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Por Santiago Ríos
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La pérdida de los valores

    De un tiempo a esta parte, me preocupa la cantidad de memeces que me toca leer y escuchar, tanto a nivel de la clase política como de las generaciones más jóvenes que la mía, en prensa escrita, medidos de comunicación, reuniones y tertulias.

    Parece ser que reine la anarquía del “todo vale” que se hayan perdido los principios básicos de la convivencia, la buena educación y los buenos modales.

    Llevo unos días leyendo una serie de estudios sociológicos que llegan a la conclusión de que la asignatura pendiente de nuestra sociedad actual, es la educación en valores primarios. Es, el aprender a distinguir lo bueno de lo malo, al amparo de una serie de “reglas del juego”, para alcanzar unas bases en las que podamos vivir y relacionarnos, los unos con los otros, como seres humanos.

    De pequeños nos enseñaban a respetar a nuestros mayores, a nuestros maestros, a la gente débil o enferma, a los pobres, resumiendo, a nuestros semejantes. Hoy, desgraciadamente, lo que impera es alardear de todo lo contrario y supone un ascenso en la escala social, si lo filmas con el teléfono portátil y lo cuelgas de internet.

    Hay una serie de datos del mentado estudio que han despertado, de forma alarmante, mi inquietud.

    El 30% de los jóvenes, abandonan los estudios antes de los 16 años. Si la ley marca en esa edad, el fin de la educación obligatoria, ¿quiénes permiten ese abandono?

    6 de cada 10 alumnos matriculados, no supera el ciclo formativo medio o Bachillerato. Estas cifras suponen que solo el 42% de los jóvenes, acceden a un ciclo superior.

    El 49’6% de los jóvenes entre 14 y 18 años han consumido alcohol y se han emborrachado, en los últimos 30 días. ¿Qué no hay nadie, padres o educadores que les indique, de los peligros que tiene para sus vidas, estas prácticas habituales?

    La edad media de inicio en la ingestión de alcohol, es de 13’7 años. Esto supone que aproximadamente, más de medio millón de adolescentes se emborrachan una vez al mes.

    Si indagamos en los niveles de competencia, de los escolares del mundo, observamos por ejemplo, que España en Matemáticas ocupamos el lugar número 41, en Lectura el 44 y en Ciencia el 40. Niveles estos por debajo del promedio de la OCDE.

    Evidentemente no debe extrañarnos que cuando estos alumnos llegan a la Universidad, sean incapaces de asimilar los saberes que se imparten, lo cual conduce a dos situaciones igualmente penosas. O los profesores tienen que ponerse a impartir estudios de tipo medio, o los alumnos lo dejan o tardan un montón de años en terminar la carrera.

    Los informes, tanto nacionales como internacionales, achacan la devaluación del sistema educativo español, a la proliferación de leyes de educación. Tanto la LOGSE, como la LOCE que apenas se aplicó, debido al cambio de color del gobierno, como la actual LOE, han supuesto un fracaso total, al equivocar entre otras cosas, las formas de las evaluaciones y de los pasos de curso.

    Por otro lado, preocupados en otros menesteres, nos hemos olvidado de la educación familiar, de la obligación que tenemos como padres de proporcionar a los hijos, toda una serie de competencias generales, para que desarrollen su personalidad y sus fortalezas personales, para enfrentarse a la vida que les espera.

    Durante la última mitad del pasado siglo, se ha tachado a la familia de ser de naturaleza autoritaria, depositando los padres en la escuela, su propia responsabilidad, no tanto por comodidad como por impotencia. La famosa patria potestad, ha pasado de ser un derecho sobre los hijos, a ser un conjunto de deberes sin signos de reciprocidad.

    Los niños deben adquirir durante su formación, recursos intelectuales, afectivos, volitivos y morales. También deben aprender a ser felices y buenas personas, colaborando al bien general. Deben tomar las herramientas necesarias para instruirse, con lo que tendrán no tan difícil, conseguir un buen trabajo y han de tener los instrumentos para mantener relaciones afectivas profundas y satisfactorias, a lo largo de su vida.

    Las estadísticas de la violencia juvenil, son escalofriantes: En el curso 2009/2010, un total de 3.849 docentes, se han quejado al “Defensor del Profesor”.

    El 40% se deben a problemas con los alumnos, para dar clase. El 17% a acoso y amenazas por parte de los escolares. El 8%, agresiones de alumnos hacia profesores. El 6%, grabaciones, fotos, internet, El 5% por daños causados por los alumnos a propiedades o pertenencias individuales del profesor. El resto corresponde a agresiones de padres o familiares, acosos y amenazas de padres, presiones para modificar las notas y falta de respaldo de la Administración.

