10 de agosto de 2020 10/8/20
Por Miguel Ángel Bodí
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Necesaria reflexión en un año sin festival

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    Necesaria reflexión en un año sin festival- (foto 1)

    Desde el año 2010 en que tuvo lugar el primero, llevamos muchos veranos en Burriana en que lo más destacado y lo que ocupa todas las conversaciones ciudadanas, así como las noticias del día a día del gobierno municipal es el montaje, actuaciones o desmontaje de un festival del que dicen es el más multitudinario de toda España y casi, casi, del mundo mundial.

    Después de estos 10 años, sus admiradores, que son muchos, transmiten en las redes sociales su  éxtasis por el evento, ya no solo por las magníficas actuaciones musicales, el magnífico ambiente en las calles, el gran futuro turístico que le espera a Burriana porque creen que todos los mozalbetes que asisten regresarán dentro de unos años o por la gran repercusión económica que, piensan, tiene en la ciudad.

    Otros, sus detractores, que también son muchos, opinan lo contrario, que otros festivales tienen mucho más nivel musical, que las calles se colapsan y no pueden admitir la marabunta que nos invade en esos días, que a estos jóvenes solo les interesa la fiesta y no volverán nunca más por Burriana de mayores y que quien realmente gana no es la ciudad ni el Ayuntamiento (que lleva ya aportados cerca de 1.000.000€ en el total de estos años), sino la empresa, que  hace un gran negocio y  que muy poco beneficio deja que se distribuya en la ciudad.

    Ante esa sana discrepancia, entendible en una sociedad madura como la nuestra, tendría que ser muy importante la postura de nuestro gobierno municipal, intentando minimizar los inconvenientes y amplificar sus ventajas para equilibrar la situación, aunque desgraciadamente solo se dedica a practicar un seguidismo inexplicable de todo aquello que la empresa requiere, olvidando incluso los argumentos del elaborado y aprobado por ellos mismos Plan Estratégico de Turismo de Burriana.

    Este Plan, aprobado en el año 2017 que, como otros muchos, no parece que esté en el guión del equipo de gobierno y de momento solo sirve para acumular polvo en los estantes de algún oscuro despacho consistorial, analiza con detalle las acciones que harían falta para que el festival incidiera positivamente en el futuro turístico de la ciudad: un ajuste en las fechas, reubicación del festival, renombrar el evento, incrementar el nivel del festival o aumentar el perfil del consumidor del mismo,…

    Conociendo el alcance y la bondad de este documento, no se entiende cómo nuestro gobierno municipal no avance, ni mínimamente, en ninguna de estas acciones que beneficiarían sin duda a la ciudad y solo se dedique año tras año a dar todo tipo de facilidades a una empresa que, para más inri, es capaz de boicotear (por no usar una palabra más fuerte) al Ayuntamiento adquiriendo una parte de los terrenos del Arenal en una subasta a la que, por lealtad,  no debería de haberse presentado. En Burriana estas facilidades no se le dan a nadie más, ya que las propuestas que habitualmente se suelen presentar, tanto por particulares como por empresas, terminan chocando de bruces con los políticos y/o la burocracia municipal. La última ocurrencia de los organizadores del festival  es la reciente carta enviada a los propietarios de los huertos de la acampada de la Malvarrosa comunicándoles que este año no van a cumplir con el compromiso de pago de los alquileres firmados, así como ni tan siquiera tienen intención de limpiar la selva en la que se han convertido esos terrenos en la actualidad.

    La no celebración del festival este verano, como consecuencia de la pandemia global en la que nos encontramos, nos tiene que invitar seriamente a reflexionar sobre si ha llegado el momento de plantearse una utilización de los terrenos de nuestro Arenal que favorezca de veras a los ciudadanos y no solo a una empresa que muchos ciudadanos dudan de que se lo merezca.

