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Por José Manuel Puchol Ten
Crónica de l´Alcalatén - RSS

Otoñal octubre. Gabardinas, rosarios y procesiones

    En l´Alcora de los años 60, la climatología de octubre era un poco más adversa. Las tardes ya eran bastante frescas, demandaban el abrigarse con la popular “gabardina”. Los jóvenes alcorinos, ya finalizada la jornada laboral andaban prestos. Debían asearse, merendar, y una vez enfundados con la gabardina o comando, con un brillante cabello bien rociado de fijador, acudir puntuales a la plaza de la Iglesia. Las chicas, para disponer de un tierno y agradable rato con su amado príncipe, asistían puntualmente al rosario de la Iglesia Parroquial. La gratificación o premio venía luego, al finalizar el ejercicio religioso.

    Todos los días se rezaba el rosario (octubre del Roser), y los sábados las populares procesiones. Las madres tenían claro, que aquello, no todo era litúrgico. Para muchas jóvenes era la treta, la excusa para estar a solas con su joven amado, bien lejos de la estrecha vigilancia a que eran sometidas. Hasta en el baile de la plaza pública, veías a las Marías, algunas con sus plegables y transportables sillas, sentadas en el perímetro externo observando y ojeando con ojos de Azor. Cuestión importante era para las protectoras y beneméritas madres, que no fuesen mancilladas sus hijas, ni aunque estas lo deseasen a rabiar.

    ¿Quién no recuerda la Procesión? En octubre eran cuatro (en sábado a las 21 horas), las que se realizaban: 1ª Desde la Iglesia Parroquial a la Iglesia de San Francisco. 2ª Desde la Iglesia de San Francisco al Colegio de la Consolación. 3ª Desde la Consolación al Colegio de la Salle y 4ª Desde el Colegio de la Salle nuevamente a la Iglesia Parroquial.

    Con estos recorridos procesionales, se intentaba que la Virgen pasase por el mayor número posible de calles. Ejemplo de la que salía de San Francisco: Calle San Pascual, Martinet, Pintor Ferrer, Generalísimo (actual Constitución), Pl. Patio y Moros. Desde la Consolación a la Salle: Calle Moros, Pl. Patio, Pl. España, Loreto y García Valiño (actual Ferrerets).

    Pero las mujeres, siempre andaban al acecho controlando el sutil señuelo del anzuelo amoroso. Además del popular rosario y las procesiones, también se dejaban ver en su asistencia al aprendizaje y practica de “corte y confección”. A la hora de finalizar su turno, casi siempre al anochecer, allí al otro lado de la calle y enfrente del umbral del taller de confección la esperaba su caballero. Él, la acompañaba a casa después de tomarla del brazo. Dichoso momento en que los polos del imán humano perdían su habitual orientación. Siempre solía ser muy lenta la carrera hasta casa. Cierto es, que valía más un beso de esos tiernos momentos, pues sabían a robo e intriga; que…, no se cuantas cosas más de después de casados.

    Un mes de octubre muy activo. El Parany, la Fira del Mussol, acopio de leña para el hogar y las celebraciones de distintas onomásticas, llenaban la hoja mensual de aquellos almanaques con referencia al 10º mes del año. Otra cuestión era la música popular, el 3 por la noche víspera de San Francisco, la rondalla envolvía de cantos los umbrales de las casas donde residía alguna Francisca o Paqui. También hacía lo propio en la proximidad de Ntra. Sra. del Rosario, del Pilar o Santa Teresa. A la par, en el Salón de Actos del Ayuntamiento se empezaban los ensayos de la tradicional Albà, en su versión a la Virgen. En definitiva un rebosante dietario de octubre.

    Yo diría que era un mes dedicado a la mujer, a enaltecerla. Comenzando por la Virgen y las jóvenes practicantes del rosario, y terminando con las entonces clásicas celebraciones, de la onomástica de las Franciscas, Rosarios, Pilar o Teresas, muy numerosas en el Censo de aquella Alcora de 1.960.

    Mes de noviazgos, que en su buen andar, los que llegaban a la Dobla y posteriormente hasta San Vicente, certificaban la unión con la compra de dulces y turrones de la feria allí instalada.

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