19 de septiembre de 2019 19/9/19
Por Vicent Aparici
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Libertad y democracia

Asistía esta semana a una magistral conferencia del candidato del PP a las elecciones europeas, Jaime Mayor Oreja. Fue una conferencia llena de cordura, sensatez y de capacidad de análisis. Es lo menos que se le debe exigir a quien formó parte de un gobierno de España y va a liderar ahora una lista de su partido al parlamento europeo.

Aunque parece obvio, lo que estamos describiendo no resulta tan fácil de encontrarlo en los momentos actuales, en los que la acción política, en demasiadas ocasiones se caracteriza por todo lo contrario. Los personalismos políticos, el excesivo intervencionismo de las diferentes administraciones, el interés partidista frente al interés general, etc.

Frente a ello, el protagonismo de la sociedad civil en una Europa de los 27, dentro de un mundo globalizado, la disminución del peso de la administración y de sus gastos derivados, la libertad de elegir y de actuar en beneficio del interés general, etc., deberían de ser conductas de comportamiento que impregnaran la actuación política a todos los niveles.

Decía Mayor Oreja con especial convicción que “esta crisis no es sólo una crisis económica, sino que lo es también de valores”. Y uno, observador y actor de esta realidad actual no puede más que estar de acuerdo con ello. El fino bisturí del pensamiento moderno de Jaime Mayor, diseccionó con absoluta rotundidad la realidad actual, para profundizar en ella y machacar una y otra vez en la dolorosa realidad sociopolítica  que nos rodea.

Creo sinceramente que hemos perdido, en mucha parte, en estos cinco últimos año de gobierno socialista, aquello que todos convenimos en denominar el espíritu de la transición. Los actuales gobernantes y sus apoyos han querido convencernos a todos de que la transición liberal, que se produjo hace 30 años, quedó inacabada y que era necesaria una segunda transición, que pasaba por un nuevo estado más fraccionado, más intervenido y con menor peso de la sociedad civil. En definitiva un Estado más intervencionista y menos liberal. Y eso ha sido un error lamentable.

Por tanto en nuestra receta para salir  de la crisis habrá necesariamente que tener en cuenta que no solamente estamos hablando de la recuperación de una situación económica, sino también de aquellos valores que impulsaron la transición, para que no vuelva a suceder que alguien dilapide en apenas cuatro años aquello que costó más de 25 en ser construido y que requirió un esfuerzo especial en el periodo 1996-2004.

Conseguimos con la transición de 1978 y las propuestas económicas liberales de los años de gobierno del Partido Popular en España, entrar en el Club Europeo con garantías suficientes y además fuimos capaces de firmar en ese periodo elementos claros de la modernidad del avance económico de España, nuestro compromiso para cumplir las condiciones de nuestra entrada en el euro, y además lo hicimos reafirmando nuestro total respeto y compromiso  con las cuestiones ambientales. El presidente Aznar, firmaba con los países más modernos del mundo el protocolo de Kyoto y con el nuestro compromiso para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Hoy celebramos que Obama, el presidente de Estados Unidos, 10 años después de que lo hiciera Aznar, empiece a plantearse esta cuestión.

Es importante por ello que volvamos a las recetas liberalizadoras de los tiempos de gobiernos del PP, manteniendo los valores que impregnaron la transición española y los gobiernos que la impulsaron. Es momento de determinar con claridad que queremos una administración con menor gasto y por tanto menos endeudada, una sociedad civil y unos sectores económicos menos encorsetados por impuestos y unos gobiernos que colaboren de forma adecuada con los actores reales del desarrollo sostenible de nuestro estado, que no pueden ser otros que los agentes económicos y sociales.

En definitiva un estado más liberal y democrático.

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