22 de octubre de 2019 22/10/19
Por Jesús Montesinos
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Si hay una guerra, vende balas

    Que no se me alarmen los pacifistas. No se trata de aconsejar el montaje de una fábrica de armas. Es la forma que tienen en las escuelas de negocios de resumir en una frase la oportunidad empresarial incluso ante situaciones tan dramáticas como una guerra. Si hay una guerra, vende armas.

    Hay que evitar el colapso, el agobio, porque siempre hay una salida. Aunque tal como vienen las cosas parece que hasta los astros se han conjurado en contra nuestra y el pesimismo reina por doquier cuando conocemos que los parados en febrero sumaron 12.600 solo en la Comunidad Valenciana, y la cosa no para.

    Antonio Garrigues decía el jueves en Valencia que la crisis ha terminado. Y el ICO habla en sus encuestas de una ligera recuperación de las perspectivas empresariales. Y hasta apunta estadísticamente hacia una pequeña alegría en el consumo. Pero cuando hablas con los tenderos, las pequeñas empresas, los hoteleros o las fábricas de bienes de equipo o manufactureras (la mayoría de los negocios existentes en la Comunidad Valenciana) el que no te llora por el mercado implora por que le paguen las deudas. Un respiro por favor, porque no se puede vivir con este agobio. ¿O es el resultado de la desconfianza?

    ¿Y cómo no va a haber desconfianza si cada día nos despertamos con un sobresalto? La prospectiva es una disciplina que permite prever situaciones variables y aplicar con tiempo las recetas consiguientes. Y la improvisación es lo que hace un dirigente cuando no quiere o no sabe prever esas situaciones. ¿Qué confianza puede tener un ciudadano español cuando el BOE solo sirve para crear problemas? Hace meses que la inflación se desborda pese a la caída del consumo. Hay una razón: la falta de competencia. ¿Van a hacer algo para evitar la caída en la deflación? No quieren ver las señales de alarma y tomarán decisión precipitada para el verano.

    La subida del petróleo viene derivada por el incremento del consumo en China, India y otros países emergentes, luego fácilmente previsible desde hace años. Por eso en 2008 la Unión Europea definió hasta tres niveles de acciones para el ahorro energético. Pero el gobierno de España no quiso reconocer públicamente el problema y aguardó hasta la pasada semana para improvisar unas medidas que pese a válidas suenan a chirigota porque nadie las explicó a su tiempo. Libia se ha convertido en la excusa ideal para las trapisondas políticas.

    Por eso aunque las condiciones objetivas sean mejores, ¿quién se fía de que mañana no nos sorprenderán con algo estrambótico? Hace solo un mes se aprobó la Ley de Economía Sostenible y no hubo reflexión alguna sobre la energía. Bueno, si que hubo una: subir los recibos de la luz. ¿Quién va a arriesgar un euro en algo con esta sensación de desgobierno? ¿Si estás muerto, por qué bailas?

    El carril bus está implantado en las ciudades españolas desde 1973, cuando la crisis del petróleo. ¿Qué dicen ahora de un carril especial para el servicio público? Y lo de los coches compartidos es de los mismos años, repetido en 1983. Las medidas de ahorro energético pueden ser hasta buenas, pero no puede ser que el mes pasado ni se mencionaba el Nivel I decidido por la UE en 2008 (velocidad y luces) y ahora ya quieran imponer hasta partes del Nivel III (limitación de circulación de vehículos privados) ¿Por qué no sale alguien y lo explica? ¿O es que en la Moncloa solo saben fabricar problemas nuevos para que no valoremos los de verdad?

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