5 de agosto de 2020 5/8/20
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En pie de guerra a cuenta de la gestión pública o privada de la sanidad

    En las últimas semanas estamos asistiendo a una brutal campaña por parte del partido popular de la provincia de Alicante, a favor del mantenimiento de la gestión privada del Hospital Universitario de Torrevieja y del área de salud 22. Todo ello a raíz de las manifestaciones de la consellera de sanidad, Ana Barceló, en las que aseguraba hace algunas fechas y de manera inequívoca, la reversión a la gestión pública del Hospital Universitario de Torrevieja y del área de salud 22. Que como sabemos, está ahora en manos de Ribera Salud, participada en un gran porcentaje por una multinacional estadounidense.

    El debate sosegado nunca le ha gustado al partido popular de la provincia de Alicante, siempre empeñado en hacer ruido y enturbiar hasta el límite lo que debería ser fruto de una reflexión serena y meditada que llevara finalmente a tomar la mejor decisión posible. Lo que está en juego es demasiado importante como para convertirse en un pim pam pum de ocurrencias y poses grandilocuentes, que buscan más el enredo que lo mejor para los ciudadanos. En donde algunos confunden sus funciones y a las instituciones que representan con su propia hoja de ruta partidista. Olvidando que su única función es la de buscar soluciones que redunden en el bien colectivo de la ciudadanía. No convertirse, aparentemente, en meros representantes comerciales de un modelo concreto de negocio sanitario.

    Como se ha repetido hasta la saciedad este no es un debate en contra de la gestión privada de algunos servicios de titularidad pública. Es un modelo que se ha implantado en otros países europeos y que tiene ejemplos de que es una vía válida a explorar en algunos casos concretos. Es un debate en contra sí, de un modelo implantado por el partido popular en los tiempos del ex presidente Francisco Camps y que, me da la impresión, arroja serias dudas de que el modelo perfilado en aquellos años oscuros (donde la Comunitat Valenciana sufrió lo indecible con un caso de corrupción tras otro, echando por tierra la imagen de una comunidad trabajadora y con ganas de futuro y justicia social) no tuviera como fin último acabar con la sanidad pública en la Comunitat Valenciana.  Afortunadamente, la gestión del president Ximo Puig ha situado a nuestra comunidad a la altura de los estándares de las democracias más avanzadas y ha mostrado claramente su compromiso con la gestión pública de la sanidad en particular y con la defensa de lo público en general. Creo, sinceramente, que ese es el camino a seguir.

    La política de los hechos consumados es a lo que siempre ha apostado el partido popular. Hagamos creer, cueste lo que cueste, que la gestión privada de algunos servicios públicos es mejor que la gestión directa por parte de las administraciones titulares de esos servicios. De este punto a la privatización sin más debate de muchos servicios que ahora prestan las administraciones, hay una línea muy fina. Solo así puede cobrar sentido el descrédito al que incurren al tratar de defender la gestión de Ribera Salud tildando la gestión pública de la sanidad de ineficaz, más costosa, en las que aumentarán las listas de espera y todo será el apocalipsis final. Cabría preguntase el por qué del interés del PP en presentar a la pública, no como peor gestión, sino como poco, el causante de todos los males. Lo cierto es que este mantra es repetido hasta la saciedad por los partidarios de la reversión del Hospital de Torrevieja. Huelga decir, que es un discurso interesado y que falta a la verdad. Una mirada sosegada a los mismos, a los datos reales y constatables, nos hace falta como agua de mayo. Una reflexión de lo acontecido en la alerta sanitaria del COVID-19 en todo el mundo, con diversos modelos sanitarios, públicos, mixtos y privados, y cómo han respondido al reto de esta terrible pandemia, arrojaría el resultado de apostar decididamente por un modelo público de la sanidad. Bueno sería, también, que escucháramos a los profesionales sanitarios y tomáramos buena nota de sus conclusiones. La política es, fundamentalmente, saber escuchar.

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