26 de agosto de 2019 26/8/19
Por Cristina Querol
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Te quiero Iker

En general detesto las comparaciones cutres y recurrentes entre el fútbol y la política. En general intento ser congruente y consecuente con lo que escribo, que nunca es la verdad sino parte de ésta. En general, digo lo que digo para invitar a la reflexión. Hoy no. Hoy voy a ser incendiaria y a lo mejor recurrente, voy a dejarme llevar por la pasión y a cabrear a unos cuantos. Si cree que va a sentirse ofendido o no le gusta mi planteamiento, es libre para dejar de leer ahora mismo.

Después de 12 años viviendo en Catalunya, he aprendido que hay dos maneras de ser catalán: se puede salir a la calle, a gritar contra no se sabe muy qué y a insultar no se sabe muy bien a quien, o animar a la selección y sentirse español, además de catalán. Esta segunda está mal vista: esa es la táctica excluyente e intolerante de algunos: una táctica que arranca en la estigmatización y acaba en la exclusión. En definitiva, lo que en otros tiempos se llamó “fascismo”.

Más de un millón de catalanes (según la organización) y 56.000, según una empresa consultada, optaron el pasado sábado por la primera opción. No sé si los otros 6 millones se sienten españoles, pero desde luego no bailaron el agua a una manifestación encabezada por una élite política sin rumbo, unos cuantos intolerantes, varios yuppies que ni se han leído el Estatut ni saben por qué les beneficia o por qué no, y seguramente unos cuantos inteligentes y unos cuantos listos, que no es lo mismo.

En definitiva, el titular podría ser que “más de seis millones de catalanes no se manifiestan contra el Constitucional”. Y es que todo tiene, como mínimo, dos lecturas. Y no hay más que mirar al PSOE, un partido que en España tiene un presidente dirigiendo el país (no se sabe muy bien hacia donde) mientras su compañero de filas encabeza una manifestación en la que se clama por dejar de pertenecer a ese país. He aquí la expresión más clara de la incoherencia, la más evidente puesta en escena del electoralismo llevado hasta el final: el estar gobernando un país y a la vez estar bramando en contra de éste por las calles de Barcelona. Un acto de maquiavelismo entendido en la más radical de sus vertientes. Una nefasta actuación de muy poca categoría y que demuestra una vez más la falta de respeto del Partido Socialista, no sólo hacia España, sino también hacia sus votantes.

Y al fin y al cabo, ¿para qué sirvió la manifestación? Según algunos, fue la expresión del pueblo catalán. Pues bien: anoche el pueblo catalán y el pueblo español eran uno en las calles catalanas. La selección española ganó el Mundial de futbol, Zapatero estuvo ausente en el partido, nadie tuvo que convocar a los manifestantes y, sin embargo, la gente se echó a la calle a corear ¡Qué viva España! No hacía falta que nadie encabezara la fiesta, daba igual si había mil o mil millones, daban igual los titulares, daba igual el qué dirán: sin complejos, Catalunya y el resto de España celebraron la victoria de su selección. También lo celebraron muchas ciudades en el mundo, tras un partido que pudieron ver centenares de millones de persona, para las que hoy sólo hay dos palabras: España campeona.

Campeona porque hemos sido mejores, desde el primer día. Campeona porque a pesar del maltrato arbitral hemos demostrado nuestra valía. Campeona porque tenemos unos delanteros que sentencian cuando llegan a meta. Pero sobretodo, campeona, porque hemos demostrado una vez más que no cualquiera le mete un gol a España. Ni en el campo ni fuera. Nos ha salvado el portero, sí, pero el portero también juega. Que me perdone Carbonero pero tengo que decirlo: Iker, ¡te quiero!

 6 comentarios
j.megias
j.megias
18/07/2010 12:07
picadero

Cristina te felicito por tu escrito ,me lo apunto y seguramente con tu permiso lo remitire a mis compañeros de Cataluña saludos j.megias

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Te quiero Iker
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