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Por J. P. Enrique
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A Berta

    Tras conocer ayer la noticia que Berta ha protagonizado con su desaparición, en mi mente embargada por el dolor, se amontonaron una serie de recuerdos y reflexiones.

    Siempre he tenido con Berta una relación de sinceridad, de admiración y de respeto incluso en algún puntual momento de lógica discrepancia sobre algún tema. Yo siempre le dije con toda claridad lo que pensaba y ella me respondió siempre con la misma claridad.

    Mi relación con Berta Balaguer, una mujer emprendedora e incansable, comenzó hace más de diez años. Me llamó para invitarme a formar parte del minúsculo grupo de colaboradores de elperiodic.com. Eran años en los que todos nos conocíamos y hasta alguna vez comimos juntos y el amigo Roberto Roselló, en su faceta menos conocida como dibujante, nos caricaturizó  a todos en situaciones divertidas.

    Ante mis dudas iníciales por mi temor a comprometerme a escribir periódicamente, Berta me animó diciendo que era suficiente con que le enviara un artículo cada quince días. Y aquel hábito en el que me enrolé me acostumbró a anotar mis impresiones diversas ante un papel para luego pulsarlas en el teclado del ordenador. Tanto ha arraigado en mí ese hábito que he tenido que dejar muchos escritos en una carpeta: “Artículos no publicables desactualizados o faltos de interés”.

    Escribí siempre  con total libertad en elperiodic.com. De todos los años en los que vengo colaborando con el digital hay  ahora mismo en imprenta un pequeño libro titulado “Asnade, historia inacabada de una pequeña asociación vecinal” que recogerá algunos de los artículos ya publicados que hablan de la depuradora, de agricultura  y  de temas urbanísticos.

    Berta sabía de este proyecto, y yo tenía previsto compartirlo con ella,  ya que ella  ha sido el alma mater de mi implicación en el hábito de escribir.

    Con este rápido recorrido por el pasado que no podía ser de otro modo la forma de plasmar lo que ahora mismo siento, y  con el dolor que me embarga por una pérdida que me cuesta creer, solo me resta recordar también que, de vez en cuando, le mandaba alguna noticia por si consideraba interesante publicarla. La última  fue una foto de una pintada en un muro  donde ponía “TIMOCOVID”, con una  respuesta al lado de esa pintada que la completaba “Ves a l´hospital i veuras el timo”.

    Precisamente ahora que el maldito virus parece estar más controlado después del año difícil que hemos vivido, ahora Berta nos deja y al dejarnos nos deja huérfanos en un profundo vacío.

     Berta, era demasiado pronto para que nos dejaras.  Debiste esperar porque te quedaba mucho por vivir.

    Comparto con tus hijos el dolor del adiós, y desde estas líneas le mando un abrazo  especial muy fuerte   a Jorge con quien he tenido una relación más cercana. Descansa en paz Berta. Te quisimos. Te queremos.

    Tras escribir estas breves y precipitadas líneas cargadas de sentimientos y recuerdos, al  conocer la triste noticia asistí ayer en el Racó de la Abadía a un concierto de Eugenia Moliner acompañada por María Bernat, Irene Constant y Luis Arias. Con  mucha gente de pie y  todas las sillas ocupadas, salvo tres presumiblemente reservadas a privilegiados que las dejaron vacías, y con un cielo azul sin rastro de nubes, surcado por negras golondrinas Eugenia nos deleitó con su flauta mágica y en un momento dedicó una de las piezas  a su hermano. En ese momento, especialmente,   yo pensé en ti, Berta, y en una noticia, la del concierto,  que  no pudiste cubrir. La flauta, las golondrinas, un piano  y un inmenso cielo azul que surcaban una y otra vez las aves con su aleteo,  han sido el homenaje que, yo he entendido, también lo era para ti.

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