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Por Antonio Zapata - Concejal de Urbanismo de Orihuela
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Cornadas de responsabilidad

    Menos mal que uno está curado de espanto, porque, si no, a lo largo de los casi dos años que lleva gestionando la concejalía de Urbanismo de Orihuela no habría dejado de sorprenderme por quién dice, hace o escribe lo primero que se le ocurre. Y aunque la memoria es corta, la hemeroteca es un hándicap con el que algunos no cuentan.

    Que el urbanismo de esta ciudad ha estado políticamente mal gestionado es algo incuestionable. Que el impulso de un nuevo plan general era necesario, obvio. Que los instrumentos con que cuenta mi concejalía y su personal son paleolíticos, más todavía. Así y todo, pronto veremos resultados del trabajo realizado.

    Es también un hecho relevante que el casco histórico es una cuenta pendiente muy larga que empezó a escribirse cuando apenas divisábamos la costa como zona de creación de riqueza, empleo y economía. Quien miró sólo eso con ambos ojos y no se dedicó a observar cómo asfaltábamos con granito kilómetros de calles del casco histórico, mientras las edificaciones - auténtica riqueza visual y, a la postre, turística y cultural de nuestra ciudad- se caían y deterioraban agónicamente, quiere ahora evitar determinadas actuaciones para tapar sus propias vergüenzas, una de ellas, en la Plaza de Toros.

    Si, me refiero al Partido Popular de Orihuela y las distintas corporaciones que han gobernado durante 25 años nuestra ciudad. Y a ciertas personas que ahora defienden la Plaza de Toros, cuando la han tenido dormida mientras envejecía y enmudecía, hasta el punto de no poder ya despertar. Que la Plaza de Toros es una edificación en ruinas es un hecho objetivo, puesto de manifiesto por los técnicos. Que la Plaza de Toros es un peligro para las personas, también. Que todavía podría seguir siendo un coso taurino, seguro. Con la recaudación procedente de la gestión del urbanismo de Orihuela, los fondos FEIL y los planes CONFIANZA se han gestionado cientos de millones de euros, y ahora, sin embargo, no hay nadie nadie que haya ostentado responsabilidades políticas respecto a la plaza.

    Pero la hemeroteca es una espada de Damocles de la que nadie puede librarse. ¿O es que el Partido Popular y aquellos que se erigen ahora como defensores del patrimonio no recuerdan la Casa del Inquisidor? Les refresco la memoria, porque siempre hay alguien que tiene mucho que callar antes de hablar. La Casa del Inquisidor era una edificación protegida que de la noche a la mañana, más bien de noche, fue derribada, lo que provocó que la Conselleria de Cultura exigiera la restauración de la legalidad urbanística y la reconstrucción del inmueble. El Ayuntamiento de Orihuela dio entonces la callada por respuesta, de manera que se dejó el solar expedito y ahora sólo se conserva el escudo heráldico de piedra. En aquel momento hubo un clamor popular contra esta actuación, pero lejos de obligar a la reconstrucción del edificio, el Ayuntamiento tiene que pagarle ahora al propietario de ese suelo la cantidad de 1.200.000 euros, aproximadamente. Les aseguro que he visto ese contrato firmado por la exalcaldesa Mónica Lorente. Hablamos de un solar de unos 381 metros cuadrados, así que la broma nos va a salir por 3.100 euros el metro.

    La Plaza de Toros actualmente en ruinas nunca ha sido tomada en serio y necesita una solución urgente, responsable y dolorosa como una cornada, que servirá para ejecutar una actuación provisional que permita usar ese espacio como aparcamiento, como zona verde, como zona donde celebrar eventos y donde siempre quedará un testigo en pie de lo que ha sido, es y será en un futuro. Por eso, mientras algunos defienden intereses particulares siendo políticos y empresarios taurinos, yo me dedico a defender el interés general como Concejal de Urbanismo.

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