    Desde el año 1969 en que el gobierno municipal del entonces alcalde José Igual Llorens adquirió esos más de 200.000 m2 de terrenos que forman el Arenal, por el que se pagaron 11 millones de las antiguas pesetas, han pasado muchos años y muchos proyectos,  sin duda más de los que incluso la memoria es capaz de recordar.

    Muchos de estos proyectos no han salido adelante por diversas causas, crisis económica, falta de viabilidad, retirada de inversores, o incluso la presentación in extremis de los mismos muy a finales de  legislatura por gobiernos a los que los ciudadanos no solo no otorgaban continuidad sino que opinaban justamente lo contrario de sus antecesores en cuanto al uso de los terrenos, por lo que todo volvía a empezar de nuevo.

    En cambio, en la actualidad tenemos la ventaja de encontrarnos no solo con un equipo de gobierno que se ha mantenido en esta nueva  legislatura, en la que todavía queda mucho tiempo por delante para actuar, sino que, además, lleva en su propuesta electoral el desarrollo de los terrenos del Arenal.

    Es por todo ello que, a la vista de las circunstancias actuales y aprovechando el Plan de Reactivación que la ciudad ha de implementar para la salida de la actual crisis económica, el gobierno municipal tendría que dedicar sus máximos esfuerzos en implicarse de lleno en la preparación de un proyecto viable para el desarrollo de estos terrenos que tan desaprovechados han estado durante estos últimos 50 años.

    Solo a efectos de ejemplo, dentro de un proyecto global para Burriana  que se presentó hace dos años al equipo mayoritario de gobierno, conocemos muy bien una propuesta que pasa por reducir de forma importante la edificabilidad prevista en el PGOU de 40.000 m2 de techo, con la finalidad de construir un gran parque público de más de 150.000m2 con una  zona  hostelera, lúdica y de servicios, así como un recinto multifuncional de unos 50.000 m2 en la manzana intermedia situada entre la entrada al camping y el recinto del mercado.

    Esta zona de uso multifuncional, correctamente urbanizada, con su pavimento rígido y sus infraestructuras y servicios anexos que, de estar ya construida albergaría en mejores condiciones que las actuales el autocine que el gobierno municipal tiene pensado para las noches dominicales de este verano, podría utilizarse para la realización de eventos de todo tipo, culturales, sociales, lúdicos, deportivos, o incluso para la realización de varios festivales musicales durante todo el año. Con toda seguridad, esta serie de actos supondrían en su conjunto una mayor repercusión económica en la ciudad que el actual y único festival.

    Conviene recordar que este tipo de recintos existe en muchas ciudades de España, en concreto en Mallorca (Son Fusteret), Valencia o Madrid. Más cerca de aquí, en Benicassim, cuna de los festivales musicales nacionales y en donde casi todos los meses de buen tiempo tiene lugar alguno de ellos,  los terrenos,  que hasta ahora eran privados y se alquilaban todos los años por el Ayuntamiento con un importante dispendio económico, han pasado a ser municipales ya que este mismo año se ha procedido a la compra de los mismos, con todas las ventajas que ello supone para el municipio.

    En Burriana contamos con la ventaja evidente de que no nos hace falta comprarlos, ya que son de propiedad municipal desde hace muchos años, tan solo sería necesario invertir en ellos para darle los usos que se decidan.

    Esta es solo una propuesta, seguro que  pueden  haber muchas más y esperamos que las haya, aunque lo más importante ahora es que se inicie de veras una reflexión por parte de la sociedad y de nuestro gobierno municipal para que la prioridad no sea solo la de apoyar mansamente intereses privados sino la de satisfacer definitivamente las necesidades que en los terrenos del Arenal la ciudadanía lleva requiriendo desde hace mucho tiempo.

    Con ello se daría a esta ciudad el verdadero impulso económico que lleva tanto tiempo anhelando y que, añadido al  macro-proyecto urbanístico de Sant Gregori a punto de iniciarse, la sitúe en donde realmente merece por sus grandes posibilidades. Que la necesaria reflexión dé paso al proyecto que esta ciudad necesita.

    Ahora es el momento.

     

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