15 de diciembre de 2019 15/12/19
Por José Vilaseca
Perdone que no me levante - RSS

No estaba muerto, estaba de parranda…

    Hace un par de meses me mataron. Ya sé que, dicho así, parece el comienzo de una película de ciencia – ficción, con sus viajes temporales y Denzel Washington haciendo de “prota”. Bien pues, corrijamos: Hace un par de meses me encontré con una persona que creía que estaba muerto. No comprendía su gesto extraño, su palidez, y sus dudas al hablarme, hasta que me explicó que tiempo atrás, un conocido común (evito la palabra “amigo” por motivos obvios), le había asegurado que servidor criaba malvas en el cementerio más cercano, o mis cenizas las movía el viento, tanto da. Le hice ver que tenía cuerda para rato, que no formaba parte del elenco de “The Walking Dead” y se despidió de mí, razonablemente convencido.

    Siempre he creído que una de las formas más retorcidas de calumnia es meter en la fosa al prójimo antes de tiempo, y dejar correr el bulo. Del mismo modo que somos capaces de creer que Elvis todavía está entre nosotros (o sobre nosotros, si hacemos caso de la leyenda urbana extraterrestre…), damos pábulo a toda suerte de infundios que llenarían páginas enteras de la sección necrológica… y del resto del periódico, si me apuran.

    El pobre Jaleel White, actor que interpretaba al entrañable y patoso Steve Urkel en “Cosas de casa”, fue “matado, allá por el 2000, por sobredosis poco después de finalizar su andadura en aquella teleserie. Ronaldinho Gaucho, que nos dejó muestras de su habilidad futbolística en el F.C.Barcelona, se convirtió en “trending topic” de Twitter, a comienzos de año, gracias a su falsa muerte. Incluso el rockero Bon Jovi tuvo que posar para dicha red social, con un tarjetón indicando la fecha del día, y cortar de raíz el rumor de su paso a mejor vida.

    Poco importa ser un completo desconocido, una estrella venida a menos o un famoso en plena cima de su carrera: La (falsa) Parca ha visitado, recientemente, a Megan Fox, Justin Bieber o Morgan Freeman, lo que significa que estas bromas macabras no distinguen entre hombres o mujeres, jóvenes o ancianos, seres humanos o…Bieber (perdón por la coña, la tentación fue más fuerte).

    Quizá otro día tengamos tiempo de hablar de los muchos cambios en nuestra vida que provocan y promueven la imaginación de nuestros enemigos: Nos dejan sin trabajo, aunque en realidad sigamos disfrutando de ese privilegio cada vez menos común. Nos divorcian, a pesar de que sigamos atados y bien atados a nuestra costilla. Nos convierten en alcohólicos, toxicómanos, ludópatas, enfermos mentales o puteros (con perdón), quizá sólo porque “les pareció vernos” salir de algún lugar de esparcimiento y ocio, o acompañados de compañías de dudosa moral. Y, si nada de eso les sirve para conseguir su propósito, finalmente nos matan.

    Por desgracia, dicen que es más difícil destruir un prejuicio que un átomo, y quizá por eso, a pesar de que aquella persona con la que me crucé, pudo verme, oírme y meterme gustosamente un dedo en el ojo, como Santo Tomás palpó las llagas de Jesucristo… se fue por su lado con el susto metido en el cuerpo, pensando en su fuero interno si era real o una aparición alucinada.

    Quién sabe si todo esto viene a que hace seis años que mi padre se marchó para no volver, y me resulta curioso que algunos me maten con tanta facilidad, cuando ese José Vilaseca que sí tuvo la desgracia de morir, siga tan vivo en mi memoria. Así que, hasta que llegue el momento que tenga que acompañarle, con el permiso de todos ustedes, voy a empeñarme en vivir, digan lo que digan los demás (como aseguraba Raphael, que también está bien vivo… a pesar de que el maquillador del anuncio de la Lotería se haya empeñado en hacernos creer lo contrario).

    Vivamos, pues.

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