21 de agosto de 2019 21/8/19
Por Francisco Planelles
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Todo en su justa medida

Cualquiera persona está en su derecho al denunciar lo que considera irregular y quejarse de aquello que le duela o lastime.

En cambio, para criticar es menester poseer aparte de un profundo conocimiento de los hechos, una altísima dosis de sentido común que le permita al denunciante o a crítico diagnosticar con acierto y recetar en consecuencia.

Afirmar que el hábito hace al monje o que un partido, pueda llegar a entero, es de una ingenuidad, mala fe o ignorancia, que se las trae.

Tengo una gran fe en los “españoles”, sobre todo con los vascos. Los valencianos y el PP levantino me han decepcionado. Los demás pueblos ibéricos amalgaman en su seno defectos y virtudes.

La Guerra la mamé, pero no la recuerdo. La posguerra, en cambio, la tengo presente y muy presente. Fue un ejercicio ininterrumpido de privaciones y vejaciones que sin duda nos forjaron el carácter a tantos niños españoles.

En lo personal debo confesar que no siento el menor rencor hacia el “Caudillo”, sus “esbirros,” y mucho menos a los “girasoles” de turno que lo reverenciaban.

Todo lo contrario. Les estoy sumamente agradecido por el entrenamiento.

¡Arriba españoles!

Detrás de cada noche hay un amanecer.

En Democracia el Pueblo Soberano tiene la potestad y la fuerza necesaria como para enmendar cualquier error.

Confío en la Oposición y en el Gobierno de España. Espero que, tras repartirse el botín, se comporten con la generosidad y altura que las circunstancias reclaman.

Evidentemente el desempleo en España es un cáncer que amenaza con tansformarse en metástasis.

Los dirigentes sindicales, “mol cómodos a damunt de la burreta”, no están dispuestos a cambiar las prebendas actuales por un manejo inteligente de su fuerza que les permita en lugar de ser contra, ser parte.

La inteligencia, el esfuerzo, la unidad, son las bases del éxito.

Vivimos en un mundo complejo en el que la demagogia reinante propicia en la huelga, el suicidio de los obreros y castiga al productor a perecer ahogado por la asfixia generada por su frustrada responsabilidad.

En fin, aquél que se queja de la vida es porque jamás vivió, y el que lo hace en la vejez, porque jamás fue joven.

El odio es un entripado de problemas mal digeridos, y la honradez . . .

 

 7 comentarios
paco planelles
paco planelles
27/05/2012 03:05
Así sea

Apreciado Joan, hago mio tu Amen aunque sea entre " Te invito a mi proxima columna. Que es la tuya donde despues de meditar vuestros, aportes compartire con vosotros mi opinión

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Todo en su justa medida
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