    ¿La violencia viene desde el hogar o desde la calle? ¿Qué está pasando en las clases? Son preguntas que se hacen investigadores y periodistas, tras indagar en los resultados.

    Se producen cerca de 10.000 denuncias al año de progenitores que inculpan a sus vástagos de malos tratos.

    El 26% de padres con hijos en edad escolar, no saben que hacer con sus hijos violentos, el 16% confiesan que han abandonado su intento de contención o educación y el 8% desearían no haberlos tenido. Los expertos llaman a esto “maltrato familiar ascendente”.

    Pedro Santamaría, psicopedagogo, especialista en psicoterapia, hace un análisis de lo que el nomina “Delinquir por aburrimiento”, comentando que “El desorden mental de los adolescentes está claramente influenciado, salvo aquellos casos de enfermedad de origen genético, por los influjos tan desfavorables que los adultos estamos transmitiendo. Su ocio gira excesivamente hacia el juego violento y es que muchos de los jóvenes buscan apoyo y seguridad en este perfil, aceptándolo como el mejor amigo y virando hacia conductas antisociales.

    Termina su escrito con una pregunta y una necesaria reflexión: “¿Acaso la humanidad no es capaz de adaptar emocionalmente, moralmente y espiritualmente (psicológicamente) su paso al progreso? No dejemos que la técnica supere a la humanidad en su desarrollo.

    Nicolás Fernández Guisado, Presidente de ANPE, Sindicato Independiente de Docentes, contesta a un periodista: “Hay un déficit total. No hemos sido capaces de mantener valores tradicionales como la responsabilidad, el respeto, la capacidad de superación, la autoridad y la exigencia que en mi opinión deberían estar plenamente vigentes, ni tampoco los hemos sustituido por otros valores nuevos. Ahora el modelo lo dicta la televisión: fama y dinero”.

    Luís Carbonell, Presidente de la Confederación Nacional Católica de Padres de Alumnos, responde: “Si, los padres tenemos una parte importante de responsabilidad en esa pérdida de valores. Hay familias que han delegado por completo esa misión en los centros educativos, en vez de colaborar activamente. En este barco reman tres: padres hijos y profesores”.

    En esta larga entrevista, han intervenido también, un Profesor de Filosofía, un Filólogo y Académico, un Ensayista y Escritor, el Presidente de la Confederación de Centros de Enseñanza, el Presidente de una Fundación Universitaria, el Secretario general de la Federación de Enseñanza de un sindicato obrero, el Secretario General de las Escuelas Católicas y el Presidente de la Unión Democrática de Estudiantes, Álvaro Vermoet.

    Este joven estudiante me sorprende con sus declaraciones: “Los alumnos no se sienten exigidos en este sistema. Esto es como intentar llenar un vaso que tiene una fisura en el fondo, por donde se escapa el líquido. Si patinan cuestiones tan básicas como saber leer y escribir correctamente… ¿cómo no va a fallar la parte ética? La amalgama de localismos y nacionalismos tienen mucha culpa de lo que está sucediendo”.

    Hay algo que hace tiempo no funciona en nuestro país y que gobierno tras gobierno, han dejado en el cajón del olvido, considerando que no era importante a la hora de la caza del voto. No se le ha dado la verdadera importancia, a la educación de las generaciones que iban naciendo, lo que ha supuesto una acelerada pérdida de los valores humanos.

    Espero que aún estemos a tiempo de frenar esta “pandemia”, mucho más importante que esa absurda pantomima de la gripe A que nos “vendieron” el pasado año y que supuso un despilfarrador gasto millonario, para las arcas estatales que podía haber sido destinado a la mejora de la educación de tantos españoles.

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    comentarios 8 comentarios
    pilar
    pilar
    28/10/2010 01:10
    Santiago

    buenos dias, tu articulo de matricula de honor,pero que muy bien, todos los jovenes deberian de leerlo, es lo que está pasando en nuestro tiempo, es muy lamentable, pero asi es, en mi casa recibimos una educación militar un poco estricta, pero cuando me hice mayor comprendí, que mi papa tenia toda la razón y nos educó con mucho repecto hacia los demás y con ese amor para con los mayores, cosa que ahora en poquitos casos existe, recibe un cordial saludo y que Dios te bendiga.

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