4 de diciembre de 2020 4/12/20
Por varios autores
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La batalla es contra el virus

    Comienza un periodo de reconstrucción para todo y para todos y todas

    Ese momento en el que se pone en la balanza quién y qué vale realmente la pena.

    Hace nada estábamos recluidos y recluidas en casa, saliendo a las ocho de la tarde a aplaudir unidos y preocupados y preocupadas por un futuro incierto que, según los datos, se nos hacía lejano.

    Dijimos que esto nos haría más fuertes, que saldríamos más unidos, que valoraríamos otras cosas y no perderíamos nuestro tiempo en banalidades.

    ¿Cuándo se nos olvidó el esfuerzo que habíamos hecho? ¿En la Fase 0? ¿En la Fase 1?...

    A algunos/as se les olvidó antes de comenzar. Cuando se miraron en el espejo y pensaron que era mejor impostar un sentimiento y recrear un dolor. Pero el dolor existe y seguirá entre nosotros/as, porque lo vivido supera cualquier ficción que nos hubiesen contado hace unos meses.

    Hoy, la vida y nuestro esfuerzo nos da la posibilidad de reconstruir nuestro futuro con paso firme y no vamos a consentir que nadie, ni nada, juegue o ponga en peligro esa posibilidad.

    Es posible que hayan olvidado ya. Puede ser. Pero nosotros/as les vamos a recordar que esto no ha sido un sueño y no vamos a recrear de nuevo esta pesadilla.

    Debemos seguir un objetivo común (parece que se olvida): protegernos y proteger a los/as más vulnerables.

    ¿Dónde se perdió la cordura? ¿En el uso desproporcionado de las cacerolas? ¿En el apropiamiento de símbolos comunes? ¿En cabalgatas inoportunas? ¿En portadas penosas e imágenes impostadas?

    No lo sé, pero deberíamos mirar hacia atrás, porque no hace tanto tiempo.

    No hace tanto tiempo que tuvimos que aparcar nuestras vidas por culpa de un virus que procedía de China y que, con nombre de lavadora industrial, hizo que nuestro mundo se viniese abajo. Una pandemia global que cerró fronteras y nos mantuvo conectados al minuto a datos increíbles. Una pandemia que corrió como la pólvora para avisarnos de que no somos invencibles.

    Y nos pusimos en marcha, reaccionando con medidas jamás vistas en nuestro país, tanto económicas como sociales, necesarias para soportar un momento que de forma contundente nos hacía perder el sentido de la realidad.

    Sanitarias, integrantes de los Cuepos y Fuerza de Seguridad del Estado, cajeras, farmacéuticas, transportistas, limpiadoras… Profesiones esenciales que han sido verdaderas heroínas al servicio de la ciudadanía, a las que debemos cuidar y mantener como fundamentales en el tiempo, porque esto no ha acabado, sigue ahí.

    Autónomos/as, pequeñas empresas, escuelas, restauración, hoteles… ante la incertidumbre de cómo continuar en tiempos difíciles y un Gobierno dando soluciones en momentos inéditos.

    Con la tristeza de las personas que nos han dejado y con la esperanza de los/as curados/as nos ponemos en marcha para escalar hacia la nueva normalidad, porque ya nunca será lo mismo.

    Hemos evitado los besos, los abrazos, el contacto… Sin embargo, hemos aprendido a sonreírnos con la mirada y a abrazarnos con ese sentimiento de alegría que inunda nuestras caras tapadas cuando nos reencontramos.

    Han sido momentos malos, muy malos, pero lo peor es la deslealtad y el distanciamiento de aquellos/as a los que creíamos aliados/as con sentido de Estado o, al menos, opositores/as con sentido común.

    En estos momentos se descubre la cara vista de aquellos/as que, bajo el falso patriotismo y el afán de protagonismo, recuperan la crispación y el enfrentamiento cuando no toca. Un oportunismo fuera de lugar que enfada a aquellos/as que han mantenido la compostura y el sentido común: los españoles y españolas.

    Hoy, sufriendo una segunda oleada del virus y sabiendo más que en marzo, estando más preparados, no podemos mirar hacia otro lado, o victimizarnos argumentando que se están aplicando medidas políticas y no sanitarias.

    Ahora se exige de los/as representantes públicos/as el máximo esfuerzo en acordar medidas que salven vidas, por razones estrictamente epidemiológicas y con una unidad que se hace difícil cuando se quiere aprovechar una situación tan complicada como esta.

    Esta es una batalla contra el virus, con lealtad institucional. Todo lo demás sobra, porque hay que decirlo alto y claro: a este virus se le vence unidos y unidas.

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