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Por María José Navarro
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Siempre optimista

    “Los pesimistas creen que las cosas están tan mal que ya no pueden deteriorarse más, mientras que los optimistas pensamos que siempre son susceptibles de empeorar.”

    Esta frase de Rosa Montero, en su libro “La hija del caníbal”, que he releído estos días  y que acabé anoche, un café que me tomé a deshora y un grillo, que no sé cómo se ha instalado en las inmediaciones de mi ventana y cuyo canto, potente, desbordante, casi ensordecedor, rompiendo el silencio con una estridencia digna del más potente equipo de sonido, me han impedido pegar ojo en toda la noche.

    Este insomnio a veces ayuda a establecer conexiones neuronales que de otra manera no se producen, por falta de tiempo y por las interferencias y estímulos externos que nos bombardean a través de todas las pantallas a las que, quien más, quien menos, anda enganchado. Así que estos raros momentos nos pueden ayudar a poner en orden nuestros pensamientos.

    Y la primera idea que me venía a la cabeza, por supuesto, era la de hacer callar al puñetero grillo, cuya potencia me hacía pensar si no estaría dentro de la habitación… Sin embargo, también me sorprendí relacionando su intensidad, constancia, firmeza, canto limpio, sin cambios, sin variaciones, sin notas disonantes, con esos políticos de medio pelo que tenemos en nuestras instituciones, que nos tienen acostumbradas a aquello de “donde dije digo, digo Diego”… Tal vez la solución a tanta incoherencia política fuera dotarles de un “Pepito grillo” en sus vidas, que les indique el camino y el discurso correcto y sin desviaciones.  

    Y claro, la otra idea que no ha dejado de rondarme, ha sido la frase lapidaria de la Montero, pues siendo yo una optimista recalcitrante, había comenzado a preocuparme seriamente durante este largo verano, pues todos los acontecimientos ocurridos durante el mismo me han llegado a sumir en una negatividad poco propia de mi persona. Pero su frase me ha permitido reconducir ese pesimismo que se estaba instalando en mi mente y volver a sentirme optimista. Claro, sigo siendo optimista, pero con una percepción realista del futuro, teniendo en cuenta que partiendo de la situación actual, en la que aún estando en unas condiciones preocupantes social, política, laboral y económicamente hablando, podemos estar bastante peor, y ante esa perspectiva debemos reivindicar, exigir, reclamar que se respeten, por encima de cualquier otra cuestión, los Derechos Humanos y se tomen las medidas oportunas para preservar el medio ambiente.

    La ciudadanía ha de ser consciente de que los giros hacia el neocapitalismo de consumo, al que nos derivan las políticas de derechas o liberales ya no es aceptable, pues se esquilman los recursos del planeta y colocan a la población en una situación de desamparo de la que no vamos a poder salir fácilmente, así que necesitamos políticas valientes que vayan cambiando el paradigma de consumo indiscriminado y sin control, para que esos recursos ya escasos, puedan abastecer a todas las personas que ahora lo habitamos y las que están por venir, que merecen que les dejemos en herencia un planeta vivo.

    Así que no perdamos el optimismo y pongamos todo el empeño para que la realidad nunca sea tan nefasta como para no tener remedio.

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