8 de diciembre de 2019 8/12/19
Por Jesús Montesinos
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Un mayo del 68 en el 2011

    En mayo de 1968 ocurrieron muchas cosas. Pero sobre todo fue una revuelta antisistema, aunque como en todas las revueltas al cabo del tiempo todo volvió a ser igual. Los franceses siempre saben quedar muy bien a la hora de abanderar revoluciones. Pero ahora hay demasiadas vibraciones que hacen prever que en 2011 van a registrarse nuevas movilizaciones contra los cambios que hay que introducir para mantener el sistema. Una gran contradicción.

    Angela Merkel empieza a poner su orden en la inmigración. Le sobran varios millones de turcos para su PIB. Sarko le está metiendo mano al Estado de Bienestar porque no hay déficit que lo aguante, ni siquiera a la francesa. Y hasta Zapatero amaga tímidamente la patita con pequeñas modificaciones de la regulación laboral y las pensiones. Y así ingleses, irlandeses, griegos, portugueses y muchos más, mientras chinos, hindúes, rusos y brasileños crecen desmesuradamente. Todos cambian muchas o pocas cosas para mantener mínimamente el sistema.

    Lo peor es que como dice el economista Roubini todo esto va a servir para poco, porque estamos abocados a cambios drásticos. Con mayor déficit o adelgazando las administraciones, pero lo que están haciendo en Francia, Alemania y España es solo un apunte de lo que deberá hacerse. Por eso la previsión de un nuevo mayo en el 2011. Solo que estas movilizaciones populares no será contra el sistema, sino para mantenerlo.

    Por no hablar de cómo irá bajando toda esa revolución sistémica sobre municipios y autonomías o sectores concretos. Con el informe PISA en la mano no puede aguantarse el modelo educativo español, vertebrado a través de las CC.AA. La inversión no guarda relación con los resultados. Cuando le metan mano de verdad al caos educativo (que se lo meterán más pronto o más tarde) la movida será de órdago. Las revueltas irán parejos a la acciones políticas, que por otra parte ya van retrasadas. Curiosamente la gente se sublevará para mantener el sistema, no para que lo cambien.

    Lo dice Judith Sills en su libro Exceso de equipaje. Arrastramos demasiadas historias personales y colectivas como equipaje para asumir que debemos soltar lastre para enfrentarnos a la realidad que nos invade. Ya no es la frase de Lampedusa ( Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie). Ahora es ya sabemos que nada puede seguir igual y que todo debe cambiar. Pero arrastramos demasiado equipaje. Nadie quiere renunciar a ninguno de sus mayores o menores privilegios. Ni los curas a sus sotanas ni los maestros a sus púlpitos. Ni, por supuesto, los políticos compartir su poder.

    De ahí vendrá el nuevo mayo de2011. Una movilización contra el cambio del sistema porque cualquier tiempo pasado fue mejor. Incluso estos días una empresa española (Martinsa) apuesta porque el sector de la construcción vuelva al ritmo de antes (¿Y qué hacemos con todas las viviendas que están poder vender?)

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