21 de agosto de 2019 21/8/19
Por Carmen Vila Embid
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Aquella incipiente España de las autónomias

Aquella incipiente España de las autonomías inició su letargo y Suárez tuvo que comerse el ultimátum de muchos que no querían hacer distinciones entre las comunidades históricas y las demás. El café se preparó para todos y en Murcia, La Rioja, Cantabria, Albacete o Segovia etc… descubrieron con sorpresa que era igual que los vascos, catalanes o gallegos.

Interviú seguía en los quioscos y las tetas en su portada. Llegaron los años 80 y el PSOE al gobierno. En Madrid se inventaron la movida, Tierno Galván invitó a colocarse y Barcelona comenzó su decadencia a golpe de un nacionalismo trasnochado y subvencionado….Hoy ya saben lo que quiere…
Pocos se acordaban de la ruptura. Alfonso Guerra diagnosticó que a España no la reconocería ni la madre que la parió. Olvidó decir Alfonso Guerra que a los socialistas les ocurriría otro tanto……. Si Pablo Iglesias, el impresor, fue modelo de conducta, el espejo era ya otro de otro Pablo... España pasó a dividir a sus súbditos entre privilegiados y pringaos.

Los hechos vuelven a repetirse y el cartero a llamar dos veces a la misma puerta. Con la primera Transición el Sistema borró del mapa sindical a CNT.
En esta segunda Transición el Sistema quiere borrar del mapa a los indignados, a quienes no lograron hacerse ricos, a quienes todavía son capaces de pensar y decir que la libertad no viene de las urnas. El Sistema guarda bien sus cartas y nunca acude a las urnas con su rostro verdadero. Él, el Sistema, prefiere comprar a los partidos para que hagan el trabajo sucio.

Por mucho que se empeñe el epitafio de Adolfo Suárez la realidad es que no hay concordia que valga cuando España es el país con mayor desigualdad en Europa y ocupe el segundo lugar en desnutrición infantil, por mucho que Montoro se cabree al escuchar las verdades del barquero de boca de Cáritas.

Agradezco a Suarez que pusiera una urna en mi camino. Nada más. Porque las urnas, ya se sabe, las carga el diablo. Agradezco que fuera honrado. La honradez no hay por qué magnificarla, ni siquiera cuando estamos rodeados de chorizos.

 

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