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DesFACHAteces

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    DesFACHAteces- (foto 1)

    Después de la primera entrega, la pasada semana en Valencia, hoy conocemos el capítulo final de una serie de ciencia ficción en la que los protagonistas luchan por tener la espada láser más larga y luminosa.

    Hace una semana el PP cerraba su periplo congresual por España en mi tierra. Como faranduleros, recorrieron el territorio nacional para finalizar en tierras valencianas, sin ningún tipo de pudor. Llenaban la Plaza de Toros, para dar la estocada final a unos días no muy buenos, donde Rajoy reconocía la buena gestión en la crisis sanitaria, Aznar alababa la Conquista de América en términos nefastos, Sarkozy era imputado y dimitía el Canciller austríaco Sebastian Kurz, investigado por corrupción; todos estrellas invitadas al show.

    Sacan pecho en Valencia, una tierra que dejaron hecha unos zorros y en la que no son ejemplo de nada para nadie.

    Casado se rodea de miles de personas para hacer bueno un discurso más cercano a la extrema derecha que a ese centro al que quiere llegar. Un discurso catastrofista en un momento de recuperación económica que no le gusta y que a toda costa quiere frenar, sin pensar en lo que realmente España necesita hoy, porque para el PP y para Casado “cuanto peor, mejor”.

    Y sin quererlo, o muy a sabiendas, redundan en manifestaciones que perjudican a nuestro país y que no coinciden en lo más mínimo con la imagen que se tiene fuera de nuestras fronteras y que, muy a su pesar, es más que buena.

    Se acercan peligrosamente al discurso extremista de la derecha más rancia y se mimetizan con aquellos que los apoyan en gobiernos autonómicos y locales, de los que quieren apartarse, pero ni con agua caliente.

    Escuchados los discursos de ese fin de semana, nada hacia presagiar que la cosa pudiera ir a peor, pero sí; hoy mismo el líder de VOX, al más estilo medieval, nos ha deleitado con un discurso propio de épocas muy pasadas.

    Abascal inaugura el acto “Viva 21: la España en pie”, criticando al presidente de EEUU, tratándole de tonto y afirmando que es lamentable porque “ataca la gran obra de la Hispanidad”, ya que hay sentirse orgulloso de lo que hicieron nuestros antepasados con los pobres indígenas, que deberían estarnos agradecidos por haberlos descubierto (que digo yo, que los pobladores de América, en 1492, sabrían que existían).

    Como ha empezado suave, ha tomado impulso y, ni corto ni perezoso, ha arremetido contra el Gobierno de España. Nada nuevo. Lo realmente curioso ha sido su enfrentamiento a pecho descubierto con el PP y el señor Casado. Ha sido el discurso de la oposición y la derogación: oponerse a la Agenda 2030 y la transición ecológica justa, porque VOX ya tiene una agenda propia, que sin duda le gusta mucho más que la actual, repleta de derechos y libertades.

    Y queriendo realizar propuestas con sentido común, Abascal elige ridiculizar las políticas migratorias, la violencia de género, el cambio climático, la diversidad familiar y cultural.  No quiere a nadie, porqué él posee la verdad y antes de elegir entre Sánchez o Casado, se elige a él mismo: patriota y español.

    Y como instrumento al servicio de España él, consigo mismo, tacha a las ayudas planteadas por el gobierno como migajas y a aquellos que las reciben como sumisos y condenados a una vida de porquería. Y se queda tan a gusto.

    No se equivoque, señor Abascal, claro que habrá gente que escuche su retrógrado discurso y se lo crea, pero somos más los que creemos en la libertad y en la democracia, y esas mujeres y hombres seguiremos trabajando por desarrollar políticas inclusivas y feministas, en defensa de los derechos de los diferentes colectivos y de protección de los niños y niñas y de las mujeres víctimas de violencia de género. Y defenderemos el derecho a nacer y morir dignamente, y a desarrollar nuestra vida en igualdad de condiciones,

    No entren en cólera, porque no vamos a volver a consentir que nos arrebaten lo que hemos conseguido con años de sufrimiento, lucha, diálogo, empoderamiento, equidad y sobre todo libertad y democracia.

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