21 de septiembre de 2019 21/9/19
Por María José Navarro
Picos Pardos - RSS

Evitar lo evitable

Vivimos inmersos en una sociedad consumista, competitiva, fría, distante, individualista, egoísta y estereotipada al máximo.

Vivimos situaciones diariamente de violencia gratuita a través de los medios de comunicación, que venden su producto, en demasiados casos soez, de mal gusto y con una agresividad implícita, a cientos de miles de personas que pueden ser muy jóvenes para entender que lo que están viendo no tiene porqué ser algo natural en sus vidas.

Vivimos, además, con una sensación de angustia permanente, pues esos mismos medios de comunicación se encargan de sobredimensionar ciertas noticias negativas que les aumentan la audiencia, pero que menguan nuestras entendederas, y si el televidente no tiene la suficiente madurez y buen criterio, colocando otros valores en su balanza vital, es muy fácil que termine sin saber dónde acaba la ficción o el “reality show” y dónde comienza la realidad.

Todo ello, además, nos incita a juzgar y a sentenciar, sin juez ni abogado defensor, a los que salen en estas noticias. El conductor del Metro de Valencia, el del Alvia, el del Airbus… pero sin pensar en que, tal vez, hayan otras circunstancias que les atenuarían su culpabilidad, como por ejemplo, la responsabilidad política de otras personas que están muy por encima de ellos y que deberían haber invertido mucho más tiempo y dinero en los sistemas de seguridad, en la formación de los empleados o en la prevención…

Ahora nos encontramos ante otra noticia espeluznante, la del asesinato de un profesor en un IES de Barcelona, que me impactó sobremanera, pues me recordó tantos otros casos similares que hemos podido ver por la televisión, aunque la mayoría de las veces estas situaciones se han producido en Estados Unidos, donde la facilidad para tener armas es proporcionalmente directa a los casos de asesinatos masivos. Pero no, esta vez había ocurrido aquí, en nuestro país, donde el acceso a las armas (supuestamente) es más difícil.

Y esta vez la noticia ha llegado a través de los medios de comunicación, pero ha corrido como la pólvora a través de las redes sociales entre los adolescentes de todo el país. Todos los chicos y chicas de cada uno de los institutos han hablado y opinado de ello, espero que también lo hayan hecho con sus tutores y con sus familias, que les hayan ayudado a superar este trauma…

Pero como en los casos que comentaba antes, estoy convencida que este chico es el producto de una sociedad ciega y sorda. Y lo que es peor, una sociedad en la que sus dirigentes han hecho dejación de responsabilidades y optado por recortar en algo tan básico, para evitar estas situaciones, como es la educación.

Los responsables de los centros educativos y los docentes están saturados. Se han recortado recursos económicos y de personal y se han aumentado las exigencias, desde la administración educativa, en cuanto a burocracia se refiere, lo que impide que el alumnado reciba esa atención personalizada que ayude a conocerles mejor: sus necesidades, sus entornos, sus angustias, sus miedos, sus emociones…

Evidentemente, ante este panorama, el profesorado lo tiene muy difícil para detectar y prevenir en el aula situaciones conflictivas, y cuando tienen algún caso evidente de chicos y chicas que necesitan de una atención especial, no poseen los recursos necesarios para poder hacerlo.

Y, sin embargo, es fácil remediar estas situaciones. Claro, hablo de invertir en educación. De restablecer las plantillas docentes necesarias y también de incluir en los centros educativos, sobre todo institutos y centros singulares, a los profesionales de la Educación Social, que puedan ayudar al profesorado en su tarea educativa, previniendo situaciones difíciles, educando en emociones, interviniendo en procesos complicados con las familias y los entornos de ciertos muchachos y muchachas.

Entornos que no siempre son, como en el caso de Barcelona, susceptibles de ser encasillados como de riesgo, y que nos dejan esa sensación de que hay algo que se nos escapa…

 1 comentario
Marietika
Marietika
21/06/2015 10:06
El problema educativo

Creo que lo has definido muy bien. El profesorado está especializado en la enseñanza de contenido, incluso, la mayoría en inculcación de valores, pero no pueden atender individualmente las necesidades específicas de su alumnado, primero por los recortes, después porque los horarios van justitos para cumplir con el currículo, y tercero porque no tienen formación suficiente en temas como resolución de conflictos, mediación educativa, desarrollo de habilidades sociales, integración, coeducación, etc. Considerando que la educación es la base principal de todo/a ciudadano/a, la presencia de los/as Educadores/as Sociales en las escuelas se hace necesaria para una educación íntegra, una convivencia pacífica y un tratamiento individualizado para cada miembro de la unidad escolar, incluido profesorado y familias.

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