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Por José Luis Ramos
Recuerdos - RSS

Regresar a la adolescencia

    Se acaba el año, y entre el Covid que no se acaba, y el volcán de La Palma, dan ganas de decir, ya era hora. Trato de hacer una valoración del año vivido, y la memoria me traslada a mi adolescencia. Es como si no quisiera acordarme del año que se acaba.  Me viene al recuerdo momentos de la vida que me he sentido mal. Alguno de ellos, de aquellos que una persona se encuentra en un estado de extrema debilidad. Tanto en que no llegas a estar seguro si lo que pasa por tu mente, realmente lo estás viviendo, o no es más que un sueño. En esos casos, pasa por mi mente una especie de “documental”, que repasa mis años de adolescente. Es como un abrir el baúl de los recuerdos.

    Me sorprendente, como al revivir mis días de adolescente, recuerdo los rostros de las primeras personas que me transmitían empatía. Veo las primeras sonrisas que me conmovieron, y las primeras miradas que me estremecieron. Todo con una nitidez, como si fueran vivencias de hace cuatro días. Me veo caminando en los primeros paseos, con aquellas personas que sin saber por qué, te hacían sentir bien. Llego a sentir, como si fuera ayer, los primeros roces, con las primeras chichas, que me hicieron temblar el cuerpo en aquellos primeros bailes, en los “guateques” de las pandillas de chicos y chicas, donde por primera vez tocábamos y sentíamos el cuerpo de una chica. No sé por qué, todavía hoy, me genera cierta vergüenza, recordar los nervios, la inseguridad y vergüenza que pasé al tener que afrontar mi primer beso. Sin embargo, se me escapa una pequeña sonrisa pícara, al recordar los primeros besos apasionados. Por el contrario, se me hace un nudo en la garganta, cuando recuerdo los sentimientos de desolación sufridos ante algún que otro amor imposible, en los que ni tan siquiera lo intente. De esa época, por su ingenuidad, me resulta imposible olvidar las primeras experiencias sexuales.

    Me duele mucho, el trato irrespetuoso y desconsiderado que mostré, en algunas ocasiones, a personas que estimaba. Ese es el recuerdo más amargo de mi adolescencia, que conservo intacto después de tanto tiempo. Esos hechos todavía hoy me hacen sentir vergüenza, cuando lo recuerdo. Quizás sería más exacto decir, por no saber tratar con la ternura y el afecto que hubiera deseado. Cada vez que lo recuerdo, sigo sintiendo un intenso dolor por no haber sabido tratar con afecto y delicadeza, a personas que quise, y que al menos me consta, que alguna de ellas me quiso un poco. Hoy con la experiencia de los 70 años, me resulta asombroso ver la mezcla de atrevimiento, ingenuidad y fragilidad, propia de un adolecente inmaduro, con la que afrontaba la vida.

    En ese revivir de mi adolescencia, me resulta sorprendente como mi memoria sigue fiel con todas aquellas personas que me ayudaron a madurar como persona.  No creo que mi memoria haya olvidado a ninguna de las personas a las cuales debo alguna cosa, de como soy. Sobre todo, las que me hicieron comprender que hay que ser respetuoso y sutil con las amistades.  De todas ellas, a quienes más recuerdo son a las personas que juntos aprendimos a confiar, en los demás. Es decir, aquellas personas que me enseñaron a creer y querer a los demás. Me refiero a las que me ayudaron a mejorar y evolucionar como persona, y, por encima de todo, a ser mejor ciudadano. Hago esta diferencia, porque ya los filósofos griegos diferenciaban como buena persona a quienes se portaban bien con los suyos, familiares y amigos, mientras a los que cumplían con todos los deberes sociales, los definían como buenos ciudadanos.

    En fin, de todas esas enseñanzas, de las que más agradecido estoy, son las que nos ayudaron a cambiar para ser mejores ciudadanos, porque nos ayudaron a comprender los problemas comunes a todas las personas. Me refiero a aquellas cosas que nos hicieron pensar sobre lo que nunca habíamos pensado, y sentir lo que nunca habíamos sentido. Dicho de otro modo, las que nos cambiaron nuestra visión individualista del mundo y nos hicieron más sensibles a los problemas de los demás, por consiguiente, a ser más sociables. Espero que el transcurrir del tiempo, no me haga olvidar a ninguna de las personas de las que recibí cualquier clase de ayuda. Sobre todo, a ninguna persona de las que estimé, o me estimaron.

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