votar lo hacemos con plena reflexión personal  o  trasladando al voto los mensajes que nos han ido metiendo en la cabeza en pastillas de “información” muy bien vendidas con técnicas publicitarias.

    Esa información nos la sirven a través de las redes sociales, la prensa,  la radio,  la televisión y de algún libro. Me pregunto si se está cumpliendo el derecho constitucional de que la  información  “ha de ser veraz” o nos están manipulando de forma  imperceptible ¿Es la información que recibimos veraz, libre e independiente?

    Quien quiera encontrar la respuesta puede hallarla entre la maraña de la abundante  información a la que nos someten, a través de un informativo y de un libro que lo dejan muy claro:

    1. “Informe TEM, Las cloacas del periodismo” que está visible en intenet y
    2. El libro “El director” de David Jiménez, del que ya hablé en un anterior artículo.

    Tras ver el reportaje y/o leer el libro, cualquier ciudadano está obligado a reflexionar y enterarse de lo que es PISA y como se fraguó y quien la fraguó. Sabrá quién es el Comisario Villarejo. Sabrá quién es César Alierta y  sabrá que hay periodistas fichados a sueldo por Telefónica, al servicio de intereses políticos. Sabrá la verdad sobre  quien es Eduardo Inda y los muchos Indas que se mueven por los platós con un lenguaje tan fácil como tramposo al servicio de determinados poderes y utilizando unos argumentos que reciben, muchas  veces, a través de  su móvil mientras debaten. Sabrá que no hubo financiación de Venezuela e Irán a Podemos. Sabrá que el  ministro Fernández Díaz creó una policía “patriótica” que se dedicó a elaborar informes falsos y a espiar a políticos. 

    Si el lector quiere ir más allá sobre las cloacas  puede informarse de lo que sucedió entre el ministro Soria, la juez Victoria Rosell, un empresario y otro juez al que finalmente acaban de condenar. También puede enterarse que  Vox sí recibió financiación del exilio iraní, algo que ellos mismos han reconocido. Y si piensa, el lector, que por mucho menos dimitió Nixon y ahora está Trump en el banquillo, podrá llegar a alguna conclusión que esté algo más cerca de la verdad.

    Con todo ese bagaje informativo en sus manos, un votante podrá   seguir votando a su partido preferido, pero lo hará tras reflexionar,  y tras esa reflexión lo normal es que exigiera:

    • Que acaben de una vez y  para siempre las  puertas giratorias entre el poder político y las grandes empresas, evitando así que algunos políticos desde el poder   dicten medidas para favorecer a los poderes económicos  en los que van a trabajar después.
    • Que se acaben los regalos y agasajos a periodistas para tenerles contentos y que no hagan preguntas incómodas y  para que callen sobre cualquier asunto turbio que pueda afectar a esas empresas que les protegen.  En definitiva que el periodismo sea independiente.
    • Que se aparte de inmediato a periodistas como Eduardo Inda y tantos Eduardos Inda que se prestan a que les manipulen y a manipular. Personajes que, como el que acabo de citar, que aún sigue ahí en las tertulias de la Sexta Noche  y en otras televisiones expandiendo comentarios  en su tarea de confundir y sembrar dudas en los oyentes menos preparados.
    • Que se reparta la publicidad institucional de acuerdo con la audiencia o la tirada de cada medio, evitando así, como ha sucedido, que  ABC y La Razón  estén tan bien tratados (subvencionados) con dinero público.
    • Que sea delito mentir en política y  en la información. Que se aparte a los actores que defienden un día una cosa y al día siguiente la contraria sin que les cambie el rosto ni se les caiga la cara de vergüenza. Que la justicia investigue  a los encargados de redactar la información para apartar y castigar a los que están a sueldo. Que se obligue a quien mienta, periodista o político, a rectificar y pedir perdón.

    Al fin y al cabo son unas reglas básica  para que lo medios respeten  lo que dice la Constitución (Art. 20, apartado d) que habla del derecho a “recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”, pero hay políticos que se preocupan solo en defender los intereses de quien les ha situado ahí.

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