4 de agosto de 2020 4/8/20
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Donde habita el olvido

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    Donde habita el olvido- (foto 1)

    Nada nos hacía sospechar al inicio de este año 2020 que se tornaría profecía la famosa canción de Sabina ¿quién me ha robado el mes de abril?, un año en el que las enfermeras y matronas queríamos hacernos más presentes si cabe en la sociedad a través de congresos, encuentros y foros profesionales y sociales, pero como quien viaja a lomos de una yegua sombría, estamos donde estamos siempre, a pie de cama, con los enfermos, con los que sufren y con todo aquel que nos necesita, no solo en la enfermedad, sino velando para que no enfermen. Un año terrorífico para miles y miles de personas que han perdido a sus familiares y en otro plano más material, su trabajo, sus ahorros, su futuro y esperanzas. Aderezado todo, por un ruido de políticos, incapaces de ponerse de acuerdo ni en la peor crisis que ha sufrido España desde la trágica Guerra Civil.

    Afortunadamente, la sociedad española está tradicionalmente por encima del nivel medio de sus políticos y proliferan por todo el territorio nacional iniciativas de todo tipo para ayudar a los que menos tienen, por ejemplo “Alicante Gastronómica solidaria” que en solo dos meses entregó su menú 136.000 sumándose a entidades más veteranas como Cáritas o Cruz Roja que han visto aumentar notablemente la demanda de ayuda no solo alimentaria sino de todo tipo como el pago de la luz o el agua.

    Las enfermeras y enfermeros lo somos veinticuatro horas, 365 días al año y contribuimos a nuestra sociedad en muchos y diversos aspectos, por ejemplo, recientemente hemos firmado un convenio de colaboración con Cruz Roja Alicante, donde tanta ayuda necesitan, tanto en captación de recursos como en mano de obra que les ayude a repartir dicha ayuda.

    Finalizado el estado de alarma, la gente se ha lanzado a respirar, a ver a la familia, a los amigos, a retomar en lo posible la vida que tenían antes, pero el peligro no ha pasado y siguen los contagios, y siguen las muertes. Quizá hoy nos encontremos, Como el pirata cojo, después de una fiesta, con una resaca que no nos deja ver la dimensión real de esta tragedia, quizá por el miedo a reconocer nuestra vulnerabilidad y la de nuestros seres queridos. Pero el tiempo pasa inexorable y esta sociedad necesita pararse y curar las heridas que esta maldita pandemia nos ha dejado, y sin embargo, pocos son los que quieren reconocerlos.

    Parar, para reflexionar de lo ocurrido y cómo evitar la próxima pandemia, que la habrá; no olvidemos que durante todo el siglo XX convivimos con la pandemia del hambre, aunque lejos de nuestro mundo occidental.

    Curar, las profundas heridas que ha dejado en el corazón de una sociedad que se creía con el mejor sistema sanitario del mundo, en el que nuestros mayores se han ido de la forma más indigna, para aquellos que levantaron un país devastado tras la guerra.

    Nuestros políticos han creado comisiones de reconstrucción en todos los planos de la Administración, desde el municipal hasta el estatal, donde se les ha dado voz a los diferentes sectores profesionales, pero mucho me temo que esa voz dure menos que dos peces de hielo en un whisky on the rocks, ya que si quieres que no se haga nada, crea una comisión. No obstante, las enfermeras y enfermeros, no se enfaden mis compañeros, acudimos allá donde se nos convoca para intentar aportar nuestro granito de arena, un dato que aportamos es que se ha demostrado que los países con mayor número enfermeras por habitante tuvieron menor número de muertes por Covid-19

    Pero como en los “Cuentos que yo cuento”, sobran testigos, cura y juez para demostrar lo que las enfermeras aportan, han aportado y aportarán allá donde se las necesite, a pesar de que muchos de esos logros vayan luego donde habita el olvido.

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