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Por José Luis Ramos
Recuerdos - RSS

Los milagros de la red

    Nunca creí en los milagros. Pero tengo que admitir que gracias a la red se consiguen cosas que parecen milagros. En mi caso, hacía unos 50 años que no sabía nada de la chica con la cual tuve mi primera experiencia sexual. No tenía idea de lo que había sido de ella. Ni siquiera sabía dónde vivía. No sabía si trabajaba, o no, o que profesión tenía. Para mí se trababa de una persona desaparecida. Sin embargo, un día al abrir mi perfil de Facebook, me encuentro que una mujer, directamente, me preguntaba si era yo. Tras fijarme detenidamente en la foto, llegué a la conclusión que la mujer madura que me preguntaba, no era otra que la misma joven que en plena adolescencia me hizo perder la castidad. La sorpresa fue mayúscula, pues yo la daba por desaparecida. Confieso que sentí conmovido. Para mí, fue como si acabara de presenciar el milagro de una aparición. Cuando me repuse tímidamente pregunté ¿eres quien yo me imagino? Su respuesta fue directa, y yendo al grano dijo: “Sí, soy, ¿te acuerdas cuando íbamos al cañar?”.  Con toda la naturalidad me recordaba lo vivido en plena adolescencia, por un par de jóvenes que quisieron vivir la experiencia de ser mayores. Esa naturalidad para asumir una conducta de su adolescencia, que en aquella época era valorada como inmoral por muchos, y pecado, para otros, me hizo recordar aquella muchacha de la cual el poeta Jaime Gil de Biedma habría dicho “como todo joven vino a llevarse la vida por delante”. Digo eso, porque siendo muy jovencita ya manifestaba saber cómo quería vivir. Y, lo que es más importante: estaba dispuesta, y demostraba capacidad de hacer lo necesario para conseguirlo. Tanto era su empeño, que lo consiguió.

    Los centenares de kilómetros que nos separan, explica no haberla visto nunca en 50 años. Pero he podido conversar con ella, por lo que me he me formado una nueva opinión sobre ella. Para mí, lo más curioso del caso, ha sido comprobar como aquella adolescente atrevida, sin perjuicios, capaz de vivir a su manera, sin importarle lo que los demás opinaran de ella, es hoy es una mujer madura, ya jubilada. Además, ejerció una importante profesión, por la cual obtuvo un destacado reconocimiento profesional. Lo explicaré de otra manera. Desde los 20 años apenas pasé por mi pueblo. Ahora que paso bastante, son muchos los casos que me encuentro con personas que hacía 50 años que no nos habíamos tratado. En pocas de esas personas, he podido apreciar que han madurado personalmente y tenido una cualificación y estabilidad profesional como ella. Digamos que el cambio cultural, entre la adolecente inmadura que yo conocí, y la mujer madura que ahora me he encontrado, es tan abismal, que puede parecer que sea fruto de un milagro. Por el contrario, muchas de esas otras mujeres que encuentro después de 50 años, que en su adolescencia eran vista como serias y responsables, apenas han cambiado sus valores y patrones de conducta que tenían con18 años. Por eso, suelo decir, que se trata de personas, que han envejecido más de lo que han madurado. Por el contrario, mi amiga ha madurado más de lo que ha envejecido.

    No creo que sea el único que haya tenido una especie de aparición milagrosa por medio de Facebook. En mi caso, no ha sido la única aparición inesperada. Pero por la importancia que la persona tuvo para mí en mi juventud, esa ha sido la aparición que más me ha sorprendido. Cierto, que su aparición me sorprendió, pero todavía me ha sorprendido más, la madurez personal y cultural de aquella niña atrevida y desvergonzada que yo conocí. En su caso, lo admirable de la vida plena y satisfactoria que ha vivido, es que nadie se la ha regalado. Me alegra mucho, saber que ha tenido una recompensa que ella se ganó. Aunque no le salió gratis. Pues sufrió las consecuencias de tener el coraje de enfrentarse a la familia y salir del entorno familiar que le impedía vivir su vida. Como diría Frank Sinatra: “a mi manera”.

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